Con Diana Janet no empezó todo

Diana Janet. /
Diana Janet.

Su nombre es el primero de la lista de mujeres asesinadas por sus parejas desde que en 2003 empezaron a contabilizarse

Mateo Balín
MATEO BALÍNMadrid

A Ana Orantes su marido José Parejo la quemó viva tras rociarla con gasolina en su casa de Cúllar Vega (Granada). Fue a mediados de diciembre de 1997; dos semanas antes el asesino comenzó a preparar su venganza después de que ésta denunciara en Canal Sur el maltrato al que la había sometido durante 40 años. Aquel crimen provocó un terremoto político y social en el tratamiento de la violencia de género en España. No solo mediatizó esta lacra y la extrajo del ámbito doméstico, sino que alentó los profundos cambios legislativos que vendrían luego.

En 2004 se aprobó una ley específica de violencia de género, avalada por el Tribunal Constitucional y pionera en Europa, que ha evolucionado en las dos últimas décadas en los ámbitos legal, penal y civil. Pero el goteo de asesinatos y homicidios posteriores sugiere que los cambios culturales en la sociedad española van mucho más lentos que los normativos.

Pese a su trascedencia, Ana Orantes, de 60 años y madre de siete hijos, no aparece en el registro de mujeres asesinadas por sus parejas, que empezó a enumerar el Instituto Nacional de Estadística el 1 de enero de 2003. El primer nombre en engrosar esta luctuosa lista, que ya ha alcanzado el millar, fue el de Diana Janet Vargas.

El homicidio de esta madre colombiana de 28 años en Fuengirola (Málaga), la Noche de Reyes de 2003, no tuvo el eco del asesinato de Orantes. El periódico 'Sur' dedicó una página, que tituló: «Muere una mujer al ser arrojada por su pareja desde un segundo piso».

Tres lustros después, la reconstrucción del crimen ha permitido conocer que aún quedan cabos sueltos. La lectura de las dos sentencias del caso, el informe penitenciario del principal condenado -el ciudadano sueco Harald Mikael Hellström, de 36 años entonces-, los recuerdos de su abogado o las notificaciones administrativas pendientes dibujan una causa con todos los componentes criminales.

Imagen de Mikael.
Imagen de Mikael.

Diana Janet trabajaba en el club Scandalo de Guadalorce, donde conoció a Mikael en 2001. En agosto consolidaron su relación y empezaron a vivir juntos con Laura, la hija de ésta de cuatro años. Se asentaron en Fuengirola, donde Mikael tenía una tienda de muebles. La sentencia de la Audiencia de Málaga relata que las peleas eran recurrentes. Él lo justificó en la inestabilidad que le generaba a ella trabajar de noche y en sus crisis depresivas. Pero el consumo de alcohol tampoco ayudaba.

La madrugada del homicidio, sobre la 1:45 horas, la pelea estalló en presencia de un amigo común, el francés Charles Paul Marcell, que estaba de paso en su casa del barrio de San Rafael. Mikael le propinó varios golpes en la cabeza con un palo de fregona, volcó la impresora y lanzó los papeles que se encontraban en la mesa del salón. También arrojó por la terraza el árbol de Navidad. Ella salió a la calle a recogerlo y cuando regresó continuaron discutiendo en la terraza. Diana le gritaba «no me pegues, no me pegues, no me tires», según oyó un vecino, pero Mikael la alzó por encima de la barandilla y la lanzó al vacío desde el segundo piso. Murió en el acto tras golpearse antes con un aire acondicionado.

Mikael fue detenido dos días después cuando iba a dejar las llaves del piso al propietario. Tenía intención de volver a Suecia. Ingresó en prisión preventiva y tres años después, en enero de 2006, fue juzgado y condenado por un delito de homicidio a 14 años de prisión y a pagar una indemnización de 180.000 euros a la pequeña Laura. Su amigo fue castigado con 18 meses de cárcel por omisión del deber de impedir delitos.

Y él dijo ser la víctima

Solo cinco meses después, el Tribunal Supremo confirmó la sentencia tras avalar la «contundente» declaración de un vecino que presenció los hechos y el resto de «abrumadoras» pruebas. La Sala rechazó su versión exculpatoria por «absurda e inverosímil». Éste manifestó que Diana estaba sentada en la barandilla y que al acercase le propinó una patada que le hizo perder el equilibrio y caer hacia atrás. Antes, dijo primera vez en el juicio, le amenazó con un cuchillo de cocina.

En una carta escrita desde la cárcel a una platafoma de hombres maltratados, Mikael se presentó como una víctima de las amenazas de su pareja, que le amagaba con autolesionarse si la dejaba. Antes del crimen hubo una orden de alejamiento por una pelea, que no se cumplió por el consentimiento de ambos a seguir juntos. Y una sentencia posterior concluyó que ella estaba sometida a un estado de violencia habitual que le provocaba desequilibros emocionales (tuvo además una infancia dura con el asesinato de su madre). A esta situación se sumaba dependencia afectiva y económica.

«Mikael era un hombre muy frío. Recuerdo que se sometió al juicio como si no fuera con él», cuenta su abogado Pedro Apalategui, que recibió el encargo de defenderle tras una llamada de la embajada sueca. El caso tuvo repercusión en los medios de su país, relata el letrado, que no recibió ninguna notificación más.

En Instituciones Penitenciarias señalan que estuvo preso desde el 8 de enero de 2003 hasta el 12 de junio de 2008, cuando fue excarcelado para cumplir el resto de la pena en su país, según el artículo 197 del reglameto carcelario sobre la libertad condicional de extranjeros.

Se sabe que luego reanudó su vida en Suecia, donde se volvió a casar, y que su nombre sigue apareciendo en el Boletín Oficial de la Provincia de Málaga. En una lista de deudores tributarios y embargo de bienes. La hija de Diana Janet, hoy mayor de edad, vive en Madrid. Con la historia del homicidio de su madre no empezó todo, solo el conteo de mujeres asesinadas. Ella fue la primera de una lista que ya ha llegado al millar.

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