Palencia vive una procesión del Indulto sin indultado

Escenificación del indulto delante del Cristo de la Misericordia./
Escenificación del indulto delante del Cristo de la Misericordia.

La procesión que organiza la cofradía del Cristo de la Misericordia celebra un acto en la Plaza Mayor para invocar el perdón

FERNANDO CABALLEROpalencia

Por tercer año consecutivo, la procesión del Indulto se celebró este Jueves Santo en Palencia sin la presencia un preso de la cárcel de Dueñas que haya recibido el perdón del Consejo de Ministros. ¿Tiene sentido celebrar este acto con esta circunstancia? Se preguntó el delegado diocesano para las cofradías y administrador de la parroquia de la Virgen de la Calle, Raúl Muelas. La respuesta es afirmativa. El indulto es una media de gracia que se concede a un preso al que se le conmuta la pena por la libertad si pide perdón por lo que hizo.

Muelas reconoció, en el acto que se celebró en la Plaza Mayor, que la ausencia de un preso falta la visibilización del perdón, pero no se pierde el significado de la Semana Santa, y menos si el protagonista de la procesión es el Santísimo Cristo de la Misericordia, que representa el momento de la pasión en el que Jesús pide al padre perdón para los que le condenaron a muerte.

Muelas imploró a la vida como el verdadero sentido de la Semana Santa como «recuerdo a Dios a su eterna misericordia». El sacerdote leyó finalmente el salmo 50 del Miserere, en el que se invoca la misericordia de Dios.

Tras estas palabras, se produjo una sencilla escenificación del indulto. Un hermano del Cristo de la Misericordia que portaba un cojín sobre el que había unos viejos grilletes se colocó delante de la carroza titular de la procesión, mientras la Banda Municipal de Música interpretaba la Marcha del Cristo de la Misericordia, de Modesto Rebollo. A partir de ahí, este penitente, que hasta ese momento había desfilado tras la carroza, procesionó delante. En este momento, la procesión retomó su ritmo para enfilar la segunda parte, que llegó a la Compañía con algunos minutos de adelanto.

El acto del indulto se desarrolló con la presencia en la Plaza Mayor, a la entrada de la plaza de San Francisco, de Nuestra Madre Dolorosa, que aportó la Cofradía de Jesús Crucificado, en un guiño a la imaginería mariana en una procesión protagonizada por los pasos de crucificados. Resultó, sin embargo, deslucida esta presencia. La talla de la dolorosa, esculpida en el siglo XIX y de autor desconocido, permaneció sola, desangelada. Este cronista llegó a la Plaza Mayor antes de que llegara la procesión y de que el público abarrotara las zonas reservadas. La estampa era, cuanto menos, curiosa. La Virgen se encontraba completamente sola, sobre unas andas apoyadas en vallas cubiertas con telas azules con el escudo de la cofradía. Parecía como que estaba abandona. No es así, ni mucho menos, pero se echó de menos a hermanos de Jesús Crucificado escoltando a la Virgen hasta que llegaran el resto de las cofradías.

El desfile lo abrieron los hermanos del Cristo de la Misericordia con la cruz guía y los ciriales. Cinco caballos de la Unidad Central de Caballería de la Comisaría General de Seguridad Ciudadana de Madrid y la banda de cornetas y tambores del Cristo de la Misericordia continuaron el cortejo, seguido de las cofradías palentinas con mas presencia de cofrades las que arropaban a sus pasos. La hermandad de Jesús de la Sentencia abrió la nómina, seguida de Virgen de la Piedad y Jesús Crucificado que aportaba su titular, Jesús nazareno, Santa vera Cruz con el Cristo del Otero de San Pablo, Santo Sepulcro, Virgen de la Soledad y Cristo de la Misericordia con su titular también, para cerrar el cortejo la Banda Municipal de Música y los representantes institucionales y de las cofradías.

La procesión no fue muy larga por el escaso número de cofrades cuatro cofradías aportaba solo 16, pero no restó belleza al cortejo ni a los momentos cumbres, como la salida y la despedida o el encuentro en San Pablo.

Este desfile es reciente. Lo creó en 20011 la cofradía del Cristo de la Misericordia para escenificar el indulto del preso, que en los primeros años tenía lugar en la puerta de San Agustín, pero ya el año pasado se sustituyó por la Plaza Mayor para ganar solemnidad en la escenografía, aunque la ausencia del preso del Centro Penitenciario de La Moraleja de Dueña, ubicado en Dueñas, pese a mantener el sentido del indulto como reflejó Raúl Muelas resta verismo al acto, ya que no hay una persona en la que centrar las miradas, un referente de carne y hueso que después de delinquir y de cumplir su condena muestra, con su presencia en la procesión, siempre con el rostro y el cuerpo tapado, primero el arrepentimiento y después el agradecimiento.

La hermandad recuperó una procesión que comenzó a celebrarse en el año 1946 denominada del Perdón, que partía de la iglesia de Nuestra Señora de la Calle y se dirigía al hasta la ya desaparecida Prisión Provincial en la actualidad, centro cultural Lecrác y hasta el la Hospital Provincial, donde finalizaba. Este desfile fue suspendido en 1947 y 1948 y volvió a celebrarse en 1949, y la de 1950 fue la última que se celebró. La de 1949 se contó con dos reclusas a las que se les concedió un indulto otorgado por el Fiscal Superior de Tasas.

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