Análisis

Un meneo que pone en solfa el reseteo del Real Madrid

Zidane da indicaciones a Marcelo durante el partido ante el Atlético. /Justin Lane (Efe)
Zidane da indicaciones a Marcelo durante el partido ante el Atlético. / Justin Lane (Efe)

Los blancos cierran su gira por Norteamérica con muchas incógnitas y la moral alicaída tras una humillación histórica a manos del Atlético

Óscar Bellot
ÓSCAR BELLOTMadrid

Diecinueve días después de poner rumbo a Montreal para comenzar la pretemporada, la expedición del Real Madrid regresó este sábado a la capital española llena de rostros serios por el histórico rapapolvo (3-7) que le dio el Atlético en el último partido de la gira norteamericana. Muchísimas dudas y casi ninguna certeza dejan los tres encuentros de los blancos en la International Champions Cup, que además de poblar la enfermería con cuatro convalecientes ya (el último, Luka Jovic), han extendido oscuros nubarrones sobre el reseteo, que no revolución, acometido por la directiva a instancias de Zinedine Zidane en un verano crucial para un equipo que viene de completar un calamitoso curso.

«Nuestra temporada va a ser buena, estoy convencido. Hoy no podemos estar contentos con esta derrota, está claro. Pero estoy convencido de que tengo un equipo que va a competir muy bien. Tenemos que descansar un poco y pensar en el 17 de agosto», dijo con su proverbial optimismo un Zidane cuyo enfado delataron no obstante los gestos con que recibió el cúmulo de despropósitos que facultaron el chorreo del Atlético, un conjunto que, al dictado del Cholo Simeone, no sabe de pachangas. Todo lo contrario que los blancos, que acometieron con languidez un pulso que deja profundas cicatrices por mucho que se trate de un bolo veraniego. «Nosotros hemos jugado un partido amistoso y ellos se lo han tomado como si fuera una final», señalaba Sergio Ramos a la hora de resumir la abismal diferencia que se vio en el MetLife Stadium de East Rutherford (Nueva Jersey). Un análisis demasiado simplista. Los males que atenazan a los blancos van mucho más allá de la falta de «intensidad» a que aludieron tanto el sevillano como su técnico.

Lejos de dinamitar un plantel que evidenció su agotamiento competitivo tras levantar cuatro Champions en cinco años, Zidane apostó por la continuidad de gran parte de los baluartes que cimentaron el glorioso lustro. Aunque la magnitud de la hecatombe de la pasada temporada acabó con el 'modo ahorro' que permanecía activado en la zona noble del Santiago Bernabéu desde que Florentino Pérez desembolsase 258,5 millones de euros para armar la plantilla en su regreso a la presidencia allá por 2009, los 303 millones invertidos ahora no han alterado la faz del bloque de confianza del marsellés más allá de la irrupción en el mismo de Eden Hazard. Junto al crack belga han llegado un puñado de jóvenes destinados a engrosar el fondo de armario pero sin horas de vuelo suficientes aún para poner en tela de juicio a los titulares.

Falta de liderazgo

Aunque integrantes de la vieja guardia puestos en la picota la pasada campaña como Marcelo o Isco han afinado sus siluetas, siguen sin recuperar el influjo perdido en un equipo que adolece de una alarmante falta de liderazgo. Sergio Ramos acumula fallos en una defensa tremendamente permeable que ha permitido doce goles en tres partidos. Su jerarquía quedó en cuestión ante el Atlético, incapaz de impulsar a un bloque superado en todas las líneas. El debate de la portería sigue sin cerrarse por mucho que Courtois, respaldado por el club, se reivindique como número 1 ante un Keylor Navas que permanece contra el deseo de la directiva y que recela de Zidane desde que el galo le abriese las puertas. La ausencia de Casemiro, aún de vacaciones tras participar en la Copa América, expone las debilidades de Modric y Kroos, reforzando la apuesta de Zidane por Paul Pogba, piedra angular de un proyecto que sigue sin llegar.

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El tira y afloja con el Manchester United por el 'box to box' francés amenaza con abrir una brecha entre técnico y presidente. La mecha de Zizou es corta, por lo que en los despachos se apresuran a satisfacer otra de sus exigencias, la salida de Gareth Bale, que ultima su marcha a China en lo que debe suponer un desahogo para el galo pero no para la tesorería de la 'casa blanca', precisada de fondos para reclutar a Pogba pero que ve su margen de maniobra constreñido por la dificultad de colocar descartes y que afronta una inesperada patata caliente con James. Aunque el Atlético parecía más del gusto del cafetero que el Nápoles, armar al rival después de la afrenta sufrida tendría difícil encaje en el maltrecho orgullo de la parroquia blanca, máxime cuando la gravísima lesión de Marco Asensio deja la banda derecha en manos de Vinicius, un diamante aún por pulir que no resuelve sus problemas con la definición en un equipo que precisa más fluidez en ataque y que carece de un esquema y una propuesta futbolística definida.