Los 'héroes' que salvaron a la Catedral de León: «Notre Dame sigue en pie y revivirá»

Los 'héroes' que salvaron a la Catedral de León: «Notre Dame sigue en pie y revivirá»

Pelayo, José Andrés y Santiago Seoane aprueban la labor de los bomberos de París que, como su padre, evitaron cargar con agua una estructura que hubiese reventado

A. CUBILLAS
A. CUBILLASLeón

Han pasado casi 53 años, sin embargo, el recuerdo del voraz incendio que el 29 de mayo 1966 devoró la techumbre de la Pulchra leonina arde como el primer día. Al menos entre Santiago, José Andrés y Pelayo Seoane, miembros de una saga que 'bordó' la Catedral de León.

Cinco décadas después, su testimonio, su experiencia cobra protagonismo después de que el mundo entero enmudeciese este lunes ante las impresionante bocanadas de fuego devorando otra de las joyas góticas: la Catedral de Notre Dame.

A los pies de la seo leonesa, Santiago hace memoria para recordar ese domingo de mayo. Salía de una comunión y vio una columna de humo. De inmediato, le dio la voz de alerta a su padre, Andrés Seoane, al que el gobernador civil de León le puso al frente del incendio.

Cuando el fuego no se combate con agua

Precisamente, a él, se le puede atribuir de alguna forma la salvación de la Catedral leonesa, porque, en ocasiones, al fuego no se le puede combatir con agua. «De inmediato, accedió al interior del templo y pidió a los bomberos que se retirasen ante el temor de que el templo se viniese abajo».

El motivo, recuerdan los tres hermanos, la piedra toba de la estructura de la Catedral de León. Una piedra muy porosa, que resiste el fuego pero que absorbe con facilidad el agua. «De haber mantenido la actuación con agua, se hubiera traducido en una sobrecarga en la piedra, corriendo el riesgo de que la estructura hubiese reventado. Por ello, se optó porque el fuego se extinguiese por sí mismo».

Una actuación que se replicó este lunes en París y que, recuerdan los tres hermanos, ha permitido mantener en pie la estructura de la seo parisina que, a diferencia de la de León, contaba con un hándicap que, en buena medida, aceleró el incendio y dificultó su extinción.

Las 250 toneladas de plomo de la aguja

Se trata, tal y como reflexiona José Andrés, de la composición de la aguja –que finalmente se vino abajo- totalmente de plomo, concretamente de 250 toneladas de plomo. «En París no fue el fuego lo que más daño a Notre Dame, sino el plomo de la aguja que, tras calentarse, aceleró el fuego».

Algo, continúa, que no pasó en León, donde sólo hubo maderas, «la madera se quema, pero tarda mucho en arder y en convertirse cenizas, lo que te da tiempo a actuar, todo lo contrario que con el plomo, el hierro y el cobro, como ocurrió recientemente en una iglesia de la localidad de Navalcarnero».

Ahora, por delante, un duro trabajo, que, en el caso de León, tuvo al frente a Andrés Seoane y a sus hijos que fueron los encargados de moldear y recuperar el esplendor perdido tras las llamas.

Los restauradores que permitieron a la Catedral recuperar su esplendor.
Los restauradores que permitieron a la Catedral recuperar su esplendor.

La recuperación de la pulchra leonina

Unas labores que en León arrancaron apenas horas después de declararse el incendio. «Mi padre y yo salimos de la Catedral a las dos de la madrugada y a las ocho ya estábamos allí. Observando y esperando a que el brasero se apagase».

La suerte estuvo, no sólo en el amplio conocimiento que tenía Andrés Seoane de la Catedral, sino también en el equipo de profesionales que, por aquel entonces, estaban desplazados a León para acometer la restauración de la plaza de San Isidoro. «Al día siguiente estábamos 20 personas empezando a desmontar», recuerda Pelayo.

«Lo primero fue la limpieza, la retirada de las maderas, de los tizones, de los escombros y empezar a preparar la cubierta», recuerdan los dos hermanos, que hacen alusión a los talleres de Rogelio Fernández, ubicados en Puente Castro, encargados de realizar las cubiertas de los principales monumentos de España.

Trabajos que, entre otras cuestiones, se tradujeron en la supresión total de la madera en la Catedral, por el peligro que entraña. Madera que, precisamente, alimentó el fuego de Notre Dame. Por ello, hoy los tres hermanos se preguntan cómo, en base a la experiencia vivida en León, no se optó por retirar las madreras de Notre Dame.

Unas labores que recibieron un «cheque en blanco» del gobierno de Franco y que se prolongaron durante dos años, pero que los hermanos Seoane reconocen que no entrañaron complicación alguna. Algo que no pueden afirmar en el caso de Notre Dame, a la espera de conocer con detalle el verdadero alcance del incendio.

Por ello, piden paciencia, coordinación y profesionalidad. «Por delante, les espera un trabajo duro, porque además ahora la gente está preparada en estudio pero no de mano», reconoce José Andrés, que recuerda cómo tanto él como sus hermanos ya eran capaces de moldear madera, hierro o plomo.

En cualquier caso y a los pies de la pulchra leonina, trasladan un mensaje de optimismo a los parisinos y confían en que más pronto que tarde, Notre Dame cierre la herida del fuego.