El primer afectado del año por tularemia: «Me he pasado una semana en la cama con cuarenta de fiebre»

Enrique García, primer afectado por tularemia del año, señala una madriguera de topillo en un campo de alfalfa. /El Norte
Enrique García, primer afectado por tularemia del año, señala una madriguera de topillo en un campo de alfalfa. / El Norte

El agricultor de Fuentes de Nava, Enrique García, asegura que su contagio no se debió a un contacto directo con topillos

Marco Alonso
MARCO ALONSOPalencia

Enrique García, un agricultor de Fuentes de Nava, fue el primero de los casos de tularemia registrados este año en Palencia. «Cuando me dijeron que lo que tenía era tularemia no me acordaba ni qué era eso», asegura este joven de 32 años, que comenzó a sentirse mal el 26 de mayo y que ahora, ocho semanas después de los primeros síntomas, afirma que por fin está bien, aunque ha sufrido un proceso complicado en el que su mayor enemigo ha sido la fiebre.

La bacteria responsable de la infección, la Francisella tularensis, utiliza a roedores, conejos y liebres como huéspedes reservorios y, al ser muy infecciosa –se necesita muy poco inóculo (cantidad de bacterias) para lograr la infección– muchos de los contagios se dan sin que los enfermos lleguen a recordar un contacto directo con animales potencialmente infectados. «No sé cómo me he podido contagiar. Yo no he hecho ninguna cosa rara, solo lo normal que hace cualquier agricultor. He trabajado con los tubos y con el agua, como hago siempre», explica.

La gran capacidad de infección de la bacteria hace que una imagen como la que apareció hace unos días en el periódico, en la que se podían ver miles de topillos muertos sean especialmente alarmantes para Enrique García. «Vas a por la alfalfa y les vas pisando muertos, vivos, comidos y de todas las maneras. Como estoy expuesto a todas horas, no sé cómo pudo suceder. Yo no he tocado ningún 'ratón' ni he metido la mano en ningún sifón con estos animales muertos, pero los aspersores se tapan de 'ratones' y cuando abres, salen hasta las tripas», afirma.

Los síntomas de la tularemia son cansancio y fiebre especialmente alta, algo que se puede confundir con otro tipo de enfermedades, por lo que a los médicos que trataron a Enrique les costó dar con su dolencia. «Me mandaron antibiótico y seguía con fiebre, así que me hicieron una analítica completa. A los 15 días, cuando llegaron los resultados, ya se me había pasado y me enteré de que lo que tenía era tularemia», explica este vecino de Fuentes de Nava, que no esconde que le ha costado mucho recuperarse de la enfermedad. «Me he pasado una semana en la cama con 40 de fiebre. Me ha dejado baldado, pero ya lo he pasado», explica poco antes de añadir que teme las secuelas que le haya podido dejar este episodio. «Tengo el miedo en el cuerpo de que puedan venir más síntomas después o de que me afecte de alguna otra manera. Temo que esto no acabe aquí, pero ahora mismo estoy bien», agrega.

Este hombre reclama actuaciones para que la tularemia no se convierta en una pandemia. «Hay que tomar medidas para frenar la población de topillos. La administración siempre da buenas palabras, pero no toma medidas. Sé de agricultores que están con los mismos síntomas que tenía yo. Van a salir muchos casos más. Esto va a llegar a toda la población, no solo a los agricultores, porque las piscinas y los jardines están llenos de topillos. Nos van a comer. Hay millones de ellos. No está libre nadie», explica Enrique García.