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El Vino

Viñedos heroicos

Andrés Monsalve, Javier Herrero Vedel, Fernando Vegas y José Manuel Corrales, en un viñedo viejo de Santiuste de San Juan Bautista. Curiosamente, aquí, algunas viñas se conducen más altas para intentar evitar las heladas. /Henar Sastre
Andrés Monsalve, Javier Herrero Vedel, Fernando Vegas y José Manuel Corrales, en un viñedo viejo de Santiuste de San Juan Bautista. Curiosamente, aquí, algunas viñas se conducen más altas para intentar evitar las heladas. / Henar Sastre

En la zona segoviana de la Do Rueda elaboran vinos blancos más complejos con las uvas de majuelos viejos situados a mayor altitud, en suelos arenosos y un clima extremo

Nieves Caballero
NIEVES CABALLERO

Las cepas oscuras y retorcidas, ahora sin hojas, recuerdan esas pinceladas tantas veces trazadas por el pintor vallisoletano Félix Cuadrado Lomas. Los suelos son sueltos, arenosos y pedregosos, con cantos rodados o codones, y si se escarba un poco, a los 40 centímetros aparecen las calizas. Al fondo, se ven los pinares y otros cultivos. Las formas desiguales de los troncos de cada una de las cepas llevan a pensar en la labor cuidadosa de los viticultores cada vez que podan su viña. El paisaje ha sido modificado año tras año con mucho arte por manos expertas. La altitud, el clima extremo y los suelos favorecen que en esta zona se elaboren algunos de los blancos de la variedad verdejo más singulares de la Denominación de Origen Rueda. Dicen que logran la mayor expresividad de esta casta, que fue traída a la zona por los mozárabes que repoblaron la Cuenca del Duero en el reinado de Alfonso VI.

La zona de producción amparada por la DO Rueda está integrada por 74 municipios, de los cuales 53 se sitúan al sur de la provincia de Valladolid, 17 al oeste de Segovia y cuatro al norte de Ávila. De las 16.669,47 hectáreas de viñedo adscritas a esta comarca de vinos de calidad, reconocida por sus blancos de la variedad verdejo, 1.097,65 se encuentran en la provincia de Segovia, señala Santiago Mora, director general del Consejo Regulador de la DO Rueda.

Cepas oscuras y retorcidas en la DO Rueda, en la provincia de Segovia.
Cepas oscuras y retorcidas en la DO Rueda, en la provincia de Segovia. / Henar Sastre

Los 17 términos municipales segovianos amparados por la DO Rueda son Aldeanueva del Codonal, Bernuy de Coca, Codorniz, Donhierro, Fuente de Santa Cruz, Juarros de Voltoya, Montejo de Arévalo, Montuenga, Moraleja de Coca, Nava de la Asunción, Nieva, Rapariegos, San Cristóbal de la Vega, Santiuste de San Juan Bautista, Tolocirio y Villagonzalo de Coca.

En Santiuste se encuentran dos de las bodegas de Rueda: Avelino Vegas y Cerrosol, cuyo origen es el mismo. Avelino Vegas fundó la bodega que lleva su nombre en 1950, compraba todos los excedentes de vino de la zona y después lo distribuía. Ya en 1969 comenzó a elaborar sus primeros verdejos en una antigua prensa que todavía se conserva en las viejas instalaciones del casco urbano del pueblo. En 1986, José María y Fernando Vegas construyeron una bodega más moderna, al tiempo que el primero, el mayor de los hermanos, ponía en marcha su propio proyecto, Cerrosol, junto a su mujer y su hijo. Fue en 2006 cuando José María y Fernando decidieron separar sus caminos.

Cerrosol produce cuatro millones de kilos de uva con las 105 hectáreas de viñedo propio, aunque tiene previsto plantar otras 100 en Pollos y Valdestillas, cuando lo permita el Consejo Regulador de Rueda (las nuevas plantaciones dependen de la UE y el Ministerio de Agricultura). Su marca más conocida es Doña Beatriz. El además enólogo José María Vegas atribuye la mayor complejidad de los vinos segovianos de Rueda «a la tierra, los suelos arenosos y pedregosos, junto a la altitud y el clima».

Fernando Vegas es el director de Avelino Vegas. Explica que cuentan con 52 hectáreas de viñedo propias y otras 800 con contrato en toda la DO Rueda. La bodega elabora 6,5 millones de botellas con marcas como Montespina o Circe. Este último es el vino más emblemático de la empresa, del que se producen 120.000 botellas. «Hay dos elementos básicos en el área segoviana de Rueda y son la altitud, ya que los viñedos se encuentran a 900 metros, frente a los 600 de la zona más baja de la comarca, y la existencia de mucho viñedo viejo», argumenta. Se trata de viñas poco productivas plantadas en suelos muy pobres en los que las raíces necesitan profundizar en la tierra para encontrar nutrientes. De ahí que se aprecien toques minerales en los vinos de verdejo, junto al amargor, los herbáceos, y el anís y el hinojo característicos de esta variedad. «El viñedo se autorregula», añade.

Esa diferenciación de los verdejos segovianos es por la que han apostado también los hermanos Herrero Vedel, cuyo abuelo materno era viticultor en Langedoc y su padre, panadero. En los años sesenta se instaló en Nieva con una socio para emprender un proyecto de agricultura y ganadería. Fundaron Viñedos Nieva en 1989, que después vendió su padre en 2013 para crear Herrero Bodega. Elaboran 200.000 litros de verdejo y gestionan 60 hectáreas, de las que 15 son de su propiedad. Javier Herrero Vedel señala que 30 hectáreas son de viñedos viejos y defiende que «la acidez natural permite elaborar vinos más frescos; una ventaja porque sin acidez serían vinos muertos». Una de sus principales marcas es Erre de Herrero.

Andrés Monsalve es el enólogo de Shaya, bodega que lanzó al mercado su primera añada en 2008 y produce cerca de un millón de litros de verdejos y algo de sauvignon blanc, cuenta con 80 hectáreas y otras 50 entrarán en producción los próximos años. La bodega está en Aldeanueva del Codonal (el nombre viene de los cantos rodados o codones), donde se conserva también mucha viña vieja, que fue plantada en vaso hace 80 y 100 años. «Durante esos días de verano de temperaturas extremas, las piedras guardan el calor que luego sueltan por la noche cuando las temperaturas bajan a los 10 grados. Es muy interesante para la maduración de las uvas. Tenemos un clima muy severo, la viña es heroica, también sufrimos heladas y granizo», asegura.

Brotes de las hojas y un racimo incipiente.
Brotes de las hojas y un racimo incipiente. / Henar Sastre

Respecto a si es o no una ventaja que la zona sea más fría y las viñas estén a más altitud frente al calentamiento global por el cambio climático, Fernando Vegas confirma que «esta zona ha sido históricamente castigada por las heladas, y aunque ahora los inviernos son más benignos, entre el 27 de abril y el 2 de mayo los viticultores tiemblan». Lo cierto que en la añada de 2017 la zona segoviana de Rueda fue la más castigada por la helada y la reducción de la cosecha fue considerable. También las temperaturas diurnas en verano son algo más moderadas, alrededor de los 30 grados, frente a los 40 grados de la zona de Valladolid. Lo habitual en esta zona es retrasar la poda para que la viñas brote más tarde y, así, evitar las heladas.

Que se haya conservado tanta viña vieja casi es un milagro, pero tiene una explicación. Fernando Vegas señala que eran tiempos de una economía de subsistencia y cada familia tenía «un trozo de majuelo que se destinaba a elaborar vino para el consumo doméstico».

Bodegas y Viñedos Nieva es en la actualidad propiedad de la familia Martúe. Produce unas 600.000 botellas al año y cuenta con 70 hectáreas de viñedos propios, 15 de cepas viejas en pie franco que no sufrieron el ataque de la filoxera, aunque compran también a otros viticultores, informa Iciar Ventura.

También se encuentra en Nieva Ossian Vides y Vinos, bodega que adquirió la familia Ruiz Aragoneses (la del restaurador segoviano José María). Aunque los viñedos pertenecen a la DO Rueda, por el momento los vinos se comercializan con el marchamo de calidad Vino de la Tierra de Castilla y León.