Vivir en el campo también estresa, sobre todo si eres mujer

Varias mujeres trabajan en una industria agroalimentaria. Ical/
Varias mujeres trabajan en una industria agroalimentaria. Ical

La salud de la mujer rural, lastrada por el estrés y la obesidad, según un estudio de Femur

CLAUDIA CARRASCALSegovia

Las mujeres que viven en el medio rural son uno de los colectivos más olvidados de la sociedad y un reciente estudio impulsado por la Federación de la Mujer Rural (Femur) ha revelado que también es uno de los que más patologías como el estrés o la obesidad sufre. Este proyecto pionero, financiado por el Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social y coordinado por el neurocientífico y profesor universitario Carlos Valiente, se ha realizado con la colaboración de 300 mujeres de Castilla y León, Andalucía y Extremadura, aunque el objetivo es que en los próximos meses pueda ampliarse al resto del territorio nacional. Test autoinformados en los que a través de una serie de preguntas los profesionales sitúan en una escala una serie de aspectos conductuales y emocionales del paciente, entre ellos, la sensación de agobio, de estrés y de superación que produce la vida en determinadas ocasiones, componen la primera fase del estudio. Tras responder a decenas de preguntas de este tipo, la segunda etapa la constituyen una serie de pruebas físicas en las que se analizan, entre otras variables, el colesterol, la presión arterial, el azúcar en sangre, el índice de masa corporal, la musculatura o la grasa visceral.

El fisioterapeuta se encarga de realizar una electromiografía para comprobar la respuesta de los músculos al paso de la corriente y así determinar el nivel de estrés real. Otras consecuencias físicas del estrés que se tienen en cuenta en este estudio son el bruxismo, las jaquecas, las contracturas o los problemas de oído. Por otra parte, la farmacóloga analiza otras variables si paciente padece diabetes tipo II, otra enfermedad que repercute en la cognición y que genera problemas como la demencia senil o ansiedad. Mientras que el trabajo con biosensores permite detectar cuestiones somáticas.«Se trata de un análisis muy completo y que analiza el estado psíquico y de salud de la persona de forma global. Si los voluntarios se lo hubiesen hecho en centros privados les resultaría muy costoso, mientras que el sistema sanitario público no puede permitirse algo tan exhaustivo y caro en todos los pacientes», explica Valiente.

«La mayoría solo tienen un entretenimiento, la televisión», afirma Valiente

Ocho profesionales se han encargado de realizar las pruebas y elaborar las estadísticas de los más de 300 participantes, aunque este estudio no ha concluido. Además, de ampliarse en los próximos meses el ámbito geográfico y técnico de las pruebas, está previsto que al menos 1.500 mujeres participen en una versión 'on line' del proyecto. A través de Google Drive, las interesadas podrán responder a una serie de preguntas personales que posteriormente analizarán los alumnos del grado en psicología.

Una de las hipótesis que ha confirmado este estudio es la estrecha relación existente entre el bienestar psicológico de las participantes y los problemas físicos que desarrollan. Por eso, Valiente insiste en la necesidad de seguir potenciando el conocimiento de técnicas como el 'mindfulness' o plena conciencia no solo en las ciudades, sino también en el medio rural. «Existe una gran consonancia entre los datos obtenidos a través de pruebas médicas y los resultados psicológicos y conductuales», asevera. Por eso, considera indispensable tener en cuenta esta relación a la hora de tratar determinadas alteraciones o enfermedades que pueden estar inducidas o agravadas por psicopatologías. «El funcionamiento cognitivo deficiente y los problemas de memoria están íntimamente vinculados a niveles de 'mindfulness' bajos de la persona», recalca. En este sentido, advierte que, aunque es una condición que se trabaja y se mejora con el tiempo, todo el mundo tiene unos niveles de 'mindfulness' basales o conocimientos intrínsecos que influyen en la estabilidad emocional de la persona.

El libro 'Mujer, cerebro y salud', en noviembre

Los expertos que participan en el proyecto también ha dado conferencias y talleres a estas mujeres proporcionándolas pautas y recomendaciones prácticas con el fin de enseñar a este colectivo a mejorar su salud, su sueño y su autoestima. La última pata del proyecto la constituye la redacción del libro 'Mujer, cerebro y salud', que se publicará en noviembre. Coordinado por la presidenta de Femur, Juana Borrego, esta obra recoge temas de interés para la mujer rural, como la fibromialgia, menopausia, inteligencia emocional o su relación con la sexualidad, entre otros. Dieciséis especialistas de diferentes puntos del país y de Chile, con libertad de catedra, han sido los encargados de sintetizar sus investigaciones. Será el próximo 17 de octubre, Día Internacional de la Mujer Rural, cuando la Federación de la Mujer Rural presente las conclusiones definitivas de este proyecto.

La buena predisposición que han mostrado las participantes y la implicación de los profesionales, que han permanecido varias horas con cada paciente ha permitido extraer datos más fiables ,y, sobre todo, a nivel psicológico llegar hasta las causas más profundas, ya que «se desahogaron con facilidad», comenta. Por el momento, no se puede establecer una comparativa con las mujeres del mismo rango de edad, entre 40 y 80 años, que residen en las ciudades, ya que no existen unos datos tan exhaustivos al respecto. Sin embargo, varios de los resultados obtenidos han llamado la atención de los profesionales y contradicen muchas de las creencias que acompañan desde siempre al mundo rural.

Esta primera fase del proyecto ha servido para corroborar que la salud de las personas del medio rural es deficiente y requiere más cuidados y recursos de los existentes, corrobora. Otra de las carencias más notables es la ausencia de estimulación cognitiva de las mujeres que habitan en los pueblos del país. «La mayoría solo tienen un entretenimiento, la televisión y como mucho la lectura en casos muy concretos», apunta Valiente. En las generaciones más jóvenes no hay tantas diferencias sociales entre quienes viven en el medio rural y el urbano, «porque Internet y el gusto por viajar han homogeneizado la situación», afirma.

Desigualdades en edades más avanzadas

No obstante, las desigualdades son mucho más acusadas entre las personas de mayor edad, en especial, a partir de los 70 años. «Se trata de una población menos enriquecida, que cuenta con muchos menos apoyos y estímulos para desarrollar potencialidades y aunque su vida es saludable no es tan idílica como siempre se ha creído». Esto desemboca en niveles de estrés «muy superiores a los que cabría esperar», aclara. A nivel popular se cree que el estrés está vinculado a un exceso de actividad y al hecho de tener que estar pendiente de muchas cosas a la vez. Sin embargo, no tiene porque ser así, según el neurólogo. «Es una cuestión mucho más subjetiva y no depende tanto de la actividad externa sino de la repercusión que tenga para cada persona determinadas situaciones». Este es el motivo por el que, aunque la actividad en el medio rural pueda parecer menor, al igual que las exigencias, y el ritmo de vida se presuma más pausado, la percepción de agobio es alta, en muchas ocasiones debido a la soledad y al exceso de responsabilidades que recaen sobre la población femenina.

Las mujeres del medio rural se sienten sobrepasadas por su entorno. Con frecuencia «tienen que hacerse cargo de las labores domésticas y del papeleo de la casa, del ganado, del huerto, de la suegra enferma, tienen que cuidar a los nietos y estar pendientes de los hijos» y, todo ello, «sin el apoyo de sus parejas en la mayoría de los casos». señala Carlos Valiente.

En la sociedad rural todavía predomina el machismo, en especial, en las generaciones de mayor edad, advierte el doctor, quien considera que hay un claro patrón de mujeres todoterreno, que han tenido que trabajar dentro y fuera de casa y que siempre han sido los ejes de la salud en el hogar, tanto de los hijos y del marido como de los padres, los suegros y el resto de la familia, descuidándose a sí mismas «porque consideran que ellas no son la prioridad». Este machismo sigue cargando a las mujeres de avanzada edad con las mayores responsabilidades, algo que junto al elevado grado de analfabetismo, en unos casos, y de escasa formación académica, en otros, hace que estas mujeres tengan menos recursos que sus homólogas en la ciudad para afrontar situaciones complejas, puntualiza. En este sentido, Valiente afirma que es una generación que como mucho ha acabado los estudios primarios, porque con 14 años, e incluso antes, tenían que ponerse a trabajar. Tan solo unas pocas llegaron a hacer bachiller y los conocimientos que tienen muchas de ellas los han adquirido por su cuenta.

El sobrepeso y la obesidad también constituyen un problema entre las vecinas del medio rural. «Es una constante y esto a pesar de que siempre se ha creído que llevaban una alimentación más equilibrada, sana y con alimentos más naturales», subraya. Aunque en cierto modo esto es así, porque en los pueblos se sigue recurriendo a alimentos no procesados y más naturales, se comen mayores cantidades y con más frecuencia; la nevera o la despensa son uno de los pocos entretenimientos que tienen.

Este estudio también ha corroborado que la obesidad influye de manera decisiva en el grado de envejecimiento y en la menor potencialidad cognitiva de las mujeres que la padecen. «Emocionalmente son personas con más problemas, se sienten peor y en muchas ocasiones acaban sumergidas en un círculo de ansiedad», asevera.

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