Albert Boadella: «Tenemos un gran plantel de comediantes frustrados, por ejemplo Rufián»

Boadella haciendo de Boadella en el púlpito que utiliza en su monólogo ‘El sermón del bufón’. /El Norte
Boadella haciendo de Boadella en el púlpito que utiliza en su monólogo ‘El sermón del bufón’. / El Norte

El actor catalán se sube el viernes al púlpito del Juan Bravo para pronunciar 'El sermón del bufón'

QUIUE YUSTESegovia

Actor, director y dramaturgo catalán conocido por haber fundado en 1962 la compañía de teatro Els Joglars, que dirigió durante medio siglo, Albert Boadella (Barcelona, 1943) ejerce también desde enero como presidente honorífico de Tabarnia, la ficticia región autónoma conformada por Barcelona y Tarragona que surgió en respuesta al independentismo catalán.

-¿Qué es ‘El sermón del bufón’, la obra con la regresa al escenario del Juan Bravo?

–Es un repaso a la vida de un artista. El lado insólito es que no es una ficción, sino una realidad. Yo cuento cosas que han sucedido en mi propia vida, también la artística, a través de la proyección de los momentos más relevantes en la historia del Els Joglars. Lo hago desdoblándome en dos personajes, que son las contradicciones en mí mismo. Uno es Albert y otro es Boadella y no siempre están de acuerdo. Discuten en escena el uno con el otro. También interpreto algunas situaciones interesantes, como la primera entrevista que tuve con Jordi Pujol, y otra muy divertida con el Rey. Son un conjunto de cosas reales trasladadas a un escenario, como una especia de memorias en vivo.

–¿Le sirve como desahogo?

–Cuando uno escribe unas memorias le sucede un poco eso. Vacía todo lo que lleva dentro. Pero mi intención esencial es tratar de traspasar mi experiencia, una experiencia especial y singular como es la vida de un artista comprometido con muchos rifirrafes. Quiero transmitirlo por si alguien puede aprovechar algo. A cierta edad se puede hacer tranquilamente. A los veinte años no lo hubiera hecho, pero lo puede hacer ahora.

–Es un habitual de los escenarios segovianos.

–Creo que hemos hecho en Segovia la totalidad de los espectáculos de la compañía. Tengo un recuerdo formidable, porque primero es un teatro precioso en el que tenemos la suerte de tener al público muy próximo. Es una gozada. Está colocado en un lugar formidable de la plaza. Es un teatro de lujo.

–¿Cuáles son sus próximos proyectos?

–Yo en los últimos tiempos me he dedicado a cuestiones musicales y en el futuro lo seguiré haciendo. Siempre he sido un músico frustrado. Hace poco tiempo escribí y dirigí una obra sobre Picasso. Mi futuro está en obras como esa. ‘El sermón del bufón’ ha sido una excepción, en lugar de escribir otras memorias lo he colocado sobre la escena.

–La obra repasa la vida de un comediante. ¿Hay comediantes que se dedican al humor sin saberlo?

–Hay comediantes frustrados en el mundo. Hay mucha gente a la que le gusta hacer espectáculo de su propia vida sin ser un profesional de ello. Y esta gente, cuando trata de hacer un espectáculo de su vida sin profesionalidad, resulta patética. Ocurre en muchos momentos de la política. Muchas veces supera al propio teatro.

–Póngame un ejemplo de comediante frustrado.

–En Cataluña tenemos un gran plantel. Yo hice uno que era fantástico: Pujol. Era un personaje formidable. Con solo poner su imagen en escena la gente empezaba a reírse. Ahora hay muchos, no tengo predilección por ninguno. Rufián, por ejemplo. Con sus números en el Parlamento muestra un deseo de teatralidad que no es propio del lugar en el que está.

–¿La situación de Cataluña es para reír o para llorar?

–Desde un punto de vista político es una situación trágica. Es una situación que no hubiéramos podido imaginar nunca los que hemos vivido en este territorio. Pero por mi parte he descubierto que el mejor antídoto contra ello y contra ellos es el humor y la sátira. Lo hice con Els Joglars y lo he vinculado a Tabarnia, porque tiene esa intención de reírse de ellos. De hacer un espejo de ellos ante la sociedad.

–¿Hasta cuando se podrá sostener esta situación?

–Hasta que acabemos convertidos en una de las regiones pobres de España. Aquí lo que se está produciendo es un suicidio y como los nacionalistas mantienen todavía un núcleo de gente muy significativo que no reacciona, que no analiza, que no piensa y que sigue en la misma dirección, esto puede durar mucho tiempo. Mientras haya dos millones de personas que voten, como lo han hecho, a un señor que está en el exilio, huido de la justicia y escapado de una forma indigna, hay una epidemia en Cataluña. Hay gente que está sometida a una enorme epidemia de fanatismo y estupidez al por mayor.

–¿La receta para esa epidemia es el humor?

–Yo creo que de momento se pueden hacer dos recetas. Una es tratando de distanciarse con el humor, la otra es aplicar la ley. Esta ya se ha hecho y ha dado sus resultados. Buena prueba de ello es que están atemorizados haciendo piruetas para no ir a la cárcel. Y nosotros, desde el lado de Tabarnia, haciendo acciones para mostrar su ridículo. En estos dos frentes a lo mejor conseguimos alguna cosa, pero no va a ser fácil…

- ¿Tabarnia nace solo de la sátira?

–Y también de una situación objetiva. Que es que el territorio de Tabarnia cuenta con voto constitucionalista mayoritario. En caso extremo se podría pedir al resto de los españoles que Tabarnia fuera comunidad autónoma. Si el resto quiere independizarse, allá ellos. Sería un desastre porque el territorio de Tabarnia tiene un 90% de los recursos de Cataluña.

–¿Se ven concurriendo a unas elecciones como ha hecho en Italia el Movimiento 5 Estrellas?

–En absoluto. Eso no puede pasar a la realidad de la política. Tabarnia está al margen de la política. Asume el conjunto de pensamiento de unos ciudadanos que están en desacuerdo con el nacionalismo. Pero no tiene ningún vinculación política concreta. Son antinacionalistas pero piensan lo que les da la gana. Si entrase en política quedarían destruidos sus principios.

–En los últimos tiempos se ha hablado mucho del humor y sus límites…

–Yo creo que al artista no hay que limitarlo. Lo que no se puede hacer es pedir para el artista un estatus especial. Hay cosas que si las dice un ciudadano tiene problemas con la justicia y el artista no puede pretender que lo que le sucede al resto de ciudadanos no le suceda a él. Cuando un artista trasgrede unas determinadas leyes sabe a lo que se arriesga. Yo lo pongo en dos planos distintos: que la sociedad se defienda con unas leyes sobre los límites de la libertad me parece lógico, porque no puede ser que alguien pueda insultar o calumniar en público; y que el artista debe saber que si transgrede lo tiene que hacer con la suficiente gracia y el suficiente arte como para que un juez no quiera intervenir en ello. Es el juego del ratón y el gato. No podemos pretender un estatus especial para los artistas.

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