Villarramiel vibra con unos encierros con más de 400 años de tradición

Uno de los mozos intenta recortar a una de las vaquillas, durante los encierros celebrados este sábado en Villarramiel. /Marta Moras
Uno de los mozos intenta recortar a una de las vaquillas, durante los encierros celebrados este sábado en Villarramiel. / Marta Moras

La localidad celebró el día grande de las fiestas de San Bartolomé con un animado recorrido con cinco vaquillas

JESÚS GARCÍA-PRIETOVillarramiel

Hablar de las fiestas de Villarramiel es hablar de tradición y de excepcionalidad. La localidad celebró ayer el día grande de las fiestas de San Bartolomé, con unos encierros que cumplen más de cuatrocientos años de historia. «Existe un documento donde dice que en el hospital de Capillas se trató a un herido por asta de toro en los encierros del pueblo y a raíz de ese documento sabemos de la antigüedad de los encierros», señalaba la alcaldesa Nuria Simón.

Los peñistas se fueron dando cita en la plaza de España de la localidad pocos minutos antes del lanzamiento de los primeros cohetes de aviso de la suelta de la primera vaquilla. El ambiente festivo poco a poco iba iluminando la plaza y los mozos ocupando sus posiciones, esperando el comienzo del espectáculo.

Estos festejos, además, cuentan con una peculiaridad. «Normalmente los encierros se dan en una calle y en Villarramiel el recorrido es a través de una manzana. Las vaquillas salen escalonadas desde la plaza y van atravesando las calles del pueblo cada quince minutos», explicaba la alcaldesa. «Este es el único pueblo de la provincia donde se realiza un encierro en el campo», matizaba Rebeca Pardo, una de las concejalas del ayuntamiento, que además es peñista de una de las más de sesenta peñas con las que cuenta la localidad palentina.

No fue hasta pasados unos minutos de las siete de la tarde cuando hizo su aparición la primera de las vaquillas, que tardó en emprender el recorrido por las calles de la localidad. Los más valientes se lanzaron con capotes improvisados con chaquetas para dar los correspondientes pases. Poco a poco los vecinos se fueron congregando en las inmediaciones para presenciar el encierro y se fueron situando detrás de las talanqueras de protección, con más de 1.000 abonos vendidos, ya que el encierro fue de pago.

La segunda vaquilla salió muy envalentonada y no tardó en recorrer las calles de la localidad para volver a la plaza junto a la primera. Sin embargo, no fue hasta la tercera vaquilla cuando los festejos lograron animarse con varios mozos recortando al animal para el disfrute de los aficionados, muchos de ellos llegados desde otras localidades.

Villarramiel es uno de los pueblos que continúa con la tradición de los encierros que este año ha disminuido en la provincia. «Los encierros son nuestra seña de identidad, además de la cecina de caballo y los curtidos», indicaba Miguel Ángel Roldán, concejal del ayuntamiento y orgulloso peñista.