La guerra comercial de EE UU y China tensiona el inicio del G-20 entre los países participantes

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, junto a su mujer a la llegada al aeropuerto de Osaka. /AFP
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, junto a su mujer a la llegada al aeropuerto de Osaka. / AFP

Trump se despacha con una nueva amenaza sobre el gigante asiático antes de llegar a Osaka, donde España aspira a que, como mínimo, se mantengan los compromisos comerciales y de medio ambiente adquiridos hasta ahora

José María Camarero
JOSÉ MARÍA CAMAREROOsaka (Japón), enviado especial

La llegada de los presidentes de las principales potencias económicas mundiales a Osaka (Japón), donde a partir de este jueves tiene lugar la Cumbre del G-20, ha resultado accidentada después de las declaraciones realizadas por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, acerca de la guerra comercial que mantiene ese país con China desde principios de año. El mandatario nortemericano avivó el fuego, poco antes de iniciar su vuelo hasta el país nipón, al apuntar que «la economía china se está yendo abajo, quieren un trato». Y ha vuelto amenzar con que «hay otros 325.000 millones a los que todavía no hemos impuesto, están maduros para ponérselos y aplicarles aranceles», comentó Trump en una entrevista televisiva.

No es la mejor carta de presentación de una cumbre que tendrá todas las miradas puestas en Trump y en el presidente de China, Ji Xinping. Su ministro de Exteriores enfatizó que «lanzar una guerra comercial, imponer aranceles, dañar a los demás y a sí mismo no resolverá el problema». De hecho, y a pesar de estas declaraciones altisonantes, entre bambalinas se puede estar trabajando en un principio de acuerdo para pactar una tregua en su disputa comercial, justo antes de que comience la reunión que ambos dirigentes mantendrán el próximo sábado dentro de las rondas bilaterales. Así lo ha indicado el diario chino South China Morning Post. Con ese pacto, se congelaría la nueva ronda de aranceles estadounidense sobre productos que le llegan del principal mercado asiático.

Pero nada está cerrado a día de hoy y posiblemente no haya un acuerdo, si finalmente se consuma, hasta pocos minutos antes de la comparecencia de ambos mandatarios en el Centro de Convenciones de Osaka. Las dos principales economía mundiales se han impuesto mutuamente aranceles en los últimos meses, en el caso de Washington de hasta 200.000 millones de dólares en importaciones chinas, y ahora podrían ser incluso más. La incredulidad se ha impuesto en las Bolsas, con tímidos movimientos pendientes de la resolución final del G-20 el sábado.

Mientras, el resto de países asisten atónitos a cualquier movimiento entre EE UU y China que puede decantar la balanza del éxito o fracaso de este G-20 sobre el que no se esperan grandes avances, tanl y como reconocen los distintos participantes, pero sí al menos que no se de un paso atrás en la apertura comercial o en la lucha contra el cambio climático.

Los grandes ejes de esta cita anual, que el año pasado tuvo lugar en Buenos Aires (Argentina), donde se consiguió una declaración final de mínimos, versarán fundamentalmente sobre las relaciones comerciales. Porque la imposición de aranceles mutuos entre las dos grandes potenciasl económicas está impactando el resto de economías y en su evolución. Los expertos esperan que un acuerdo, aunque sea frágil, sirva para impulsar el crecimiento del PIB mundial en el segundo semestre, después de un inicio de año marcado por la guerra comercial, el 'brexit' o la tensión geopolítica en Oriente Medio.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha llegado esta misma tarde junto a su esposa, Begoña López (a las 19.30 hora local, las 12.30 horas en España) al aeropuerto internacional de Osaka donde representa a España como país invitado (así ocurre desde el año 2008). Participará en dos sesiones, Digitalización e Innovación (este viernes) y la de Cambio Climático, Medio Ambiente y Energía (el sábado). Fuentes del Ejecutivo admiten que las «discrepancias» de posturas de muchos países como EE UU van a impedir un «avance significativo» en estas materias, pero confían en que «al menos no se retroceda» en ninguna de ellas.