Amargo como la vida, dulce como el amor, suave como la muerte

Niños saharauis del programa 'Vacaciones en Paz', en la jaima instalada en la avenida del Acueducto de Segovia. /Óscar Costa
Niños saharauis del programa 'Vacaciones en Paz', en la jaima instalada en la avenida del Acueducto de Segovia. / Óscar Costa

La jaima instalada por la Asociación del Pueblo Saharaui en Segovia reúne a los niños del programa 'Vacaciones en Paz' con sus tradiciones, como las tertulias en torno al té

César Blanco Elipe
CÉSAR BLANCO ELIPESegovia

Una alfombra sobre las baldosas de granito invita a pasar y al recogimiento en su interior. La jaima tiene un poder transformador. Para ellos, para los niños saharauis, entrar y sentarse sobre la moqueta es volver a su hogar y reencontrarse con la morada de su cultura. En ella están a salvo de la tristeza y la devastación. La carpa les protege del olvido. En su interior laten más fuerte sus corazones y escuchan más alta la llamada de su pueblo a pesar de estar a unos 2.200 kilómetros de distancia de sus raíces, de sus familias, las biológicas, porque en Segovia han encontrado otros hogares de acogida a los que muchos regresan cada verano.

La Asociación de Amigos del Pueblo Saharaui ha vuelto a acampar este sábado en la avenida del Acueducto, a unas decenas de metros del monumento romano santo y seña de la ciudad castellana y leonesa. En cierto modo, se trata de trasladar por unas horas un trozo del desierto del Sáhara a la meseta. Por sexto año consecutivo la organización ha instalado y abierto las solapas de la jaima a los ciudadanos para invitarles a adentrarse en las tradiciones saharauis.

Dentro, otra alfombra separa los piel del suelo. Allí, en el desierto, «nunca pisan la arena dentro de la jaima», explica el presidente de Amigos del Pueblo Saharaui en la provincia, Javier Moratalla. La instalación de la jaima es cada año un símbolo de la solidaridad de los segovianos con la causa, y también el altavoz en pleno centro neurálgico de la ciudad para las llamadas de auxilio que se lanzan desde los campamentos de refugiados, a los que regresarán a principios de septiembre los trece niños que participan este verano en el programa de acogida familiar 'Vacaciones en Paz'.

«Los mejores embajadores»

Esos pequeños «son los mejores embajadores» de la cultura saharaui y también de la opresión a la que se ve sometida por Marruecos desde hace más de cuarenta años, cuando el estado alauita invadió el Sáhara Occidental tras la conocida como Marcha Verde. Sin embargo, los niños «son felices», sobre todo cuando la instalación de la jaima las propicia el reencuentro con sus tradiciones y les hace añorar menos a sus padres, hermanos y amigos que se quedaron en los campamentos de refugiados.

En el interior de la carpa degustan dátiles, se ríen, cantan, juegan, se hacen fotos y mantienen largas conversaciones. Si estuvieran en el desierto, sus progenitores o sus abuelos les estarían contando innumerables experiencias y vivencias. «Es como si fuera una sobremesa nuestra», explica el presidente de la asociación, «pero en lugar de café beben té». En realidad, matiza Moratalla, hay tres clases de esta infusión: «uno más amargo, como la vida como dicen ellos; otro más dulce, como el amor, y uno más suave como la muerte».

Esa escucha atenta a las historias que vivieron sus antecesores hace que los niños saharauis tengan «un amor increíble por su patria», apunta el presidente de Amigos del Pueblo Saharaui en Segovia,. Una pasión por la vida que encuentra cobijo en la jaima.

Se necesitan más familias

Moratalla señala que intentan no bajar de quince acogimientos estivales dentro del programa 'Vacaciones en Paz', pero también reconoce las dificultades crecientes de que encontrar hogares, aunque la experiencia le dice que a última hora suelen apuntarse a la experiencia algunas familias rezagadas. El responsable de la asociación provincial de Amigos del Pueblo Saharaui subraya la alegría y gratitud que les transmiten los niños que llegan a Segovia, una comunidad que a diferencia de otras occidentales «es muy feliz a pesar de no tener medios».

Los niños de 'Vacaciones en Paz' están a punto de pasar el ecuador de su estancia en España. Este sábado, en la jaima, echarán un poco menos de menos (valga la redundancia) a sus hogares en el desierto. Y es que, como precisa Javier Moratalla, el saharaui es «un pueblo en el que el núcleo familiar está muy unido, como ocurría en la España de la postguerra».