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Los sabores de la Armuña hechos menú

Mari Carmen y José Antonio, propietarios del establecimiento, posan con dos de sus platos. /A. D. S.
Mari Carmen y José Antonio, propietarios del establecimiento, posan con dos de sus platos. / A. D. S.

El Hotel La Plazuela, baluarte de dinamización rural en la salmantina Aldealengua

ANDREA D. SANROMÁ Aldesalengua (Salamanca)

Descubrir nuevos rincones donde compartir una comida de negocio, familiar o de amigos fuera del entorno habitual de las urbes, es una opción que aprovecha el sector hostelero de los pueblos para dinamizar el entorno.

Es el caso de Aldealengua, en Salamanca, que ha pasado de 360 habitantes en los años ochenta a los casi 700 de hoy en día.

Sin embargo, este aumento de la población no se ha visto reflejado en el día a día del municipio, como explica José Antonio Gómez Blanco, del Hotel Rural La Plazuela. «De los tres bares que había, solo queda uno. Y de los tres colegios, dos y uno de ellos probablemente cierre», apunta. La explicación, «es que somos un pueblo dormitorio», lamenta este aldealengüino, que con su mujer, Mari Carmen Paniagua Rubia, regenta un hotel rural con restaurante.

Trabajan un menú diario, de fin de semana y una carta donde priman las recetas tradicionales de la zona, con un toque personal como señala Mari Carmen, quien se encarga de la cocina. «El rabo estofado tradicional lo hago un poco a mi estilo y el gallo de corral lo preparo como lo hacía mi madre», explica.

El comienzo de la historia

Comenzaron esta aventura el 10 de abril de 2006 con el objetivo de «dinamizar el pueblo», dice José Antonio. Así que compraron y renovaron el inmueble, que antes era una tienda y que se encuentra junto a lo que antiguamente era la plazuela de Aldealengua, de ahí el nombre del hotel rural y habilitaron dos salones de restauración. Uno con capacidad para 60 personas –se reserva para celebraciones–; el otro, con capacidad para 40, hace la función de diario.

Ensalada de hojas de roble con perdiz escabechada; crepineta de rabo de ternera con salsa de mollejitas y boletus; gallo de corral con salsa de almendras y muslo de pato confitado con crema de patata son algunas de las propuestas que leemos en la carta, sin olvidar que «los jueves siempre hay cocido».

«Soy un poco autodidacta, siempre ha me gustado cocinar», admite Mari Carmen, al tiempo que explica que hace sus pinitos como pintora, ya que los cuadros que cuelgan en las paredes son suyos.

Ambos están satisfechos con la marcha del local. «Viene mucha gente de alrededor y de la capital», afirman mientras animan a descubrir los encantos del medio de rural, como el gastronómico.

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