Palencia arropa al nazareno 'viejo'

Jesús Nazareno, en la catedral./
Jesús Nazareno, en la catedral.

Numeroso público y cofrades desfilan en la procesión nocturna de Silencio y Penitencia

FERNANDO CABALLEROpalencia

El buen tiempo o la celebración del tricentenario de Nuestro Padre Jesús Nazareno pudieron ser las razones que justificaron el seguimiento masivo de la procesión de Silencio y Penitencia que los nazarenos organizan en la madrugada del Viernes Santo. Este desfile, que nació en 1996, pronto se convirtió en uno de los actos penitenciales más emblemáticos de la Semana Santa palentina, tanto por el público como por los cofrades, siendo muy valorada, hasta el punto de que es frecuente oír la expresión es la mejor procesión, la más bonita. Sin embargo, el seguimiento de este año ha roto las expectativas. La plaza de San Pablo era un hervidero humano desde muchos minutos antes de empezar, con un sano ambiente que auguraba una buena procesión, como así ocurrió.

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Entre la salida de la procesión, en la capilla de los nazarenos, y la escenificación de la primera caída, en la puerta del Palacio Episcopal, la concentración de público fue espectacular, que se desplazó posteriormente a la segunda caída, en la plaza de San Antolín, entre la puerta de los Descalzos de la catedral y el noviciado, y a la tercera, en el interior de la catedral, frente a la capilla del Monumento, donde el acto se siguió a través de una pantalla de circuito cerrado. Ya en la despedida, al filo de las tres de la madrugada, hubo algo de menos público, pero mucho más que otros año.

Lo dicho, el buen tiempo o la celebración del tercer centenario del paso que desfiló, probablemente los dos factores, hicieron que este año la procesión de Silencio y Penitencia haya sido la más seguida de su historia.

Ciertamente, el aniversario influyó, ya que se pudo ver una estampa histórico, que ya no ser verá en muchos años habrá que esperar quizás a otra gran efemérides, que es la recuperación del conjunto procesional tal como se vio al menos hasta 1955, cuando la cofradía compró a Víctor de los Ríos Nuestro Padre Jesús Nazareno con el Cirineo, que se convirtió en su paso titular, desplazando en esta función a la obra de Tomás de Sierra escultor leonés instalado en Medina de Rioseco que realizó la talla en 1717.

Cuando en 1996 se creo esta procesión, los nazarenos tenían claro que devolvían un protagonismo perdido a esta talla. Y con ello engrandecían la Semana Santa palentina.

Por lo demás, salvo con esos cambios en paso y el incremento notable de público y cofrades, la procesión se desarrolló con el mismo itinerario y ritual y con el profundo respeto que demuestran los palentinos, con las luces apagadas del recorrido, penumbra que se rompía con las velas repartidas y el paso del nazareno iluminado.

La procesión se abrió con una oración en la que se invitaba a acompañar en silencio al nazareno, el rezo del Padre Nuestro y la promesa de los cofrades de permanecer en silencio durante todo el acto penitencial.

La presencia de penitentes fue más amplia que en otras procesiones diurnas, especialmente en el cuadro de la cofradía organizadora, pero no fue menos en el resto. La entrada en la catedral volvió a ser muy emotiva. Al silencio de los cofrades se unió el del propio edificio. Pese a que las andas del paso eran más pequeñas que las habituales, los nazarenos tuvieron que demostrar también su pericia en la salida del templo por la puerta del Salvador, conocida popularmente como la de los novios.

 

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