Nelson Mandela, cien años de perdón

Nelson Mandela posa en una fotografía de 2005. /Radu Sigheti (Reuters)
Nelson Mandela posa en una fotografía de 2005. / Radu Sigheti (Reuters)

El centenario del nacimiento del sudafricano sirve para recordar la política de reconciliación para la paz

Javier Bragado
JAVIER BRAGADOMadrid

Nelson Rolihlahla Mandela vivió cautivo 18 años de su vida en una celda la isla a 12 kilómetros de la Costa de Ciudad del Cabo. Su condena le había recluido en un espacio de apenas cuatro metros cuadrados en una zona aislada de la Sudáfrica que le vio nacer el 18 de julio de 1918. En aquel minúsculo recinto que hoy se puede visitar pudo masticar una venganza contra sus captores. «En la isla nos recibió un grupo de robustos guardianes blancos que gritaban: 'Dis die Eiland! Hier julle gaan vrek!' (¡Esto es la Isla! '¡Aquí moriréis!'», recodaba en su autobiografía el Nobel de la Paz. En lugar de optar por la reacción visceral se apoyó en la formación cristiana metodista de su infancia para comenzar la complicada tarea de acercar a los subyugados por el apartheid y a aquellos que tendrían que dar un paso a atrás con las manos llenas de sangre y opresión.

Cuentan los careceleros y compañeros de presidio de Mandela que aquel hombre que había sido boxeador emanaba serenidad y conciliación. Una de las primeras decisiones del originario del templo xhosa fue aprender afrikáans, el idioma de sus carceleros -obligatorio para comunicarse-, junto a su historia y su cultura. De niño ya había dejado de ser 'Rolihlala' (alborotador) para pasar a ser ese Madiba -nombre heredado de su clan- que tendió la mano desde las verjas a quienes le vigilaban.

«Para todos aquellos que se han encontrado en la tesitura de estar en prisión y tratar de transformar la sociedad, el perdón es natural porque no tienes tiempo de pensar en represalias» Nelson Mandela

Rechazó las ofertas para confesiones dictadas por los dirigentes proapartheid para abandonar la cárcel (pasaría 27 años de su vida entre rejas). Con unos pocos libros, un regimen de visitas restrictivo (una al año) e incomunicado (sólo podía escribir y recibir una carta al año) se mantuvo firme en sus principios aunque tuviera una vida limitada detrás de los barrotes. «Para todos aquellos que se han encontrado en la tesitura de estar en prisión y tratar de transformar la sociedad, el perdón es natural porque no tienes tiempo de pensar en represalias», defendía en una entrevista en el año 2000.

Fotografía de archivo con fecha del 17 de febrero de 2005 que muestra al Nobel de la Paz y prisionero político Nelson Mandela durante el lanzamiento de la segunda edición de los conciertos 46664 a favor de los enfermos de sida en Johannesburgo, Sudáfrica.
Fotografía de archivo con fecha del 17 de febrero de 2005 que muestra al Nobel de la Paz y prisionero político Nelson Mandela durante el lanzamiento de la segunda edición de los conciertos 46664 a favor de los enfermos de sida en Johannesburgo, Sudáfrica. / Kim Ludbrook (Efe)

Madiba sería presidente de Sudáfrica como candidato del Congreso Nacional Africano (CNA) el 10 de mayo de 1994 con una política de clemencia sin precedentes. Durante el desfile, se acercó a uno de los oficiales boer y mirándole a los ojos le dijo: «Se han convertido en nuestra paz, son nuestra paz». Aquello quitó la máscara de demonios a unos y otros bandos enfrentados durante décadas. En la ceremonia en que se le entregaba el poder, rogó a la multitud presente el perdón y ya anticipó una propuesta de amnistía por los crímenes y delitos políticos del sistema segregacionista. «Los valientes no temen al perdón si esto ayuda a fomentar la paz», argumentaba Mandela sobre una iniciativa que colocó al país en un alambre. «Yo ya les perdoné y ustedes deberían hacerlo», avisó en televisión el líder africano.

«Olvidemos el pasado y pensemos en el presente» Nelson Mandela

La Ley para la Promoción de la Unidad Nacional y la Reconciliación (1995) propició la creación de la Comisión para la Verdad y la Reconciliación, una organización que ejercía de intermediaria entre las víctimas y sus antiguos verdugos. A cambio de una confesión que ayudara a esclarecer lo ocurrido los autores de los crímenes quedaban libres de culpa judicial. Así, se sucedieron las audiencias con las revelaciones de torturas, violaciones y desapariciones que nunca se habrían conocido. Winnie Madikizela-Mandela, exesposa de Madiba y presidenta de la Liga de Mujeres de la CNA llegó a comparecer ante la comisión acusada de complicidad en varios asesinatos. «Ahora estoy trabajando con la misma gente que me arrojó a la cárcel, que persiguió a mi mujer, acosó a mis hijos de una a otra escuela... y soy uno de esos que dice: 'Olvidemos el pasado y pensemos en el presente'», explicaba en marzo de 1993 a Richard Stengel.

Frente a un proceso evidentemente doloroso (se calculan al menos 20.000 víctimas del sistema) y con ánimos revanchistas en el ambiente alimentados por algunos radicales, la actitud de Mandela junto a la labor del arzobispo Desmond Tutu permitió una insospechada transición por el camino del perdón. El asesinato del líder negro Chris Hani encendió los ánimos en el país hasta que su amigo íntimo Nelson Mandela apareció en televisión para lanzar una pregunta a sus compatriotas: «Si el padre mismo no estaba exigiendo venganza, ¿entonces qué bien le hacía a los demás buscarla?».

Winnie Mandela levanta su puño durante el anuncio de un concierto en apoyo de Nelson Mandela por su 70 cumpleaños.
Winnie Mandela levanta su puño durante el anuncio de un concierto en apoyo de Nelson Mandela por su 70 cumpleaños. / Wendy Schwegmann (Reuters)

En realidad, la actitud de Madiba siempre fue la misma. Cuando Stengel le señaló que sus allegados decían que su problema era que veía siempre el lado bueno de los demás Mandela contestó: «Dicen eso desde que era un adolescente y no sé... (..) No quiero que me asuste el hecho de que una persona ha cometido ciertos errores y tiene ciertas debilidades humanas. No puedo permitir que eso influya en mí».

El legado permanece intalterable y reconocible cien años después de su nacimiento. «Admiramos a personas como Nelson Mandela por ser un icono de la magnanimidad, el perdón y la reconciliación» explicaba Desmond Tutu al Dalai Lama en 'La sabiduría del perdón: El camino de la comprensión y la tolerancia'. El propio Mandela quiso enseñar a los niños cómo ser generoso, empático y clemente al escribir el libro 'África: Mis cuentos africanos'. Para todos dejó una lección de vida y palabras: «Lograrás más en este mundo mediante actos de misericordia que con actos de represión».

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