El alma de Brasil, en la calle Corta

Flavio Oliveira, leyenda mundial de la capoeira, en su local de la calle Corta./Antonio Tanarro
Flavio Oliveira, leyenda mundial de la capoeira, en su local de la calle Corta. / Antonio Tanarro

La Asociación Brasilera de Segovia cumple una década difundiendo las virtudes educativas y deportivas de la capoeira

LUIS JAVIER GONZÁLEZSegovia

El alma de la capoeira reside en la imposibilidad de etiquetarla. Lucha, baile o deporte se quedarían cortos para definir una de las grandes ventanas de Brasil al mundo. Nació como una herramienta de defensa para los esclavos, que encontraron en su propio cuerpo los movimientos para subsistir. También es un arte marcial, como todas las actividades que participan en una guerra: los capoeiristas fueron la línea de frente del ejército brasileño en Paraguay. Y es un show, por su musicalidad y plasticidad, imprescindible para que los señores vieran a los esclavos como meros payasos en lugar de gente que estaba entrenándose para huir. Eran tambores de guerra. Y suenan fuerte en Segovia. La Asociación Brasilera de Brasil cumple diez años con mucho margen de crecimiento.

Flavio Oliveira Da Silva Dhein, una leyenda mundial de la capoeira, sitúa su vivienda en la calle Corta de San Lorenzo como domicilio fiscal. «No tenemos el soporte necesario para trabajar en un local, ojalá podamos tenerlo pronto para trabajar la capoeira y la parte cultural». Allí lleva tres años viviendo, en una vía horizontal sin salida que sirve de aparcamiento y en la que desembocan la empinada calle la Hoya y la paralela San Cristóbal. Está en las cercanías del puente de San Lorenzo y es una de las salidas de la urbanización de protección oficial de Anselmo Carretero. «Todo San Lorenzo es un icono para Segovia. No hay más que ver las fiestas. Para mí es un paraíso, un barrio muy tranquilo, con el paso del Eresma y la Alameda está muy bien para hacer deporte». La macedonia artística que es la capoeira fue camuflada en la clandestinidad hasta que las clases de Maestre Bimba, una figura histórica en Brasil, eran en secreto a voces y el país puso fin a la prohibición en los años 30. «Es una metamorfosis constante», resume Flavio, de 34 años. Surgió después como deporte y como metodología para la Educación Física. Y fue tomando gimnasios, centros deportivos, universidades y hasta la formación policial. Fue designada como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la Unesco, gesto que consolida su legado cultural. Y es un deporte global que está llamando a las puertas de los Juegos Olímpicos.

Flavio se crió en las cataratas de Foz do Iguaçu, una pequeña ciudad rodeada de grandes ríos en la frontera con Paraguay. Empezó capoeira con apenas nueve años porque su colegio utilizó el lema de los desfiles del Día de la Independencia. Aquel niño se enamoró de los movimientos, saltos y acrobacias. Le entraron por los ojos, aunque era lo más difícil de plasmar. «No podía ver un césped y no hacer un mortal. No paraba de intentarlo». Entrenaba tres veces a la semana en cualquier rato libre en su casa. Por suerte para su mobiliario, disponía de un jardín amplio.

Al cabo de cuatro años, empezó a competir en los campeonatos regionales y participó con 16 en su primer Mundial. En 2002, todavía menor de edad, se coronó campeón y tras ganar el de 2007 (tanto en su categoría de profesor como en la absoluta, ambos en una misma noche) suma seis títulos mundiales. La capoeira tiene competidores en más de 75 países, desde Brasil a Timor Oriental, y hubo más de 400 competidores en el último Mundial. Hay alumnos españoles suyos que han ganado Europeos. Al igual que el taekwondo desbordó Corea, la capoeira trasciende ya Brasil.

Flavio habla de una dedicación constante que parte del alumno para trabajar aspectos técnicos, físicos o emocionales. «Esto no es boxeo, que solo tienes que pegar en ciertos puntos para ganar el combate. En la capoeira necesitas dominar tu cuerpo y el espacio». Uno de los grandes retos es el control de la emoción. «Es un trabajo muy duro. La comunidad nunca ha sufrido tanto como ahora esa parte, esas depresiones. La capoeira puede ayudar muchísimo porque en ella vives varias emociones dentro de la 'roda' [el círculo donde se hace] porque la musicalidad te pone los pelos de punta. Así puedes llevar tu cuerpo a otra estratosfera donde puedo hacer movimientos que jamás conseguiría en una situación normal».

Nuevas construcciones de la calle Corta.
Nuevas construcciones de la calle Corta. / Antonio Tanarro

La capoeira no se baila, pelea o combate. Se juega. Y no se distingue por peso, género o altura. «Mi compañero y yo vamos a trabar un diálogo de pregunta y respuesta. Si él pregunta con un movimiento de patada, yo respondo con una esquiva y le contraataco con otro movimiento, con arrastres o derribos». En una competición hay tres jueces y un árbitro central. Cada jugador tiene derecho a cuatro juegos y la mejor performance marca su puntuación. Tras ganar su segundo campeonato del mundo, en 2005, Flavio hizo un viaje por Europa con la intención de quedarse. «Entonces no había de boom de ahora, poca gente la conocía, sobre todo en España». Era la gran época de Carlinhos Brown. Tenía un amigo en Valladolid y aceptó su propuesta. Estuvo allí tres meses de adaptación vital y lingüística y se marchó a Segovia. «Yo quería empezar en una tierra virgen de capoeira. No conocía la geografía española, pero estaba viajando mucho y siempre veía Segovia en las señales, así que lo busqué en un mapa y vinimos. Está cerca de Valladolid y mi amigo me podía echar un cable». Vinieron, entregamos los currículos y empezó enseguida en cuatro gimnasios. Los paralelismos con su Foz do Iguaçu son muchos. «Es una ciudad pequeña y aquí también puedo ir andando a cualquier sitio. Segovia es un encanto».

Cuando Flavio crea la Asociación Brasilera de Segovia, en 2009, fue más allá para trabajar con ámbitos más diversos. La capoeira era el vehículo para exponer la cultura del país, con más de 60 alumnos inquietos. Como ocurre con el cambio de cinturón en taekwondo, ascender de grado requiere un acto público masivo que sirva como celebración y no era fácil organizarlo. «Tenía muchas dificultades para moverme dentro de este ámbito siendo una persona física. La asociación permitió aportar todo lo que queríamos a la capoeira y mucho más».

Fue una adaptación muy grande de la que Flavio saca aprendizajes. «Yo traía algo mucho más grande, una cultura, y es muy difícil meterla en otra. Lo primero que tienes que hacer es aprender las costumbres del país en el que estás». Reconoce muchos errores que ve con perspectiva; por qué se iban algunos alumnos ante una didáctica puramente brasileña, perfeccionar el español para transmitir mejor y el choque de hábitos. «Si marcaba un evento muy importante por la mañana la gente me decía que no venía porque el viernes iba a salir de fiesta y llegaría muy mal. ¡En Brasil nadie diría esto! Si para el maestro es importante, vas aunque se caiga el mundo. ¡Eso me chocaba muchísimo!».

La asociación va más allá de la capoeira y trabaja la cultura brasileña a través de bailes como la samba, el 'maculelé' o el 'xáxado'. Hacen exhibiciones por los pueblos aprovechando las fiestas veraniegas. Son un actor imprescindible de la ciudad en fiestas como Carnavales o la cabalgata de Reyes. El evento anual de cambio de grado de los alumnos es multitudinario y congregó en la plaza de San Martín a un centenar de alumnos. Este año será el 24 de mayo. Flavio da clases en Segovia y Valladolid, con un alumno que imparte en Soria. Entre sus pupilos hay niños de dos años que entrenan con pañales hasta adultos de todo tipo. El perfil es muy heterogéneo.

Y trabajan con la cantera. La asociación trabaja desde hace siete años en varios colegios de Segovia la coordinación motora. «Es una necesidad que vi. Los niños necesitaban ese arte porque les gusta, les va a permitir mover mejor su cuerpo y van a ser más ágiles. Hoy en día tienen el móvil en la mano, la consola en la tele y pasan ahí el día. Lo noto un montón cuando veo un niño empezar el curso y le mandas correr. Muchas veces lo hace sin movilidad alguna, se tropieza… La capoeira es un vehículo muy bueno para el desarrollo infantil en todos los aspectos». El grupo trabaja la parte pedagógica y lúdica; juegos con actividades de capoeira. Por ejemplo, en el pilla a pilla, cuando un niño va a ser atrapado por otro hace un movimiento específico para esquivarle. Hay otras actividades con música, que los niños deben interpretar. Flavio da clase una vez a la semana en siete colegios.

La asociación hace un buen diagnóstico de cómo se encuentra la sociedad brasileña en Segovia. «Estamos muy contentos y nos sentimos muy amparados. La capoeira va creciendo y también la asociación, representada por ella. Es una vía de dos pasos». El grupo cuenta con unas 80 personas. Flavio reconoce la huella del fútbol sala como una de las primeras interacciones de brasileños con la ciudad a través del Caja Segovia. También vinieron muchos universitarios a través de un convenio. La combinación entre la crisis económica y el boom de Brasil a principios de esta década invitó a muchos a volver, acompañados de españoles. La asociación hace en noviembre un evento cultural con música, dibujos de los niños o comida. Y organiza un campeonato en febrero donde Segovia sacó cinco oros y dos platas. Así es como los tambores de guerra se transformaron en medallas.