Los topillos no frenan el trillo

Un carro de acarreo,durante el desfile de maqunaria antigua. /Marta Moras
Un carro de acarreo,durante el desfile de maqunaria antigua. / Marta Moras

Castrillo de Villavega recuerda las labores tradicionales del campo en su fiesta más conocida

INÉS MACHOCastrillo de Villavega

La mecanización de las labores agrícolas, a partir de los años cincuenta, jubiló poco a poco los trillos y los dalles, las gabilladoras y los carros de acarreo. Pero, aunque ya nadie aparve trigo en las eras castellanas, quienes lo hicieron quieren recordarlo y compartirlo con las generaciones más jóvenes. Con esta intención, la localidad palentina de Castrillo de Villavega empezó hace diecinueve años a celebrar la fiesta estival de La Trilla, que se ha ido consolidando hasta convertirse en una cita inapelable que consiguió reunir a miles de personas de dentro y fuera de la comunidad.

Demostración de la trilla en el plantío.
Demostración de la trilla en el plantío.

En anteriores ediciones, entre las demostraciones de las faenas tradicionales del campo, se hacía también la siega del trigo. Este año, los topillos han dañado la cosecha y han impedido segar y separar el grano de este cereal, algo que no ha entorpecido la celebración que, como novedad, hizo la exhibición de la trilla con lentejas de Tierra de Campos. Pero antes, tuvo lugar el desfile de maquinaria antigua hasta la ermita de la Virgen del Camino, donde varias vecinas del pueblo entonaron La Salve. Las castrillenses vestían el traje tradicional con el que las mujeres iban a trabajar el campo, conformado por una falda negra, larga, en un periodo en el que se decía, según recordaba una vecina, «que lo que quitaba el frío quitaba el calor».

Vecinas de Castrillo cantan la Salve frente a la erminta.
Vecinas de Castrillo cantan la Salve frente a la erminta.

Si las labores eran arduas para los campesinos hace cincuenta años, aún más para las mujeres, que lo combinaban con el cuidado del hogar. Por ello, el Trillo de Plata de este año se entregó a Lumi García. «Una típica mujer castellana, trabajadora y muy querida por el pueblo», según explicó Jaime Laso, presidente de la Asociación Cultural La Trilla. La entrega de este galardón se hizo durante la sobremesa, junto a la del Trillo de Oro, que fue para el analista político Chema Crespo. Una distinción que responde a su popularidad, según explicó Jaime Laso. «Chema es un palentino mediático al que se reconoce, esperamos que con él venga más gente», apuntó.

Los cocineros ultiman los preparativos del tradicional cocido.
Los cocineros ultiman los preparativos del tradicional cocido. / Marta Moras

De toda la jornada, el mayor momento de encuentro se da todos los años durante el banquete, en el que se sirvieron más de mil platos de cocido. Este tradicional guiso necesitó noventa kilos de garbanzos, doscientos cincuenta de carne, treinta de pasta de sopa y más de quinientos litros de agua. Para coordinar todo el trajín, organizadores colaboraron guiados por Carlos Herrero, vecino del pueblo que, aunque profesionalmente se dedica a la jardinería, hace diecisiete años que dirige los fogones en el día de La Trilla. Hoy, las mesas del plantío aún seguirán allí durante el mediodía, donde se espera que unas cuatrocientas personas probarán un menú de fabada castellana.