Así se defiende una tesis doctoral en menos de tres minutos

Daphne López explica su tesis en Palencia. / Antonio Quintero

El concurso de la UVa 'Three Minute Thesis' trata de acercar y sintetizar la investigación para hacerla más entendible

Marco Alonso
MARCO ALONSOPalencia

Tres minutos dan para mucho. En esos 180 segundos, unos son capaces de prepararse el desayuno; otros, de hacerse la cama; e incluso, si uno atiende a la actualidad política, puede llegar a pensar que en ese pequeño espacio de tiempo hay algún privilegiado que es capaz hasta de elaborar una tesis doctoral. Pero confeccionar una tesis es mucho más costoso que pulsar hasta la extenuación los atajos de teclado 'Ctrl+c' y 'Ctrl+v'. Y es que lo único que se puede hacer en tres minutos relacionado con una tesis es explicarla, y eso es lo que hicieron los doce participantes en el concurso de la UVa 'Three Minute Thesis', que resumieron con un lenguaje claro sus tesis en un formato ágil y dinámico, tal y como se puede ver en el vídeo adjunto.

Parece muy complicado hablar de insulina y diabetes y utilizar una analogía futbolística para explicarlo, pero eso es lo que hizo Carlos Manuel González en una explicación que no tuvo premio, tal vez porque el VAR le jugó una mala pasada. Las que no necesitaron revisión de la jugada para acceder a la final del concurso fueron Daphne López, Iosody Silva y Sara Uzquiano, que pelearán –junto a otros nueve clasificados– por llevarse los suculentos premios que se repartirán el día 30 en el paraninfo de la UVa.

Daphne López ya sabe lo que es participar en la final del pasado año y demostró que sabe bien cuál es el secreto para hacerse con el triunfo final. «Lo más importante es saber sintetizar la información. Saber mucho no te hace dar mejores charlas. Hay gente que es muy experta en una materia que no transmite nada y hay otra que sabe mucho menos y lo expone mucho mejor», afirmó Daphne, que acabó su disertación sobre gestión forestal sostenible con la siguiente frase: «permitamos que estos árboles nos dejen ver el bosque y, de paso, ayudaremos a dejar un planeta mejor a nuestros hijos», una conclusión que ganó una tremenda fuerza cuando la ponente, embarazada de cuatro meses, se pasó la mano por su vientre.

Lo que se vio en la Casa Junco de Palencia era un ejercicio en el que valía tanto saber comunicar como saber sobre el tema que se iba a tratar y eso es lo que hizo otra de las tres finalistas, Iosody Silva, que habló sobre medicamentos de origen natural con un lenguaje cercano que le dio el pase a la final después de resolver con tanta ciencia como arte la siguiente pregunta: ¿qué tienen que ver una gamba, una abeja y una cubertería de plata?

Aunque parezca mentira, abejas, gambas y tenedores tienen algo en común que desvela la tesis de Iosody, mientras que el trabajo de la otra finalista, Sara Uzquiano, sobre los bosques tiene mucho que ver con el futuro. «Los bosques son nuestros grandes aliados para contrarrestar los efectos del cambio climático, pero debemos usar la madera porque es un recurso renovable. Parece que hay un conflicto de intereses entre los que quieren cortar y los que pretende preservar», incidió Uzquiano para apostar por ambas cosas utilizando las matemáticas como método con el que «tener una foto real de los bosques del futuro».

Las matemáticas pueden ser unas excelentes aliadas para el campo; las gambas pueden tener mucho que ver con tenedores y abejas; y el futuro puede estar en los árboles, pero si no hay alguien que convierta todo ese conocimiento en digerible para la sociedad, será difícil que el común de los mortales sepa para qué sirven determinadas investigaciones. Y para eso se ha creado este concurso, tal y como señaló la conductora del acto, Elena Hidalgo. «Necesitamos hacernos entender. Si la sociedad entiende que lo que hacemos es útil, porque revierte en nosotros tarde o temprano, será más fácil que nos apoyen financien. No hacemos esto solo porque queremos contarlo que hacemos, sino también porque queremos que la sociedad entienda que investigar es necesario, que va nuestra vida en ello, y que para eso hace falta dinero», sentenció la profesora de genética vegetal de la Escuela de Agrarias.

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