Judo

El judoka vallisoletano que hizo las maletas para progresar

Daniel Pérez Román. /IJF
Daniel Pérez Román. / IJF

Daniel Pérez Román consigue su segundo bronce a nivel internacional en el Open de Roma

V. BORDAValladolid

Daniel Pérez Román (Valladolid, 1993) tuvo que hacer las maletas en 2011. Logró el propósito de aunar dos cosas importantes para él: una carrera universitaria y su gran pasión, el judo. Se marchó a Valencia, donde se graduó como ingeniero multimedia. Allí sabía de la existencia de un club de máximo nivel como el Valencia Club de Judo, la plataforma perfecta para crecer y progresar. Desde entonces, su avance ha sido meteórico.

Ganó el pasado diciembre el campeonato de España absoluto en la categoría de -66 kilos. Le abrió las puertas de la selección y obtuvo la medalla de bronce en el European Open de Odivelas en Portugal, este mismo mes, en su primera participación con el equipo nacional. El pasado fin de semana, en el Open de Roma, al que fue por libre, volvió a repetir una presea de bronce. Espera seguir con la racha en el próximo abierto que se celebra en Polonia. Después tomará parte en su primer Grand Prix de Marrakech, una competición de mayor calado que un open, que se celebra del 8 al 10 de marzo en esa ciudad marroquí.

Daniel Pérez llegó al judo casi de chiripa. Sus amigos del colegio, el Liceo Francés de Castilla y León, se apuntaron a este deporte. Su padre quería que practicase alguna arte marcial para defensa personal como el karate, pero en el colegio solo había judo.

Ahí comenzó una relación que ya va por los veinte años. En categorías inferiores comenzó a despuntar con victorias en combates y medallas. Entrenado por Pedro Riaguas pasó del equipo del Liceo Francés al Lourdes-Tuvasa. Acabado el bachillerato pensó que lo mejor era marcharse a una universidad de Francia, el país perfecto para progresar en este deporte. Pero la cosa no salió bien. Entonces se cruzó Valencia, con la posibilidad de cursar ingeniería multimedia y un club de máximo nivel. Optó por ello y el tiempo le ha dado la razón en forma de grandes resultados.

Sin obsesionarse

Sabe que el año que viene es olímpico y que los Juegos tienen lugar en Japón, la cuna del judo. Pero prefiere ir poco a poco, poniéndose metas más cercanas en el tiempo. «Como para cualquier deportista, unos Juegos Olímpicos son lo máximo, pero hay que ser realista. De momento, los veo muy lejos. Antes están el Europeo y el Mundial para los que ojalá me pueda clasificar, y luego ya vendrán las olimpiadas. Me encantaría poder ir. Llegaría a los Juegos en la edad perfecta, pero no me quiero obsesionar. Deseo disfrutar del camino y de las experiencias que vaya viviendo», asegura.

Daniel Pérez reconoce que tiene suerte. Compaginar trabajo y judo es un quebradero de cabeza para muchos deportistas. Él tiene la fortuna de poder conciliar ambos aspectos de su vida. Trabaja en Valencia en una empresa de diseño informático y que también es un medio informativo del mundo audiovisual. Lo hace solo durante tres horas al día, lo que le permite entrenar tanto por la mañana como por la tarde. Calcula que entrena unas 22 horas a la semana: dos por la mañana y otras dos por la tarde de lunes a viernes más otras dos horas el sábado. Las sesiones matinales las dedica principalmente a la preparación física y las vespertinas las dirige al judo propiamente dicho. «Resulta muy duro», afirma, pero sabe que es la única manera en la que puede conseguir moverse en la élite de este deporte en nuestro país.

El judoka vallisoletano tiene claro la mejoría que ha supuesto en su desenvolvimiento en el tatami el psicólogo deportivo. «Todo el mundo me decía que contaba con mucho potencial, pero me faltaba creérmelo. Mi cabeza no funcionaba en la competición como debía. Por mi club en Valencia tengo acceso a un psicólogo y no me lo pensé. Gracias a ello tengo más confianza. La cabeza es una de las armas más importantes que puede tener un judoka. Por poner un ejemplo, entre los treinta mejores del ranking las diferencias técnicas son mínimas, domina el que cuenta con la cabeza más asentada», señala este campeón de España que tuvo que hacer las maletas para crecer en su deporte.

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