El resultado andaluz sume en la incertidumbre el calendario electoral

Juanma Moreno -derecha- y Juan Marín./EFE
Juanma Moreno -derecha- y Juan Marín. / EFE

El PP amarra los apoyos para que Moreno sea el próximo presidente de la Junta a pesar de las dudas de Ciudadanos

Ramón Gorriarán
RAMÓN GORRIARÁNMadrid

Cuando pase la espuma declarativa, concluyan los ajustes de cuentas de unos y las celebraciones de otros, Andalucía se enfrentará a un panorama inédito con amargas victorias y dulces derrotas que tendrá consecuencias en el calendario electoral de España. Qué va a hacer Pedro Sánchez es una incógnita. De momento, calla, mientras Pablo Casado y Albert Rivera redoblan sus exigencias de adelanto electoral y Pablo Iglesias habla de un frente antifascista.

Se decía que las elecciones andaluzas iban a ser un test para las generales y el escenario que ha emergido es desconcertante. Todos pierden menos Ciudadanos y Vox. Cada partido hace sus cuentas y sus lecturas, pero parece evidente que los planes de Pedro Sánchez para prolongar al máximo la legislatura se han trastocado. El único comentario del presidente del Gobierno se ha limitado a un mensaje en Twitter: «Mi Gobierno seguirá impulsando un proyecto regenerador y europeísta para España. Los resultados en Andalucía refuerzan nuestro compromiso de defender la Constitución y la democracia frente al miedo». José Luis Ábalos, su ministro de confianza y secretario de Organización del PSOE, complementó el diagnóstico: «Esto no nos provoca ninguna debilidad sino al contrario, es un incentivo para intensificar nuestra acción de gobierno y nuestra agenda social». De donde se podría colegir que de convocatoria electoral inminente, nada. Pero nadie anuncia un anticipo antes de tiempo, apuntan socialistas con experiencia gubernamental.

En el Consejo de Ministros y en la dirección del PSOE las opiniones están repartidas entre quienes son partidarios de ir ya a las elecciones y evitar así un deterioro mayor, y los que apuestan por aguantar hasta otoño para poner en marcha, aunque sea a través de decretos ley, el programa social del Gobierno. Una ojeada a los resultados en Andalucía, el feudo de los feudos electorales del PSOE, no aconsejaría sacar las urnas, aunque no todos comparten esa tesis. En la traspolación de los resultados de las autonómicas a las generales los socialistas sumarían 19 diputados, uno menos que en 2016; el PP se quedaría en 15, ocho menos; Podemos e IU, once, los mismos que obtuvieron hace tres años; Ciudadanos, once, cuatro más; y Vox, cinco escaños. Casi un empate de 31 diputados para las fuerzas conservadoras y 30 para la izquierda. Pero trasladar los resultados de unos comicios a otros de naturaleza distinta, advierten los expertos, no suele arrojar resultados fiables.

El PP, remarcó Pablo Casado, «está como una moto» tras volver a exigir el anticipo. La dirección popular ha puesto el partido en modo electoral, y no solo para las autonómicas, municipales y europeas, porque ven bastante más probable una convocatoria de generales en primavera que en otoño. La misma impresión reina en Ciudadanos y Podemos, que ya han puesto en marcha sus maquinarias electorales.

El paisaje después de la batalla deja en Andalucía otra lectura electoral preocupante para PSOE y PP por el fin del bipartidismo. Entre los dos sumaron el domingo el 48,7% de los votos. Lejos quedan los tiempos en los que acaparaban hasta casi el 87% de los sufragios. Estos nuevos tiempos tendrán un traslado inevitable a la escena nacional, y acrecienta la incertidumbre sobre la fecha de las generales.

Pero la clave, recuerdan desde la Moncloa, no es tanto la fecha, es qué hacer después para la investidura. Reconstruir la mayoría de la moción de censura para la reelección de Sánchez parece una operación fuera del alcance del PSOE por la deriva de las fuerzas soberanistas catalanas. El presumible bloque de PP, Ciudadanos y ahora Vox tampoco tendría fácil ponerse de acuerdo. El bloqueo emerge así como una posibilidad inquietante con el recuerdo del desbarajuste de hace tres años.

Tres candidatos

Ajenos a estas cuitas, en Andalucía tres candidatos se postulan para presidir la Junta: Susana Díaz al frente de una alianza constitucionalista de su partido, Ciudadanos y Adelante Andalucía; Juan Marín con la misma fórmula pero con él en cabeza; y Juan Manuel Moreno con los apoyos de PP, Ciudadanos y Vox. Lo más probable es que el candidato popular releve a la líder socialista. Y para apuntalar sus posibilidades, Casado y Moreno sepultaron hoy los escrúpulos que pudieran existir en el PP a pactar con Vox y defendieron la legitimidad de llegar a acuerdos con el partido de Santiago Abascal.

El líder del PP puntualizó que su partido «comparte» con Vox la visión fiscal, el respaldo a las fuerzas de seguridad, la defensa de la unidad nacional y la regeneración. Casado y Moreno apelaron además a otro argumento manifiestamente mejorable al justificar su entendimiento con los ultraderechistas porque si el PSOE tiene un acuerdo vergonzante «con batasunos y el partido más radical de España» por qué el PP «no va poder pactar con Vox».

Abascal aceptó el brindis y garantizó que su partido «nunca será un obstáculo para que haya en Andalucía una mayoría alternativa a la corrupción socialista y al comunismo chavista». Vox no va a poner trabas y su factura se prevé asequible porque Andalucía no deja de ser el primer peldaño de su escalera nacional, es el primer paso «de la reconquista» de España, como dijo el juez Francisco Serrano, su candidato a la Junta. Los ultraderechistas pretenden demostrar que su potencial no se alimenta solo de la gestión de la crisis de Cataluña y que su credo tiene raíces más profundas en la sociedad española.

El PP no tiene tan engrasado el acuerdo con Ciudadanos, pieza clave para que gobierne Casado. Los liberales, por ahora, se dejan querer y remolonean con sus apoyos. Es más, se arrogan el derecho de que como son el partido que más ha crecido es el que tiene más credenciales para gobernar. No les falta razón si solo se miran los números porque solo Vox, que ha pasado de la nada a 12 diputados, acredita mejores resultados.

Por eso Marín, alentado por Rivera, sacó hoy pecho para invitar a Díaz y a Moreno a respaldar su candidatura. Pero más parece un movimiento táctico para asegurarse mejores bazas en la posterior negociación con los populares. Aunque también queda una bala en la recámara, la abstención de los 17 diputados de Adelante Andalucía en la votación de la investidura permitiría que un eventual acuerdo de PSOE y Ciudadanos, 54 escaños, superase al de PP y Vox, 38. Pero es una carambola por la que pocos socialistas apuestan, y los liberales, al menos por el momento, no pasan del dibujo en el papel. Rivera tiene claro el siguiente paso y lo dijo al calor de la noche electoral, el objetivo irrenunciable es «echar al PSOE de la Junta».

En el PP, aunque no gustan los escarceos de Ciudadanos, tienen pocas dudas de que la triple alianza se consumará. Los populares recuerdan que los liberales ya hicieron lo mismo con Mariano Rajoy hace dos años, cuando juraron que no apoyaría su investidura por los casos de corrupción, y al final la respaldaron. O con la propia Susana Díaz hace tres años, a la que también negaron el pan y la sal y facilitaron su mandato. Los de Casado sospechan que los movimientos de Ciudadanos en esta oportunidad buscan la entrada con cargos de relieve en el gobierno andaluz.

Mientras el bloque conservador se ejercita con los movimientos de esgrima política, en la casa socialista empieza a refulgir los puñales. Sin mucho brillo todavía porque los filos van embozados, pero se adivinan. Con elegancia, José Luis Ábalos, secretario de Organización del PSOE y hombre de confianza de Pedro Sánchez, comentó tras la reunión de la dirección federal, lanzó un mensaje claro a Susana Díaz: «Todos tenemos muy asumido que nuestro papel está subordinado al éxito de nuestro proyecto político y con generosidad todos estamos a disposición de la organización». En román paladino le enseñó la puerta de salida. «Algo hemos hecho mal», concedió la todavía presidenta de la Junta en la reunión de su ejecutiva, pero negó que vaya a dimitir con la dirección de los socialistas andaluces unida detrás de ella como una piña.

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