'Terminator' Ntaganda es hallado culpable por la Corte Penal Internacional

Bosco Ntaganda, durante la vista en el Tribunal Penal Internacional./REUTERS
Bosco Ntaganda, durante la vista en el Tribunal Penal Internacional. / REUTERS

El señor de la guerra de Congo deberá cumplir una condena todavía sin determinar por esclavismo sexual, asesinatos, violaciones y reclutar niños soldado

GERARDO ELORRIAGA

Bosco Ntaganda permaneció este lunes imperturbable mientras se sucedían los veredictos de culpabilidad. Como ha sucedido con otros señores de la guerra en situación similar, el reo congoleño no mostró ningún tipo de emoción ante el hecho de que tenga que responder con una larga pena de cárcel por la comisión de dieciocho delitos considerados crímenes de guerra y de lesa humanidad. El veterano miliciano, también conocido como 'Terminator', ha sido condenado por la Corte Penal Internacional de La Haya, donde permanece recluido desde su entrega voluntaria en marzo de 2013. El reo conocerá la duración de su pena en una audiencia posterior y contará con treinta días para recurrir.

El asesinato, la violación, el reclutamiento de niños soldado, la esclavitud sexual o el saqueo son algunas de las prácticas que el acusado llevó a cabo en la región de Ituri, al noreste de Congo. Sorprendentemente, todas estas acciones se corresponden con un breve lapso de tiempo en la trayectoria bélica de este individuo, de 46 años. Los hechos fueron llevados a cabo entre 2002 y 2003, y entre los más graves se encuentran masacres como la del campo de bananos de Kobou, en la que perecieron hombres, mujeres y niños.

LA CLAVE:

Falsa guerra étnica.
Lideró unas milicias que en realidad luchaban por el control de las minas de oro y diamantes del país africano

La condena de Ntaganda sucede a las de Thomas Lubanga y Germain Katanga, otros dos señores de la guerra también implicados en un conflicto regional incentivado por la ancestral rivalidad entre dos comunidades locales, los hema y los lendu. Diversos caudillos se valieron de su ascendiente para organizar milicias étnicas que se disputaron el control de las minas de oro y diamantes. La vertiente militar tan sólo fue una cortina de humo para hacerse con las explotaciones y el tráfico ilícito de los recursos naturales.

Mercenario

La peripecia de 'Terminator' resulta más compleja que la de sus predecesores en el tribunal holandés. El prisionero se unió al Frente Patriótico Ruandés, la guerrilla que, desde Uganda, hostigaba al régimen hutu, y tras la victoria de los suyos, inició una trayectoria mercenaria que incluyó su participación en la Unión de Patriotas Congoleños, una de las facciones implicadas en el saqueo de Ituri.

Su incursión en la zona septentrional le reportó grandes beneficios, ya que los informes periciales le adjudican el control de tres minas. Además, los acuerdos de paz en la zona le proporcionaron el cargo de general, que rechazó. En 2006 regresó a Kivu Norte, su provincia natal y se sumó a la fuerzas de Laurent Nkunda, un caudillo tutsi que se enfrentó al Gobierno central de Kinshasha. Como en el caso anterior, los tratados de paz supusieron la integración de la guerrilla en el Ejército y la conversión de los caudillos en oficiales de rango superior. En 2012, abandonó su cargo y encabezó una rebelión protagonizada por 300 antiguos guerrilleros.

La caída en desgracia de Ntaganda no parece ajena a las complejas relaciones entre Congo y Ruanda, árbitro en la vida política de los Grandes Lagos. 'Terminator' vivía en una hacienda cercana a Goma, muy cerca de la frontera, y el presidente, Joseph Kabila, reclamó su arresto. Como en el caso de Nkunda, cruzó la aduana, pero, en vez de entregarse a las fuerzas de seguridad locales, se dirigió a la Embajada estadounidense en Kigali y pidió ser entregado al Tribunal Penal Internacional.

La condena de 'Terminator' ha sido motivo de júbilo en Ituri, donde es bien conocida su trayectoria criminal. A lo largo del juicio, han sido mostrados los testimonios de 2.200 víctimas que poseen el derecho a una indemnización por los daños ocasionados. Desgraciadamente, los juicios de sus predecesores se saldaron sin que se haya producido ningún tipo de reparación económica.