El Vía Crucis recorre la antigua villa Medieval entre rezos y silencios de los feligreses

El Cristo de la Fe llega a la iglesia de El Salvador. F.G. MURIEL/
El Cristo de la Fe llega a la iglesia de El Salvador. F.G. MURIEL

Las 14 cruces de madera que perfilan su sombra sobre edificios del Arévalo más antiguo.

FERNANDO G. MURIEL

Esta mañana ha tenido tiene lugar la procesión más fervorosa de Arévalo. Centenares de personas madrugaron este Viernes Santo para participar en el tradicional vía crucis que recorre las catorce estaciones en las que se narra la pasión de Jesús y que, en Arévalo está, enmarcado por un carácter medieval. La procesión, en la que los cofrades de la Santa Vera Cruz portan el paso del Cristo de la Fe, recorre el perímetro de la antigua ciudad amurallada.

Los asistente iniciaron el desfile hacia las ocho de la mañana en la iglesia de San Juan de los Reyes y finalizó frente a la iglesia del Salvador dos horas más tarde. La procesión recorrió lugares tan emblemáticos como la iglesia de San Miguel, el majestuoso Puente de Medina, el castillo mudéjar, el típico barrio de San Pedro, la histórica iglesia de Santa María, las casonas de la plaza de la Villa, o las torres gemelas de la iglesia de San Martín.

El fervor, las promesas y la tradición son las tres razones que impulsaron a los penitentes a madrugar en un día festivo para acompañar la procesión más larga de la Semana Santa, que detiene su paso en cada una de las catorce estaciones, marcadas por cruces de madera que perfilan su sombra sobre edificios del Arévalo más antiguo.

El gran silencio y fervor con el que se vive el Vía Crucis sólo se ha visto roto con los cánticos del 'Camino doloroso' que a lo largo del desfile se rompe en cada estación. El vía crucis, junto al Santo Entierro, son las únicas procesiones que han perdurado en Arévalo a lo largo de los siglos. Aunque con la recuperación de la Semana Santa a cargo de la refundada cofradía de la Santa Vera Cruz, ha mejorado su aspecto con la incorporación de la talla del Cristo de la Fe y la participación de los capuchones.

El Cristo de la Fe es una talla barroca que comenzó a formar parte de los desfiles de Arévalo en 1988. Aunque desde el siglo XVIII había estado en la parroquia de San Juan Bautista, cuando comenzó la recuperación de la Semana Santa se encontraba en la sacristía de la del Salvador junto al resto de los pasos que reproducen la imagen de la Pasión en Arévalo.

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