La renuncia de Berzosa abre una etapa de «normalización» en la diócesis

Monseñor Raúl Berzosa Martínez. /ALBERTO MINGUEZA
Monseñor Raúl Berzosa Martínez. / ALBERTO MINGUEZA

Seguirá siendo obispo emérito en espera de que el Papa le otorgue destino y a Miróbriga llegará García Burillo como administrador

REDACCIÓN / WORDCIUDAD RODRIGO

La noticia saltaba a media mañana del día de ayer. El Papa Francisco aceptaba la renuncia de Monseñor Raúl Berzosa Martínez como obispo de la Diócesis de Ciudad Rodrigo y, de esta manera, se recuperaba la «normalización» de la misma.

En un primer momento, el anuncio se produjo a través de la página web de la Conferencia Episcopal y, posteriormente, fue la propia diócesis la que confirmó algunos extremos como que el actual administrador apostólico, don Francisco Gil Hellín, también cesaba en este cargo y que será sucedido por el emérito de Ávila, Jesús García Burillo, hasta que el santo padre nombre un nuevo obispo civitatense.

Gil Hellín aclaró algunas cuestiones como la celebración durante la mañana de ayer del Colegio de Consultores, integrado por diferentes sacerdotes de la diócesis, y a través de los que García Burillo tuvo oportunidad de conocer algunos detalles acerca de la misma.

El emérito de Ávila recala en Ciudad Rodrigo como administrador apostólico en 'sede vacante', el proceso habitual en cualquier diócesis hasta que se nombra un nuevo obispo. En el caso de Francisco Gil su condición era la de administrador apostólico en 'sede plena' pues la diócesis no estaba vacante sino que se vivía una situación «especial» con Berzosa fuera en situación de retiro temporal. La diferencia está en que no se recogen las mismas funciones con una fórmula u otra.

A medida que fueron avanzando los minutos, varias cuestiones tomaban más fuerza: el futuro de Berzosa y el futuro de la diócesis.

Sobre el futuro del hasta ahora prelado civitatense se dejó claro que «sigue en activo como obispo, en retiro temporal y en espera de un futuro nombramiento cuando el Papa Francisco lo crea conveniente».

Sobre la posible desaparición de la diócesis, un hecho sobre el que se ha especulado en tantas ocasiones, la respuesta tanto del vicario general, Tomás Muñoz, como la de Gil Hellín es que no hay nada que haga pensar en esa posibilidad, es más, «que la Santa Sede haya provisto a un obispo es un buen signo», dijo Francisco Gil. De no haber sido así y una vez cumplidos unos breves plazos, el Colegio de Consultores tendría que haber nombrado un administrador diocesano.

Los responsables insisten en que nada hace temer por el futuro de la diócesis

Sobre el tiempo que se tardará en nombrar a un nuevo prelado nadie tiene una respuesta, aunque los responsables de la diócesis se mostraron confiados de que «no sean muchos meses» teniendo en cuenta que han pasado otros siete meses desde que Berzosa salió de Ciudad Rodrigo. En concreto, el 15 de julio saltó la noticia de ese retiro temporal por motivos personales.

Esta situación de administrador apostólico en sede vacante no es nueva para la diócesis, pues a excepción de lo que sucedió con don Raúl Berzosa, que se conoció su nombramiento el mismo día que cesaba Atilano Rodríguez, siempre ha habido que esperar unos meses tras el cese de los obispos.

Por otra parte, el comunicado remitido por la diócesis recogía algunos agradecimientos de Berzosa, por ejemplo, «a los fieles civitatenses y a su actual administrador apostólico, don Francisco Gil Hellín, por todo lo mucho y bueno que de ellos ha recibido».

También agradecía «el respeto a su decisión y a su privacidad», al tiempo que expresaba «su más sincera bienvenida a quien será, desde hoy, el nuevo administrador apostólico, don Jesús García Burillo».

Raúl Berzosa estará en Ciudad Rodrigo el próximo sábado presidiendo una eucaristía de despedida en la Catedral.