Posverdad, 'fake news' y Castilla vaciada

«En 2019 gran parte de nuestro territorio no tiene vuelta atrás desde el punto de vista de ocupación y desarrollo: hay grandes espacios con población por debajo de cinco habitantes por kilómetro cuadrado»

Félix Revilla Grande. /Alberto Mingueza
Félix Revilla Grande. / Alberto Mingueza
Félix Revilla Grande
FÉLIX REVILLA GRANDEValladolid

Según la Wikipedia, 'posverdad' es una mentira emotiva que describe la distorsión deliberada de una realidad, con el fin de crear y modelar la opinión pública e influir en las actitudes sociales, en la que los hechos objetivos tienen menos influencia que las apelaciones a las emociones. Y las 'fake news' podríamos decir que son la difusión de esa posverdad con el objetivo de la desinformación deliberada o el engaño. Conlleva la idea de intencionalidad y falsedad. Pensando en la despoblación rural de nuestra tierra, he asociado estos dos conceptos a este problema así, como de una forma natural. Intentaré explicar por qué.

Cuando se habla de despoblación rural en Castilla y León, por ejemplo (por no irnos más lejos), se nos transmite que es un fenómeno sobrevenido, como una borrasca, de lo que nadie es responsable. La despoblación ha venido, nadie sabe cómo ha sido, y todos lo lamentamos mucho: nadie tiene la culpa. Y todos participan inocentemente, o no tanto, de esta mentira emotiva (posverdad). La despoblación es una desgracia que nos une a todos: no tiene color político ni económico ni ideológico. No es cierto.

Pues ya está montada la posverdad; ahora solo hay que difundirla, que salga en los medios a fin de que vivamos todos en el engaño y a nadie se le pidan explicaciones y cada uno siga manteniendo sus privilegios (es decir, hay que elaborar las 'fake news').

Pero todos sabemos que las cosas que ocurren suelen tener causas. Lo que hoy ocurre no es algo sobrevenido sin ninguna explicación y que todos podamos lamentar por igual. Unos lo lamentan y lo sufren y otros son más responsables y deberían tener mala conciencia.

En Castilla y León vacía hay causas, procesos y, por tanto, actores con responsabilidad.

Este proceso de vaciamiento se viene dando en gran parte de España desde finales de los años 50, y además es muy complejo. Fue entonces cuando se fue imponiendo un modelo de desarrollo territorial que es el principal causante de la despoblación actual. La Administración de entonces -los tecnócratas famosos- primó un tipo de desarrollo urbano y concentrado: País Vasco, Cataluña, Madrid, los denominados Polos de Desarrollo como Valladolid, Burgos o Vigo, que eran el orgullo de los grandes avances de nuestra patria de los años 60. Estas políticas dejaron al resto del país, la España rural, como un solar desde el punto de vista del desarrollo económico y desde el punto de vista humano. No parecía preocupante. Lo importante era crecer y salir de la pobreza. Otro modelo hubiera podido haber potenciado una industrialización global más diseminada en todo el territorio con unas buenas comunicaciones, más equilibrada, que hubiera evitado muchos males sociales que hemos tenido también en las ciudades (marginación, pobreza, droga, delincuencia o hacinamiento). En otros lugares del país se hizo mejor; en otros lugares de Europa se hizo muy bien.

La Administración, nuestros políticos, los poderes económicos y los financieros, en vez de reconocer a tiempo los errores de esas políticas, y ya entramos en el tardofranquismo y la democracia, lo que hicieron fue lamentarse de un hecho que estaba ahí, del que nadie tenía la culpa y que lloraban hombro con hombro, con los pueblos desérticos y abandonados; eran uno más sufriendo esta desgracia. La posverdad se mantiene y crece. Y no se pusieron en marcha políticas reales a largo plazo; lo necesario siempre es ganar las elecciones y eso es cortoplacista siempre. Tampoco están libres de responsabilidad otros actores sociales como las propias organizaciones profesionales, las universidades, el mundo de la cultura...

En 2019 gran parte de nuestro territorio no tiene vuelta atrás desde el punto de vista de ocupación y desarrollo: hay grandes espacios con población por debajo de cinco habitantes por kilómetro cuadrado (desierto poblacional); ahí se irá produciendo una tragedia, desde el punto de vista ecológico, de paisaje, de equilibrio territorial, de patrimonio rural y cultural. Pero esto es algo que no se dice con claridad y rotundidad: «Un porcentaje altísimo de nuestro territorio y de nuestros pueblos ya no tiene futuro. No tiene viabilidad». «Vamos a intentar, esta vez en serio, hacer algo por crear nuevos modelos que tengan posibilidad de desarrollo». Y ponerse manos a la obra a trabajar por este nuevo modelo que sin duda hay que alumbrar. Y no vale con decir que se van a hacer cosas y se va a dedicar dinero (hay ejemplos cercanos en nuestra comunidad de dinero malgastado), si no hay un verdadero planteamiento a futuro que deberíamos conocer todos los ciudadanos. Nos jugamos cómo va a ser el medio rural en un futuro muy próximo, nuestro territorio, nuestro paisaje, nuestra ecología; esto exige pensar, planificación, diálogo, decisiones a largo plazo.

Estamos en el año 2019, a las puertas de unas elecciones, y nuestros responsables se siguen lamentando por esta despoblación, echándose la culpa unos grupos políticos a otros… o pensando que esto se arregla poniendo unos cuantos millones de euros para tal o cual cosa. Y ellos los van a poner, aunque ese dinero, claro está, es de todos. Son los mismos que nos han traído hasta aquí y parece que quieren perpetuarse, pero no tienen un proyecto de futuro.

El disputado voto del señor Cayo sigue siendo real, aunque apenas queden señores Cayo.

En la celebración de San Isidro 2019 rogamos al santo por la siempre necesaria lluvia, pero también por el necesario pacto autonómico de todas las fuerzas políticas y sociales para trabajar por nuestro territorio con verdad, sin noticias falsas, iniciando procesos de largo alcance, no promesas electorales, de los que podamos esperar los resultados que todos deseamos.