El coro que nació en las calles de Segovia

Los miembros de la Coral Ágora, dirigida por Marisa Martín. /Juan Luis Misis
Los miembros de la Coral Ágora, dirigida por Marisa Martín. / Juan Luis Misis

La Coral Ágora repasa sus orígenes en los años ochenta, el trabajo que hay detrás de formar a una voz aficionada, sus viajes ilustres y el progreso musical de la ciudad

Luis Javier González
LUIS JAVIER GONZÁLEZSegovia

Ágora, además de su referencia helenística, tiene en Segovia un mensaje reivindicativo. La coral pionera en la ciudad, gestada a finales de los setenta y formada oficialmente en 1980, no tenía local para ensayar. Así que una tarde, en sus habituales encuentros en la plaza de San Lorenzo, le dieron ese nombre. «Es el lugar donde se hacía la cultura, un sitio público. Nos gustó la fonética y ahí estábamos, haciendo cultura en la calle», recuerda su directora y fundadora, Marisa Martín.

La Coral Ágora encontró pronto techo en la trasera de las iglesias de San Martín, la Trinidad o San Justo. Pasó después a la Casa de la Tierra o el Centro Cultural de San José, en la calle Tomasa de la Iglesia, donde llevan ensayando este último decenio, en un pequeño sótano con techos bajos. El grupo, un vecino más de este barrio obrero, se muestra agradecido. «Estamos contentos porque se nos tiene que oír ensayar desde todos los lados y nos soportan. No hemos tenido críticas».

El germen de Coral Ágora fue un centro juvenil asociado a las monjas Dominicas. Entre las diversas actividades que hacía aquel grupo, con unas doscientas personas, estaban teatro, cinefórums, charlas, deportes o excursiones. También un grupo de canto coral, que se formó a finales de los años setenta.

El cura de un pueblo les felicitó porque habían sido el acontecimiento más importante en años

«Cuando aquello desapareció, nos planteamos que esa actividad interna se convirtiera en algo para la ciudad», explica la directora. Surgió un grupo de amantes al canto, con estudiantes de todo tipo, que se animaron a ser vanguardia. No tardaron en agrandar su base hasta las cuarenta personas y lograr una cierta entidad coral para trabajar repertorios y dar conciertos.

A finales de los setenta, la escasa oferta segoviana estaba vinculada a la iglesia. Mientras en pueblos alemanes de 2.000 habitantes cantaba todo el mundo, España estaba en una 'Edad de Piedra'. Cuando se funda Coral Ágora, en 1980, el grupo detectó esas carencias y empezó a combatirlas. El objetivo era claro: difundir la música coral con su trabajo y el de otros. Se planteó la opción de hacer un itinerario constante por la provincia, pero lo descartaron por no cansar a la gente con las mismas caras. Así que crearon las muestras de masas corales, que trajeron a la ciudad coros de calidad que fomentaron esa incipiente afición.

Premio al altruismo

Aquellas masas se surtían de conocidos de Madrid o Valladolid más algún coro estrella de Valencia, Galicia o Avilés. «Éramos muy selectivos y hacíamos un viajecito para oírles. A base de rogar, aunque a veces nos daban calabazas porque de bolsillo andábamos muy escasos, conseguimos traer calidad», explica Jesús de Luis, presidente en varias etapas. Apenas costeaban cena, autobús o alojamiento. Y la contrapartida era devolver visita cuando tocase.

La rudimentaria autofinanciación con la que funciona Ágora ya imperaba entonces y organizaban aquellos eventos con unas 120.000 pesetas. «A veces no llegaba [recibían escasas subvenciones públicas] y teníamos que ponerlo nosotros». Prueba de su voluntarismo es que el grupo se llevó un premio en Ladreda 25 'a la labor altruista y desinteresada' en 1982.

Calle Tomada de la Iglesia (arriba). Abajo, a la derecha, el parque del barriod e San José; a la izquierda, la iglesa parroquial.

Cataluña y País Vasco eran las referencias corales en España y la directora del grupo segoviano realizó un curso de dirección en Lérida. Ella era la única con carrera musical –en piano– y asumió la labor de armonizar voces de un grupo de adolescentes. Si el primer objetivo era la difusión, el segundo debía ser mejorar la calidad. «Enseguida nos dimos cuenta de nuestras limitaciones», incide Jesús.

Aquellos veinteañeros crearon cursos de dirección y técnica coral, con profesorado catalán y las mismas limitaciones presupuestarias. Aquello mejoró el coro y les abrió a las vanguardias. «Conocimos nuevas tecnologías o repertorios y teníamos contacto directo de por dónde iba en España el mundo coral», señala Marisa.

«Estamos contentos porque se nos tiene que oír ensayar desde todos los lados y nos soportan» MARISA MARTÍN, DIRECTORA DE LA CORAL ÁGORA

«Nos entusiasmaba traer algo así a Segovia, en los primeros años tuvimos una actividad frenética. Surgió un embrión y de repente nos convertimos en cabecera», recuerda Jesús, que rememora meses de diciembre con una decena de actuaciones y la llamada constante de provincias limítrofes que no tenían un grupo tan activo. En una ocasión visitaron un pequeño pueblo que atendió atónito al concierto y, meses después, su cura les felicitó porque era el acontecimiento más importante que aquel lugar había vivido en años.

En constante formación

La directora habla de la formación constante como la idiosincrasia de Ágora. Muchos músicos como Fernando Ortiz –la voz cantante del Nuevo Mester de Juglaría– y muchos profesores de la ciudad se apuntaban a los cursos por la formación que suponía, aunque su sector solo tocara tangencialmente el ámbito coral. Para empezar, el alumno hace una prueba de voz para comprobar que no es una 'voz enferma' y tenga nódulos o disfonías.

Ahí arranca el aprendizaje con toda la técnica vocal del coro; hay claves como la técnica de la respiración diafragmática o la emisión de la voz. Se aúna lo innato –el timbre– con el trabajo. «Cambia el timbre, la potencia, la voz se desarrolla y coge extensión porque se va haciendo más grande. A veces ganas en afición, hay gente con problemas que los corrige».

«Las voces muy buenas, con trabajo, siguen siendo buenísimas; pero hay voces normalitas que hacen perfectamente nuestro repertorio» marisa martín, directora de la coral ágora

¿Qué parte de una buena voz es innata y qué parte viene del trabajo? Marisa no se atreve a dar un porcentaje, pero ahonda. «Por muy buena que sea una voz, todo el mundo necesita trabajarla y desarrollarla. Puedes tener un timbre muy bonito, pero la polifonía requiere unos registros que solo se adquieren a base de la técnica».

Lo compara con la rutina del deportista. Primero, física, porque exige trabajar toda la musculatura del aparato respiratorio y fonador. Cuanto más fuerza respiratoria, más se fortalece después la laringe. Surge entonces lo más importante, el brillo. Así mejora el timbre y se logran los armónicos. «Las voces muy buenas, con trabajo, siguen siendo buenísimas; pero hay voces más normalitas que logran hacer perfectamente nuestro repertorio».

La constancia de Ágora la prueba su calendario: apenas descansan quince días al año. Cada miembro del coro trabaja dos días a la semana –unas cinco horas– y se lleva una formación personal. «Es un mundo que te exige disciplina, respeto a los demás o trabajo en equipo». Ese trabajo es una parte innegociable y un compromiso que sus cuarenta efectivos asumen sin titubeos. La edad media está en torno a los 40 años –desde los 18 hasta los 60– y las mujeres son mayoría.

Siguiendo el símil deportivo, la directora sería la entrenadora. ¿Cuál es la diferencia entre un coro bueno y otro excelente? «El excelente es bueno siempre. En el bueno, unos días sale y otros, no tanto», responde Marisa. La clave de su discurso es la constancia y subraya el carácter aficionado del grupo, aunque su funcionamiento sea profesional, desde su rutina a los proyectos que acometen. «Sobre todo porque no tenemos altibajos, intentamos mantener el mismo nivel durante todo el año, y eso es muy difícil en los coros porque la gente cambia muchísimo. Por eso una meta mía es mantener el nivel de dignidad que tiene Ágora».

«Hay proyectos todo el año»

La directora habla de un núcleo fundacional de cantantes y otros «satélites», como estudiantes que van y vienen. El grupo repasa una foto de hace un lustro y la mitad de sus miembros ya no están. «Es un reflejo de lo que es Segovia, una ciudad con pocas salidas laborales».

Cuatro décadas después de su fundación, el grupo valora una ciudad con una gran formación musical de todo tipo y cita como ejemplo la Banda Tierra de Segovia. «Hay proyectos durante todo el año». Lo explican por el funcionamiento del Conservatorio o la presencia en los currículos escolares. La Escolanía de Segovia, que también dirige Marisa, lleva veintidós años formando jóvenes. «También hay muchísimos coros. Cada uno tenemos un estilo porque los hay de góspel o de simples amigos», refleja la directora, quien cita a Voces de Castilla como compañero de viaje. «Está fenomenal que todo el mundo cante».

Mientras en pueblos alemanes de menos de 20.000 habitantes cantaba todo el mundo, España estaba en la 'Edad de Piedra'

Ágora apuesta por la polifonía. Su repertorio, en gran parte religioso, abarca folclore, pop y obras de vanguardia. Incluye mucho compositor contemporáneo español como Xabier Sararola, Albert Alcaraz o Josep Vila. O extranjeros, como el estadounidense Morten Lauridsen. Sin olvidar lo clásico; Francisco Guerrero les marcó especialmente y le dedicaron uno de los discos que grabaron. También música romántica, pese a su gran dificultad. Marisa explica el atractivo de la polifonía. «La armonía de las voces, cuando suena afinada y con una buena interpretación, engancha a cualquiera».

El grupo que nació para patearse la provincia conoció mundo. La coral participaba en unos encuentros juveniles nacionales que organizaba el Instituto de la Juventud. Tras ganar la fase autonómica, fueron seleccionados en 1986 para ir a Roma, su primera excursión. «Esos encuentros eran muy importantes porque teníamos muchísimo contacto con lo mejor de los coros a nivel nacional, hacíamos intercambios y les traíamos a las muestras».

Ahí estaba aquel grupo capitaneado por veinteañeros con el alcalde de Roma, el director de la Capilla Sixtina o el embajador español en Italia. «Te hace sentirte importante. ¡Pero bueno, dónde hemos llegado! Y te anima a seguir», recuerda Jesús. «Hemos sido siempre un coro muy humilde, pero estas recompensas son fundamentales», añade la directora. Hubo otra visita a Italia junto a otras a lugares como Tours, Berna, Lisboa, Londres, Bruselas, Viena o París.

«Puedes tener un timbre muy bonito, pero los registros de la polifonía se adquieren a base de técnica» marisa martín, directora de la coral ágora

Y llegó la crisis. «Hemos hecho menos proyectos y las entidades te llaman menos porque no tienen dinero para cultura». La propagación de grupos, que ellos celebran, obliga a repartir. Los cuarenta socios se autofinancian con una cuota de 10 euros al mes y los cursos internacionales de canto coral, dirección coral y técnica vocal cumplirán en agosto –del 22 al 29– su XXIII edición en el campus María Zambrano. En época de bonanza, se llenaban las 120 plazas y ahora hay unos 80 o 90

Ágora, que estuvo en barbecho a principios de los noventa, siempre está –otra vez el símil deportivo– de remontada. «Pasas momentos muy difíciles cuando se te cae el coro porque se van de repente cinco o seis personas. Y lo que es un grupo humano, con sus conflictos, pero la prueba de que lo hemos superado siempre es que aquí seguimos».