Ángel Téllez, puerta grande en el festejo de cierre de la feria

Gesto torero de Ángel Téllez durante la lidia. /Mónica Rico
Gesto torero de Ángel Téllez durante la lidia. / Mónica Rico

Dos forcados portugueses, muy aplaudidos en su lidia colectiva, tuvieron que pasar por la enferemería

F. MONJECuéllar

Festejo mixto el que ayer cerraba por este año el abono en la plaza de toros de Cuéllar. Se lidiaron seis novillos de la ganadería de Toros de Brazuelas, de Alcazarén en Valladolid, para el rejoneador David Gómes y los novilleros Javier Orozco y Angel Téllez. Los novillos de desigual presencia, fueron nobles, blandos y todos se apagaron pronto. La plaza registró un tercio de entrada en tarde soleada amenizada por la banda municipal de música.

David Gómes puso dos de castigo a un novillo que ya de inicio buscó las tablas y fue poco colaborador. En banderillas clavó cuatro en una faena muy simplona, donde el portugués apenas hizo vibrar al público en sus diferentes embroques. Quienes pusieron emoción fueron los forcados, que efectuaron esta arriesgada suerte levantando los aplausos del público. Mal con el rejón de muerte, Gómes escuchó silencio. Con su segundo, un novillo con presencia de toro, a punto estuvo de ser descabalgado en dos ocasiones en el primer tercio. En banderillas el astado se aquerenció en chiqueros y el portugués tiró de la excesiva ayuda de sus auxiliadores, faena con más sombras que luces que no terminó de cuajar. Muy aplaudidos los forcados, aunque dos de ellos tuvieron que pasar por la enfermería. Rejón de muerte trasero, y el rejoneador recibió palmas.

Antonio Orozco apenas obtuvo lucimiento con su primer astado. Un novillo que ya de inicio iba con la cara alta y metiéndose por adentro. Con la faena de muleta Orozco estuvo voluntarioso, pero evidenció falta de oficio ante las complicaciones del novillo que incluso le trompico en varias ocasiones. Mal con la espada, recibió silencio. Con el quinto, un ejemplar que se terminó apagando muy pronto, Orozco estuvo dispuesto, pero nuevamente evidenció falta de oficio. Terminó acomodándose casi al final de la faena y ahí es cuando surgió una voltereta sin consecuencias. En resúmen, detalles sueltos y actitud en un novillero aún sin hacer. Estocada entera tras pinchazo, recibió una oreja.

Ángel Téllez recibió de manera correcta a un novillo entipado pero que de manera prematura empezó a blandear, incluso echándose en dos ocasiones después del tercio de varas. En banderillas el inválido fue mimado, pero pese a ello llegó a la muleta muy mermada. Téllez estuvo voluntarioso y siempre buscando la ligazón y templando las embestidas para no obligar en exceso al cornupeta. Lo mejor, al natural donde el madrileño mostró su concepto del toreo. La faena no tomó altos vuelos por la escasez de la transmisión de las embestidas por la falta de raza y fuerza del novillo. Mató de estocada entera fulminante recibiendo dos orejas. Con el que cerró feria, un ejemplar alto y con aspecto de toro, Téllez apenas hizo nada destacable con el capote. En la muleta el ejemplar desarrolló ciertas complicaciones, además de estar muy parado; Téllez sufrió un tropetazo con el que se desconfió y con la puerta grande ya asegurada se fue a por la espada. Mató de un bajonazo y recibió silencio.

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