MotoGP

Márquez sube otro peldaño hacia el olimpo del motociclismo

Marc Márquez celebra su séptimo títuo con su equipo. /Reuters
Marc Márquez celebra su séptimo títuo con su equipo. / Reuters

Tras su séptimo título en el Mundial de Motociclismo, el quinto en MotoGP, Marc Márquez continúa aumentando su leyenda a la vez que sigue reescribiendo el libro de los récords del campeonato en cuanto a precocidad

BORJA GONZÁLEZMotegi (Japón)

Cinco títulos en seis años, desde el salto en 2013, todos como piloto oficial Honda. Cinco títulos en la clase reina, los mismos con los que se retiró una leyenda como Mick Doohan, que enlazó sus cinco campeonatos, todos con la marca japonesa, de 1994 a 1998. Marc Márquez cumplirá en febrero del año que viene 26, siete menos que los que tenía el australiano en 1998. Con la sensación de que su ciclo de éxitos está muy lejos de terminar. Los tres 'fantásticos' contra los que empezó a competir en 2013 cuando dio el salto a MotoGP tras lograr el título de Moto2 están en situaciones muy diferentes: Dani Pedrosa se retira a finales de año; Valentino Rossi, 39 años, está a punto de encarar sus últimos dos como piloto mundialista, con muchas dudas revoloteando sobre Yamaha, dudas que pesan también sobre otro teórico hombre fuerte de la categoría, Maverick Viñales; y Jorge Lorenzo, 31 años, tendrá que afrontar otro reto como el de Ducati pero ahora con Honda y precisamente al lado de Márquez, que le recibirá como campeón del mundo por tercer año consecutivo y como indiscutible número 1 de la categoría. Al grupo de 'grandes' se sumó en 2017, casi por sorpresa, Andrea Dovizioso (32 años), que no esconde su orgullo por ser capaz de poner en problemas a alguien como Márquez, esto en un piloto que no estaba llamado a ser ni un contendiente al título ni tan siquiera un rival con el que contar, aunque de él se hablará en el futuro por sus duelos frente al piloto de Cervera. «Estamos llevando al límite a un seis veces campeón del mundo», confesó tras terminar segundo en Tailandia, en otro mano a mano de última curva.

Con el de este domingo Márquez acumula siete campeonatos del mundo, los cinco de MotoGP más uno en Moto2 y otro en 125cc (los siete que alcanzaron John Surtees y Phil Read, dos menos que Carlo Ubbiali, Mike Hailwood y Rossi, a seis de Ángel Nieto y a ocho de Giacomo Agostini). Todo acompañado de 69 victorias en grandes premios (115 podios), más 78 poles. Unos números de leyenda más si esas cinco coronas de la máxima categoría se comparan con las siete de Rossi y las ocho de Agostini. Dos hitos al alcance de su mano, esto si no aparece algún 'anti-Márquez', uno de los puntos de interés para los próximos años. Aunque mucho tendrá que apretar ese posible nuevo rival, porque si una cosa está dejando clara el 93 es que su ambición le empuja no sólo a no pensar en otra cosa que no sea ganar si no también a mejorar. Cuando cerró el Mundial 2017 confesó dos cosas: una, que lo que había aprendido era a no subestimar a nadie, un mensaje de reconocimiento a Dovizioso, al rival que le llevó hasta la última carrera, el hombre sobre el que puso su mirada desde el arranque de 2018 en Qatar, una carrera que ganó la Ducati con 27 milésimas de segundo de ventaja; la segunda, que necesitaba mejorar una cosa: el exceso de caídas, algo que aún no ha conseguido. Lo primero ha quedado tan claro como que ha aprovechado la inesperada rivalidad para aprender de los puntos fuertes de un contrincante que destaca por su capacidad para analizar, preparar y plantear las carreras.

«He aprendido muchas cosas de él y espero utilizarlas, pero el año que viene», dijo en referencia a Dovizioso después de proclamarse campeón en Valencia en una carrera que pudo ganar pero en la que a punto estuvo de irse al suelo. Márquez ha sabido mezclar en 2018 una parte cerebral y analítica, sacrificando el resultado poco relevante del viernes en pos de llegar al domingo con todo claro, con otra que le ha empujado sobre todo cuando olía que tenía algo más para poder ganar. «En 2015 no lo sabía sentir, porque simplemente atacaba y sabía que un tercero me sabía a derrota y aún ahora un tercero me sabe como a derrota pero sé que es importante para conseguir el título y es ahí donde hemos trabajado más durante estos años para tener esta experiencia».

El de 2013 fue un título algo sorpresivo, logrado por un piloto que no llegaba a controlar del todo la situación. El de 2014, el primero de los tres sellado en Motegi, la casa de Honda, lo construyó merced a la inmaculada racha de victorias en las diez primeras carreras del año. En 2016, otra vez en Japón, se sobrepuso a la tensión con Rossi del final de 2015, el único campeonato de MotoGP que ha disputado y no ha ganado, en el primer año en el que dio muestras de ser capaz de contenerse y anteponer resultado a ansias por vencer. En 2017 Dovizioso le llevó hasta Valencia, en un curso en el que confesó haber pasado un episodio de estrés por el que perdía pelo. 2018 ha sido el tercer cetro logrado en Motegi, en un año con algún error pero con mucho de contención y de saber gestionar los días buenos y los no tan buenos. ¿Cuál es el techo de Marc Márquez? Una pregunta que empieza a sobrevolarle pero a la que sólo el tiempo dará una respuesta. Lo que sí comienza a ser evidente es que será él el que ponga el límite a la historia del motociclismo.

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