Controladora de sirenas

Aurora Ramos posa en las instalaciones de Río Esgueva./Ricardo Oatzo
Aurora Ramos posa en las instalaciones de Río Esgueva. / Ricardo Oatzo

Aurora Ramos es árbitra nacional de natación sincronizada desde el año 2000

Ruth Rodero
RUTH RODERO

Aurora Ramos es conocida en Valladolid por todos aquellos que acuden de manera habitual a las competiciones de natación sincronizada. Es, además, la presidenta del club Fabio Nelli, lo que la convierte en una de las caras visibles de este deporte en la ciudad. Pero también es controladora de sirenas, o lo que es lo mismo: árbitra de natación sincronizada.

La historia de Aurora comienza como la mayoría de las historias de jueces y árbitros de natación, por un vínculo familiar, en su caso porque su hija comenzó a nadar. Y ahí estaba ella. «Casi todos los árbitros de estas especialidades deportivas que tienen pocas licencias empezamos de la misma manera: mi hija empezó a nadar. Y me vi un poco en la obligación de ayudar, ya no solo al club, que somos un club pequeño, sino también a que en la comunidad hubiese un árbitro de categoría nacional», rememora Aurora.

«Comencé como todos, siendo árbitro territorial en 1997 aproximadamente y después me presenté a los exámenes para convertirme en árbitro nacional en el año 2000. Desde entonces arbitro en competiciones nacionales», explica.

Sin embargo su labor no la limita solo a la 'sincro', ahora denominada natación artística, sino que también echa una mano, como ella misma explica, cuando es necesaria en las competiciones de natación: «Cuando la Federación me necesita, como no somos muchos árbitros, nos llaman a las de sincro para que echemos una mano como cronometradoras. Así que cuando nos necesitan, allí estamos».

No llegó al mundo del arbitraje por vocación sino un poco por «obligación» pero en él se ha quedado a pesar de ser algo «complicado». «Sobre todo cuando tienes que puntuar a niñas y a niñas que conoces, a las que estás viendo continuamente. Pero te sientes un poco obligada porque ves que nadie lo hace y es necesario, los árbitros son necesarios, alguien tiene que haber», asegura Aurora.

Si ya desde fuera la natación artística parece un deporte bello pero difícil, la labor de los que valoran y cuantifican lo que las nadadoras hacen en el agua tampoco es sencilla. «Es muy complicado, porque cada año además se nos va complicando más», explica Aurora. «Nosotros empezamos puntuando solo dos partes de la rutina, el mismo juez puntuaba la parte técnica y la artística. Ahora nos lo han complicado más, ahora hay tres jueces, uno puntúa la ejecución solamente, otro la impresión artística y otro la dificultad. Por lo que tienes que abstraerte mucho de los otros dos conceptos que no estás puntuando para ser capaz de puntuar exclusivamente el que te han encomendado», ahonda la jueza.

Si para las nadadoras es complicado ejecutar las figuras de manera correcta también lo es para árbitros, pues son humanos también, separar la ejecución de la dificultad. «Lo intentamos e intentamos hacerlo lo mejor que sabemos. Pero tenemos muchas cosas a valorar», confiesa Aurora.

La cosa se complica además cuando se trata de un equipo o un combo: «no es lo mismo puntuar a una niña sola que hacerlo con ocho o diez a la vez. Quizás para las nadadoras de sincro sea más sencillo valorar la dificultad de las cosas que hacen, pero para los que tenemos que hacerlo desde fuera sigue siendo complicado, pero nos preparamos, estudiamos, vemos muchos vídeos y muchas competiciones», asegura.

Novata al agua y una hija al rescate

Las tradiciones están para cumplirse y Aurora Ramos fue 'víctima' de una de ellas. Como marca una de esas tradiciones los árbitros novatos recibían una especie de bautismo después de la primera competición que consistía en lanzarlos a la piscina después de que todo acababa. Los veteranos eran los encargados de ello.

«A mí me tiraron y una de mis hijas salió disparada porque pensó que me ahogaba mientras les decía: '¿pero cómo habéis tirado a mi madre con lo mal que nada?', lo recuerdo perfectísimamente. No es que tengamos muchas anécdotas, pero esta la recuerdo perfectamente por la reacción de mi hija», explica entre risas Aurora. Aurora que tampoco quiere dejar escapar la ocasión para animar a los aficionados al deporte y a la sincro que den el paso al arbitraje: «No se necesita cumplir ningún requisito. Primero hay que prepararse para ser árbitro territorial con un curso y un examen y después de tres años pueden prepararse para ser jueces nacionales. No exigen que seas exnadadora ni que tengas un conocimiento previo de la natación sincronizada -ahora artística-, solo hay que estudiarse el reglamento y el manual de árbitros y empezar a ver competiciones. Luego solo hay que pasar los diferentes exámenes. Somos pocos y son todos bienvenidos».

Para ir anotando lo que cada nadadora hace en su rutina y después valorarlo, Aurora tira del refranero popular: «cada maestrillo tiene su librillo». «Cada uno hace las cosas como luego le resulta más sencillo para interpretar lo que tiene que puntuar. Nosotros no sabemos qué ejercicio vamos a ver antes de que las nadadoras lo hagan. Así que cada uno lo apuntamos como consideramos que es más fácil para nosotros: las partes más difíciles de la rutina, las figuras más importantes, el número de veces de que la repiten, las transiciones en las figuras, etc.,», observa Aurora.

Estas anotaciones son importantes, porque si los equipos realizan reclamaciones tienen que ser capaces de argumentar el por qué de esas notas a esa rutina. Por eso es mucho más sencillo evaluar una competición de figuras donde «de antemano ya sabes qué figura van a hacer las nadadoras y qué dificultad tiene. Aquí el problema es la monotonía de ver a 200 niñas realizar la misma figura porque ya solo puedes compararla con la anterior o, como mucho las tres anteriores» asevera.

Aurora también afirma que los árbitros no notan la presión del público a la hora de puntuar: «El público no nos presiona, yo nunca me he sentido presionada. En mi primer campeonato de España, en Las Palmas, una de las nadadoras que luego ha estado en la selección española, para mí tuvo un día muy malo y yo la puntué con arreglo a lo que yo vi, y la grada me abucheó y me pitó. Pero yo no me sentí presionada. Creo que a los árbitros ya no nos presionan estas cosas, ya sabemos que no vamos a satisfacer a todo el mundo».

Además, este deporte tiene una carga subjetiva: «este deporte no se mide con tiempos y siempre hay gente que no ve lo mismo que ves tú. Con los padres es complicado, porque a veces no quieren ver que su hija no lo ha hecho tan bien como ellos creen. Hay algunos que sí son receptivos a que les expliques, que les muestres dónde han estado los errores, pero otros no quieren verlo y les da igual lo que digas», finaliza Aurora.