Honores para los frikis de la Historia

Varios de los participantes en la recreación en El Espinar de las invasiones vikingas. /Pedro Luis Merino
Varios de los participantes en la recreación en El Espinar de las invasiones vikingas. / Pedro Luis Merino

El Espinar asiste este fin de semana a la mimada recreación de las invasiones vikingas de la Edad Media, evento de gran incentivo turístico

LUIS JAVIER GONZÁLEZEl Espinar

El Espinar acogerá este fin de semana a 215 recreadores históricos, ataviados con trajes de vikingo muy cuidados, espadas, hachas o escudos. ¿Quién hay detrás? César Turleque, uno de los organizadores de La Hispania de los vikingos, pone con cariño la etiqueta. «Se podría definir como un friki», responde sonriente. «Es gente con una afición terrible por la Historia y con una vocación de darla a conocer», explica este vigilante de seguridad, que ameniza sus jornadas de trabajo con un libro tras otro. El municipio acoge desde el viernes hasta el domingo un evento que agota las plazas hoteleras y congrega en su arboleda a las afueras del núcleo urbano a cerca de 4.000 personas.

Turleque, de padre espinariego y un habitual en el municipio en cualquier periodo vacacional, presentó el proyecto al Ayuntamiento en 2015, pero fue rechazado. Tuvieron mejor suerte en 2017 y la experiencia ha sido muy positiva. «Para mí fue una gran satisfacción, me habría encantado que mi padre hubiera podido verlo». La idea de este evento era sacar la recreación histórica de los centros urbanos de los pueblos –en alguna ocasión les han propuesto hacerlos en entornos cerrados como plazas de toros o campos de fútbol– y El Espinar aporta un rico contexto natural. «El visitante debe desconectar del siglo XXI en un entorno natural donde haya muy poca contaminación visual. La conexión debe ser total». El proyecto recrea la alta Edad Media, de los siglos XIX al XI, todo un nicho en auge gracias al interés en Europa por la sociedad vikinga, que precede a las series de televisión. «Viven en el norte, con escasez de recursos y se ven obligados a salir de ahí. En verano se juntan noruegos o suecos a hacer incursiones y buscarse la fortuna», explica Pedro de Oro, también organizador. «Son bastantes más civilizados de lo que pintan las series. De hecho, comerciaban un montón».

España tiene grandes eventos de recreación histórica, fundamentalmente napoleónicos o de la Guerra Civil, pero no es habitual repasar este periodo y contextualizar con tanto detalle las invasiones vikingas a la península frente a otros eventos que se limitan a simples «botellones medievales». Para próximas ediciones, plantean añadir los campamentos musulmanes a los reinos cristianos y grupos vikingos para enriquecer una época de gran diversidad.

La Hispania de los Vikingos arrancó en un terreno privado de Riaza, que acogió las ediciones de 2013 y 2014. «Fueron eventos chiquititos para coger tablas», explica Turleque. Tras la primera negativa de El Espinar, fueron a Colmenar de Oreja (Madrid), también en un lugar cerrado y por invitación, y allí hicieron las recreaciones de 2015 y 2016. Esta será la tercera edición en El Espinar, que el año pasado contó con más de 3.500 visitantes.

El activo económico es indudable para el municipio. «Ese fin de semana se nos llenan todas las plazas hoteleras, los restaurantes colaboran con menús vikingos y es un aliciente más para que nuestra gente salga y la de fuera nos acompañe», explica la concejala de Turismo y Cultura de El Espinar, Conchi Rubio. La localidad se posiciona en este tipo de turismo gracias a su proximidad con Madrid o a su entorno natural en el cerro de la Hoya, a la salida del núcleo urbano, con un pequeño bosque donde se recrea al poblado vikingo y una gran explanada. «Este tipo de recreaciones busca un enclave en el que de verdad te creas que estás en esa época».

Exhaustivo

Habrá talleres de forja, cocina, oficios, batallas o torneos. Y vestidos de la época, tras un exhaustivo estudio con tejidos y tintes naturales. Era una ropa muy utilitaria, con túnicas de lana y todo tipo de complementos. «Es un museo viviente y la gente está siempre abierta a enseñar», explica De Oro. Habrá conciertos temáticos, con un estilo musical de folclore celta. Destacan los torneos de combate, que no son para nada pachangas; espíritu deportivo, pero competitivo porque los competidores están en buena forma. Hay una disciplina individual, una liza donde cada cual compite con su arma –espada, hacha o lanza, sin filos–, escudo y las protecciones pertinentes en la cabeza, manos y cuerpo. Cuando un luchador impacta en una de las zonas no protegidas suma un punto; a los tres, gana el combate. También hay otro formato por equipos sobre un pequeño puente.

El plato fuerte en un sábado plagado de actividades desde las 10 de la mañana hasta la noche –han querido ser prudentes por si hay menos visitantes el domingo electoral– es la teatralización de una batalla con 60 combatientes en la zona de más arboleda. Habrá una historia, narrada e hilvanada a través de una serie de eventos que irán ocurriendo en el campamento, con luchadores armados hasta los dientes. No es un esfuerzo competitivo, de hecho, el ejército ganador está ya decidido y suele alternarse cada año. Un feliz ejercicio donde la sangre derramada es solo virtual.