El cardenal Osoro invita en Valladolid a ser revolucionario, «no de pandereta», en el apoyo a los más débiles

El cardenal Osoro, a la izquierda, junto al cardenal Ricardo Blázquez (derecha), arzobispo de Valladolid y presidente de la Conferencia Episcopal. /GABRIEL VILLAMIL
El cardenal Osoro, a la izquierda, junto al cardenal Ricardo Blázquez (derecha), arzobispo de Valladolid y presidente de la Conferencia Episcopal. / GABRIEL VILLAMIL

El cardenal de Madrid, anima en el Sermón de las Siete Palabras, en Valladolid, a dejar de lado «la economía sin moral que solo ve resultados, intereses y ganancias»

Víctor Vela
VÍCTOR VELAVALLADOLID

El cardenal de Madrid, Carlos Osoro, ha animado este Viernes Santo, a los cientos de fieles congregados en la Plaza Mayor de Valladolid para escuchar el Sermón de las Siete Palabras, a «rebelarse contra la cultura de lo provisional» y a mantener una actitud «revolucionaria, pero no de pandereta» para «comprometerse ante la muerte por todos, y muy especialmente por los más débiles e indefensos». Un mensaje de honhdo calado social atravesó el sermón de Osoro, la persona encargada este año de glosar, como es tradición desde hace 75 años en el Viernes Santo vallisoletano, las siete palabras que la Biblia atribuye a Jesucristo en la cruz.

A partir de ellas, el cardenal de Madrid, ha transmitido un mensaje atravesado por «tres ejes que deben estar en la vida de todos los humanos: perdón, reconciliación y misericordia». Y apeló a estas ideas de forma transversal, común a todas las personas, «con independencia de sus creencias». «Si eliminamos el perdón, convertiríamos el mundo en lugar con justicia fría y aséptica, cuando lo que se necesita son personas que engendren la reconciliación«. Y para ello, dijo, hay que «apelar a la solidaridad que nos ayuda a ver al otro, ya sea persona, pueblo o nación, no como un instrumento cualquiera para explotar, abandonándolo cuando ya no sirve, sino como un semejante».

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Por eso, animó a ofrecer «signos concretos de la cercanía». «La violencia no opone otra violencia más fuerte, sino que demanda como respuesta el amor». E invitó a comprometerse para hallar soluciones ante las injusticias. «Hay que vivir como hizo Jesús: viendo, mirando, escuchando, estando con las personas, parándose con ellas. No vale decir ¡qué pena! Hay que acercarse, toca las heridas y dar vida«, aseguró el cardenal de Madrid durante su alocución en la Plaza Mayor.

«No consintamos la desertización espiritual», dijo Osoro antes de apelar a una revolución «no de pandereta, sino entregada la misericordia». «Hay que ser valientes para hacer cosas grandes y no caer en la mediocridad. Salgamos a los caminos, transitemos por donde van los hombres. Ante todos los que encontremos heridos, tenemos que acercarnos, agacharnos, mirarlos, recogerlos, curarlos. Nunca nos tenemos que desentender de ellos», dijo. Y más, en un mundo «que tiene profundas heridas y que no sabe cómo curarlas». Esas heridas, enumeró, se traducen en «enfermedades sociales, la pobreza, la exclusión, el descarte, las nuevas esclavitudes, el relativismo que hiere a la persona, también la indiferencia».

Ante esto, Osoro propuso la defensa de los derechos humanos y «pasar de una economía que no tiene moral, porque margina a la persona y solamente ve resultados, intereses y ganancias». Reclamó también que se pase de «buscar un bienestar sin trabajo a costa de lo que sea», para favorecer «un trabajo digno» y un mundo de «hombres y mujeres sin cadenas, libres, sin yugos, que compartan el pan con los demás, que alberguen a quien está sin casa, que curan, que nunca abandonan a sus semejantes«.

Osoro comenzó sus palabras a las 12:11 horas. Justo a mediodía, cuando el reloj de la Casa Consistorial marcaba las doce, Álvaro Gimeno, el pregonero de las Siete Palabras, leía por última vez en la Plaza Mayor el pregón que anunciaba el inicio del Sermón, al que acudieron representantes de las cofradías de la ciudad, el alcalde Óscar Puente, el presidente de la Diputación, Jesús Julio Carnero, la ministra de Cultura y Turismo, Reyes Maroto, y el cardenal de Valladolid, Ricardo Blázquez. Detrás, cientos de vallisoletanos que escucharon a Osoro durante casi cincuenta minutos. Como si estuviera el tiempo medido, el cardenal de Madrid terminó su alocución justo cuando el reloj marcaba la una.

«Hacer un mundo distinto no es un sueño irrealizable. Es posible», insistió Osoro. Pero para ello, dijo, «hay que abrirse a todas las realidades de la vida. Es imposible experimentar y entregar la belleza si convertimos nuestra vida en una plaza en la que nos juntamos por grupos y decimos cada uno 'yo soy bueno y esos otros son malos'. Es imposible cuando me encierro en el edificio de mi ideología por muy bonito que me resulte. ¿Por qué nos vamos tirar piedras cuando nos podemos dar la mano para hacer el bien?».

Por eso, Osoro instó a «darse cuenta del mundo en el que vivimos». «Nos hemos consagrado a trazar fronteras, a regularizar vidas de personas imponiendo siempre requisitos previos que sobrecargan el vivir cotidiano y lo hacen fatigoso. Estamos más dispuestos a condenar que a inclinarnos ante las miserias de la humanidad. Dios no perdona con decretos, sino con caricias, va más allá de la ley, acaricia las heridas de nuestros pecados para sanarlos«, aseguró el responsable del sermón de las Siete Palabras en la mañana del Viernes Santo vallisoletano.