«La presión en Guadarrama, sobre todo de los madrileños, es insostenible»

Rafael Sánchez, aficionado a la montaña y gerente hosteler. /El Norte
Rafael Sánchez, aficionado a la montaña y gerente hosteler. / El Norte

César Blanco Elipe
CÉSAR BLANCO ELIPESegovia

Rafael Sánchez, a través de su restaurante, la Venta Marcelino, está ojo avizor a todo cuanto sucede en torno a Guadarrama. Vela cuanto le es posible e informa todo lo que puede sobre ella. Su amor por esta sierra, a caballo entre las comunidades autónomas de Castilla y León y Madrid es «infinito». Aficionado practicante del montañismo y a la escalada, ha compartido algunos 'ochomiles' con Carlos Soria. A pesar de esas aventuras, de sus viajes por el globo y de haber subido y conocido innumerables montañas en los más diversos destinos, asegura que «no hay lugar en el mundo como Guadarrama». La razón, todo el potencial natural que concentra cerca de una gran urbe como es Madrid.

Sin embargo, le aflige la gestión que se hace por parte de las administraciones. Es especialmente crítico con la de Madrid. Califica de «auténtico desastre» la política que sigue la Comunidad vecina al respecto y concluye en sus reflexiones que «nos queda mucho por aprender». Por ejemplo, cita que en Nepal, un rincón tercermundista del planeta, no usan bolsas de plástico. Pese a su diagnóstico negativo, Rafael Sánchez quiere ser optimista y confía en que el tiempo juegue a favor del respeto por el medio ambiente. «La sierra es un lujo para los madrileños», anima así a su protección.

Con respecto a la colocación de los semáforos en el alto de Navacerrada para regular el tráfico de vehículos y el paso de peatones, el ahora hostelero es escéptico. «Algo es algo, pero pienso que a la larga no va a solucionar ningún problema porque cuando se generan es en invierno».

Desde luego que alguna repercusión va a tener, añade, por nimia que sea. «El paso de cebra era infinito y los peatones se podían tirar minutos y minutos para cruzar», recuerda. Pero cuando irrumpa el invierno, con la pendiente propia de la carretera, «la nieve y si encima los semáforos hacen parar a los coches, que además van con cadenas...», deja Sánchez en puntos suspensivos su intuición sobre los nuevos problemas que se producirán en Navacerrada.

Para la sierra que tanto ama reclama «soluciones más serias». Pide «transporte público y que los 'parkings' tengan más control». Admite que es «complicado» por el tema de las competencias y los territorios; al mismo tiempo califica la situación que genera, sobre todo la masificación procedente de Madrid, de «insostenible».