La muerte de Gabriel dispara la psicosis por los supuestos secuestros

La muerte de Gabriel dispara la psicosis por los supuestos secuestros

Las Fuerzas de Seguridad no dan abasto para desmontar rumores

JAVIER GUILLENEA

Por algún motivo no muy claro los secuestradores conducen furgonetas blancas. Y por otras razones, bastante más evidentes, cada vez que una desaparición se vuelve mediática la realidad, el rumor y las buenas y malas intenciones se mezclan en una amalgama indescifrable que no hace sino ocultar la verdad.

Ocurre siempre y es lo que ha sucedido entre el 27 de febrero, cuando desapareció en Níjar (Almería) el niño Gabriel Cruz, y el pasado día 11, cuando la Guardia Civil detuvo a Ana Julia Quezada, su asesina confesa. Fueron fechas vertiginosas en las que comenzó a funcionar un ventilador de bulos que tuvieron que ser desmentidos una y otra vez no solo por los investigadores sino por los familiares del niño. Muchos de esos bulos no eran nuevos, ya venían de otros tiempos, aunque no por ello dejaron de ser efectivos.

Como tantas otras veces, han sido días de psicosis social, pero en esta ocasión ha habido una diferencia. Eso es al menos lo que afirma Fernando Fernández Alcaide, que ha vivido en primera línea «unos días angustiosos en los que no encajaba nada». Él es el portavoz en Andalucía de la Asociación Nacional de Voluntarios Digitales de Emergencias (VOST), que se esfuerza en detectar y neutralizar los rumores que se extienden por Internet cada vez que hay una situación de alerta.

«Siempre que se produce algo así aumentan los bulos de desapariciones, pero en este caso esta paranoia generalizada ha coincidido con denuncias reales sobre intentos de secuestro que en estos momentos está investigando la Policía», explica Fernández Alcaide. «El caso de Gabriel ha coincidido en el tiempo con lo que no se sabe si es cierto o no», añade. No es precisamente el mejor de los escenarios para facilitar la labor policial.

En todas partes

Una semana antes de la desaparición de Gabriel, dos padres habían denunciado en el puesto de la Guardia Civil de Toro (Zamora) un supuesto secuestro de sus hijas. Según su relato, un hombre había invitado a las dos niñas, que huyeron corriendo, a subir a su vehículo para comer pipas. El vehículo era una furgoneta blanca como la que en días posteriores se dejó ver en otros lugares de España, y como la que se ha visto desde hace años en todo el mundo, siempre asociada a la imagen de un secuestro.

Apareció a principios de marzo en Las Hortichuelas, lugar donde desapareció Gabriel, y donde varios vecinos aseguraron que una furgoneta blanca había circulado por la zona en el momento en el que el niño fue secuestrado. También fue vista en Toledo y Tarragona, donde una madre denunció que dos hombres en uno de estos vehículos habían tratado de raptar a su hija después de ofrecerle caramelos.

Nunca se sabe qué puede ser cierto o no. El 12 de abril de 1993 dos hombres a bordo de una furgoneta blanca secuestraron a la joven Anabel Segura en el barrio madrileño de La Moraleja. Su cadáver apareció en septiembre de 1995. En febrero de 2016 se denunciaron en Murcia tres intentos de secuestro de menores. La alarma social, amplificada por Internet, se propagó por toda la ciudad hasta que la Policía Nacional descubrió que los sospechosos que trataban de meter a niños en una furgoneta blanca, no eran sino empleados de una editorial que estaban promocionando una colección de cromos de fútbol.

«Investigamos todo»

«Nosotros no damos por hecho que una alarma sea falsa e investigamos todas las denuncias. Cada vez que hay una mantenemos vigilada la zona por si acaso», explica un portavoz de la Guardia Civil. Las Fuerzas de Seguridad están investigando en estos momentos siete denuncias por intento de secuestro de menores: cinco en la Comunidad de Madrid y dos en Toledo. Todos los intentos, menos uno, se registraron después de la desaparición de Gabriel.

Tras el hallazgo del cadáver del niño se han disparado las llamadas a las fuerzas de seguridad para alertar sobre posibles tentativas de secuestro. Hay psicosis. En Níjar los padres tienen miedo a dejar solos a sus hijos en la. Entre avistamientos de furgonetas, investigaciones policiales y bulos de falsas desapariciones se ha instalado estos días en parte de la sociedad la idea de que estamos sufriendo una oleada de secuestros de menores. Como siempre, realidad e imaginación van cogidas de la mano.

Las Fuerzas de Seguridad no dan abasto para desmontar rumores. En lo que va de año han tenido que desmentir una oleada de raptos en Laredo, lo de la niña desaparecida en Estepona, los falsos secuestros en Oviedo y el intento de rapto de una menor en San Fernando de Henares (Madrid).

Es difícil poner puertas al miedo. Mientras buscaban a su hijo Gabriel, su madre, Patricia Ramírez, pidió públicamente que no se difundieran bulos y negó que hubiera una furgoneta sospechosa, pero la psicosis ya se había subido al tren de las redes sociales y era imposible de detener.

«Creemos más en las noticias falsas que en las verdaderas», afirma María Luis Moreo, portavoz de VOST en España. Los voluntarios de esta web se esfuerzan en separar lo cierto de lo ficticio, aunque son conscientes de que es un empeño complicado porque una cosa es la razón y otra la emoción. Ellos han desmentido bulos como los de las niñas desaparecidas en Mondragón y Bilbao, el intento de secuestro de menores en Alcobendas y La Moraleja para traficar con sus órganos, y el de Jennifer García Quintana, la inexistente hija de un profesor de inglés de la que dicen que se esfumó sin dejar rastro en 2011.

Durante estos días trágicos que han transcurrido entre la búsqueda de Gabriel y el hallazgo de su cadáver se ha dicho que el niño había sido encontrado con vida y que su padre había sido detenido, se ha hablado de sospechosos, de oleadas de secuestros y, cómo no, de furgonetas blancas. Todo ello mezclado con una única certeza, la del dolor de Patricia y Ángel, los padres del chiquillo. Los que más hubieran deseado poner a su drama el título de bulo.

 

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