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Cigales, el secreto de una añada excelente

Cata de vinos en Cigales./Antonio Tanarro
Cata de vinos en Cigales. / Antonio Tanarro

Un panel de 18 expertos califica con la máxima nota los vinos de la Denominación de Origen, luego degustados en una cata popular en Segovia

luis javier gonzález
LUIS JAVIER GONZÁLEZSegovia

La Denominación de Origen Cigales pasó con matrícula de honor el examen de su añada de 2018. Ayer, en un acto organizado por El Norte de Castilla, se congregaron en el Hotel Cándido de Segovia 18 expertos -sumilleres, bodegueros y hosteleros- para evaluar en una cata a ciegas diez vinos: un blanco, cuatro rosados y cinco tintos de guarda. Presente, pasado y futuro asegurados. Así lo certificó el director del Instituto Tecnológico Agrario de Castilla y León, Jorge Llorente Cachorro, que destacó el papel de la viticultura en el desarrollo rural. De su discurso de cinco minutos, todos aguardaba cuál sería el adjetivo calificativo: «Excelente».

En el proceso no se califica un vino determinado sino su conjunto. Hubo por tanto 180 notas anónimas de 100 a 0, siendo el cero la perfección. La categoría de excelente ocurre cuando la media está por debajo de tres. En este caso, el dato fue de 2,3. «A nosotros nos viene a dar una idea de por dónde va a ir la calidad de los vinos de esta añada en el futuro», explica el presidente del Consejo Regulador de Cigales, Julio Vallés. No siempre es definitiva; sí lo es para los rosados y para el blanco, productos terminados, pero en los tintos toca valorar dónde van a llegar. La carta que Cigales resume en sus diez vinos la proporción de su oferta. De hecho, en los últimos tres años aparecen cada vez más blancos. «Tenemos unas cepas muy antiguas y queremos ponerlas en valor». La muestra integra los productos que más bodegas comercializan, los que más presentes van a estar en el mercado.

La denominación se identifica más por sus frescos y afrutados rosados. Su vino Quelías Rosé 2018 ha sido hace unos días elegido mejor rosado del mundo en el Concurso Mundial de Bruselas, un vino elaborado en Mucientes (Valladolid) con un 50% de albillo, uva blanca. A ello se añaden otras nueve medallas de oro y una plata. Los tintos cada vez adquieren más peso en la Denominación de Origen y recogieron dos Grandes Oro en Pekín el año pasado.

A la calificación profesional le siguió una cata popular para lectores del diario. Los invitados degustaron un blanco, dos rosados y un tinto -todos ellos evaluados previamente por el jurado- y conocieron de primera mano cómo se realiza una cata de calificación de añada. Las botellas llegaron tapadas a los expertos y al propio público. La cata popular comenzó con un blanco; el proceso tiene una parte visual -un amarillo pajizo- después toca meter la nariz en la copa. Se aprecia limón, hinojo o manzana verde, diseminan los expertos. Y al tomarlo, todo aquello que ha percibido antes la nariz empapa la boca, como el amargor de la variedad verdejo, con un toque a magnolia. «Si nos lo chivan, es mucho más fácil», bromeaba Nieves Caballero, redactora de El Norte de Castilla especializada en el sector.

Un blanco y un rosado deben servirse entre 7 y 10 grados. Cigales ilustra la dinámica en el cambio del color del rosado; hay modelos con el mínimo tono. Si el hollejo está menos tiempo en contacto con el vino, puede portar menos color. Por eso, cuando un vino con ese aspecto tan discreto mantiene un sabor imponente, el mérito es doble. «Es un vino muy fresco, con una acidez muy marcada, que es lo que tiene que buscar muy rosado. Está muy bien equilibrado en boca», evaluó Pablo Martín, presidente Unión de Asociaciones Españolas de Sumilleres de España.

Rosados con cochinillo

El debate concluyó que los rosados son más honestos, tienen más dificultad para enmascarar defectos. Y como estos vinos sirven para comer, son la compañía adecuada para un cochinillo. Vallés subrayó que es la mejor modalidad para una buena digestión. Es también punto de partida para que los más jóvenes entren al vino.

El tercero, un rosado de mucho color, era un vino muy goloso, ideal para un aperitivo. El cuarto fue un tinto con potencial, con más capa, que implica más tiempo de crianza. «Tiene nariz, el color es perfecto. Si se redondea en roble debidamente, tiene futuro. Me gustaría hacer un seguimiento», explicó José María Ruiz, hostelero y bodeguero. Un tinto que mezcla el origen de la meseta castellana con la elegancia internacional. Fue el vino mejor valorado por los 18 expertos, con un 0,9. La mitad de las ventas de Cigales corresponde a tintos, casi íntegramente destinados a exportación.

El éxito de Cigales, de apenas 2.000 hectáreas, es el de una explotación modesta con una uva de mucha calidad. La media de sus viñedos está por encima de los 60 años gracias a cepas muy antiguas que no se han arrancado y producen desde entonces. Algunas tienen hasta un siglo. Aun así, la Denominación de Origen está volviendo a plantar, de cara a los próximos cinco o seis años. «Gracias a Dios tenemos una materia prima increíble y bodegas de hace muchos años», esgrimió Vallés.

En el jurado también estuvieron la segoviana Henar Puente Montes, elegida mejor sumiller de Castilla y León y de España en 2004 y sumilleres como Javier Rivero, de Villena, y Marcelino Calvo, de El Ermitaño de Benavente, ambos con estrella Michelin. La Academia de Gastronomía de Castilla y León estuvo representada por la experta Inma Cañibano.

En el histórico de la DO Cigales, otras añadas calificadas como «excelentes» fueron las de 2010, 2011, 2014, 2015 y 2016.