Los vecinos de San Cristóbal de Cuéllar cortan la travesía para reclamar más seguridad

Varios vecinos muestran mensajes reivindicativos durante la protesta/Cruz Catalina
Varios vecinos muestran mensajes reivindicativos durante la protesta / Cruz Catalina

Piden la instalación de más bandas reductoras de velocidad, semáforos regulados o señales luminosas

CRUZ CATALINASan Cristóbal de Cuéllar

El mismo día que comenzaron sus fiestas patronales, vecinos y visitantes de la localidad pinariega de San Cristóbal de Cuéllar se movilizaron ayer por la tarde para exigir a la administración más seguridad en la travesía de la carretera autonómica CL-602 (Toro-Cuéllar) que divide el casco urbano en dos de oeste a este a lo largo de 850 metros.

La protesta vecinal, que contó con más de trescientas personas, se desarrolló en un tramo de la citada travesía, concretamente el mas próximo a la Plaza Mayor, entre dos de los cuatro pasos de peatones existentes. El acto de reivindicación ralentizó e incluso llegó a paralizar por momentos el tráfico rodado, haciendo que la cola de vehículos pesados y turismos alcanzara los 100 metros de longitud. Con reiterados paseos de una acera hacia la otra, los manifestantes mostraron su malestar por la que consideran «deficiente seguridad» existente para los viandantes.

Demandaron soluciones como la instalación de más bandas reductoras de velocidad, semáforos regulados o señales luminosas que adviertan a los conductores de que superan la velocidad marcada, en este caso 50 kilómetros por hora. La protesta provocó cierto malestar en los numerosos conductores que a esa hora circulaban por la carretera tanto en sentido Cuéllar como en sentido Íscar y Olmedo, obligando a una patrulla de la Guardia Civil regular el paso de vehículos y peatones.

Los manifestantes exhibieron pancartas en las que se podían leer mensajes como 'qué tiene que pasar' , 'los pueblos también tenemos derechos' , 'control velocidad, semáforos ya' o 'San Cristóbal de Cuéllar. Circuitos de carreras CL-602', ésta ultima acompañada de un prototipo de Fórmula 1 construido con cartón por un grupo de jóvenes.

Los vecinos no quisieron dejar de mostrar su malestar por la situación, agravada tras el accidente ocurrido hace poco más de un mes por un joven del pueblo cuyo domicilio está en la misma travesía, y que fue arrollado cuando intentada salir con su turismo de la cochera por un camión que circulaba a algo más de velocidad la permitida. Vecinos de todas las edades, desde los más mayores haciendo acto de presencia en las puestas de sus casas, a los más pequeños pintado en el suelo de la Plaza Mayor, participaron en una protesta que reclamó soluciones inmediatas.

Quejas vecinales

«Muchas personas mayores tienen miedo y no se atreven a cruzar la carretera solas, porque el riesgo de atropello es cada vez más alto visto el cada vez mayor tráfico que soporta la carretera. Muchas veces los vehículos circulan a una velocidad por encima de 50 kilómetros por hora», afirmó uno de los manifestantes. Otra participante en la protesta recordó que la localidad está dividida en dos por la travesía, por lo que «cruzar la travesía es algo inevitable, pues los que vivimos en la parte de arriba tenemos que cruzarla para ir a cosas tan básicas como la consulta del médico, y los que viven en la parte de abajo lo tienen que hacer para ir al único establecimiento comercial y hostelero del pueblo».

Además, también criticaron el estado de las aceras de la travesía. «No es menos riesgo, y si acaso incluso mayor, dada su estrechez ya que apenas tienen unos setenta centímetros, lo que hace que muchas veces cuando pasa un vehículo pesado haga que uno se tambalee por el efecto de arrastre», afirma un vecino de San Cristóbal de Cuéllar.

Aunque los datos estadísticos de accidentes por atropello en este tramo urbano de la carretera autonómica CL-602, antes C-112, correspondientes a los últimos 50 años apenas arrojan una decena de casos, (tres de ellos acabaron en fallecimiento), la situación «no es comparable a la de hace varios años», apuntan los vecinos. No obstante, tras unos años en los que el tráfico se redujo debido a la crisis, desde 2015 se observa un nuevo aumento, por lo que los vecinos vuelven a pedir la instalación de medidas de seguridad que eviten atropellos. «No podemos vivir con el corazón en un puño», señalan.

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