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Mora, buen color y mejor sabor

Mora, buen color y mejor sabor

Es el último resto de la recolección silvestre, fuera de los huertos y es rica en vitamina C y en provitamina A

Ana Santiago
ANA SANTIAGOValladolid

Las minúsculas manos guardan a puñados morados los frutos ya tiernos con los planes de hacer con mamá la mejor de las tartas, la mermelada más sabrosa, la macedonia más dulce. Y entre descarga y descarga en la bolsa que va acumulando moras, algunas caen en las pequeñas y pronto rosadas bocas que no ocultan la sospecha. Forma parte del ritual, del largo final del verano y de los primeros días del otoño, del paseo cerca del río para reunir este preciado fruto del bosque de buen color y mejor sabor. Es el último resto de la recolección silvestre, fuera de los huertos.

Y para los pequeños más urbanitas, están los lineales de los supermercados que no ofrecen el mismo encanto ni el recorrido de un camino bajo un sol ya más débil, pero sí una tarde entrañable con la abuela o la madre para dar forma a un preparado casero. Mucho más caro, de formas más perfectas y con menos 'madera' en el bocado; pero pierden la intensidad de ese dulce sabor al sol ya perdido. Las moras forman parte de la infancia y de la cocina. De los postres; pero también de ensaladas y asados.

Nace en verde, crece en rojo y madura en negro. Así es el ciclo vital de esta baya con baja aportación calórica y rico contenido en vitamina C y en provitamina A.

Tras su recogida ya maduras es recomendable un consumo rápido dado que se deterioran con rapidez. También se las puede encontrar congeladas, en conserva, al natural o en forma de jaleas, mermeladas o licores. A la hora de adquirirlas hay que valorar su estado de madurez, el color y la tersura de su piel, la uniformidad, su nivel de hidratación y el aroma característico que poseen. En definitiva, es fácil observar a simple vista su buen estado y desechar aquellas moras que presenten marcas por golpes, heladas o picaduras de insectos y parásitos, así como las que tengan olores o sabores extraños.

Las moras pueden ingerirse al natural, frescas tal cual las da el árbol o la planta y es este su uso culinario más sencillo. Es una fruta básicamente silvestre, aunque también se cultiva, y la facilidad de encontrarla en campos o bosques, la convierte en un manjar ocasional y en una grata sorpresa.

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