Gloria Muñoz: «El personaje de Francisca Pizarro fascina y aporta información sobre la conquista»

La actriz Gloria Muñoz. /El Norte
La actriz Gloria Muñoz. / El Norte

Interpreta junto a su hijo Julián Ortega 'Mestiza', en la que da vida a la hija de Francisco Pizarro y de la princesa inca Quispe Sisa

Jesús Bombín
JESÚS BOMBÍNValladolid

Recién cumplidos 71 años esta semana, Gloria Muñoz sigue subiendo con ilusión y entrega a los escenarios de teatro. Allí paladea su profesión con mayor gusto que en el cine o la televisión, por más fama que le haya dado participar en filmes como 'Mi querida cofradía', o entre otras series, 'Gran reserva' o 'Menudo es mi padre'. «El teatro es el terreno natural del actor; tienes presente al público y esa vibración te provoca un cambio. Y nunca hay cortes de rodaje». Con la compañía Emilia Yagüe Producciones y texto de Julieta Soria, esta noche se mete en la piel de Francisca Pizarro Yupanqui, hija del conquistador Francisco Pizarro y de la princesa inca Quispe Sisa para emprender un viaje sobre la conquista española del Perú más allá de tópicos y resquemores históricos, poniendo la mirada en las sensaciones que causó como dama española en el Madrid de finales del siglo XVI.

–¿Qué le llevó a involucrarse en este proyecto de Yayo Cáceres?

–Cuando me habló de Francisca Pizarro me pareció un personaje fascinante: una mujer que era hija de la hermana de Atahualpa, emperador Inca, y de Francisco Pizarro, lo más granado de ambos bandos. Su figura aporta un punto de vista muy de mujer, diferente al de los historiadores y ofrece mucha información sobre esa época de la conquista. Su mestizaje es total. Tuvo ocasión de ser reina del Perú casándose con el hermano de Pizarro porque la aceptaban en ambos bandos, pero ella y Gonzalo Pizarro querían independizarse y el rey Felipe II se la trajo a la Corte española arrebatándole sus títulos y sus posesiones. Los consiguió recuperar después de pleitear con el monarca, llegando a convertirse en la mujer más rica de España. Debía ser muy bella y gastaba un dineral en vestidos, fiestas y en dar limosnas. Fue importante en su época, pero como sucede con la mayoría de los personajes femeninos, la historia echó tierra encima.

–¿Qué visión se ofrece sobre España en la conquista de América?

–En la escena se dan dos puntos de vista. Por un lado el de Francisca, que cree que los españoles diezmaron a los indios y lo expresa basándose en las ideas de Fray Bartolomé de las Casas; y por otro, aparece la perspectiva de Tirso de Molina, reflejo de las ideas de otro sacerdote mercedario que defendía a los conquistadores. Más que cuestionar la leyenda negra, se ofrecen dos visiones de la conquista.

–Aparece en escena con su hijo, Julián Ortega en el papel de Tirso de Molina. ¿Cómo repercute esa relación sobre las tablas?

–Es nuestra tercera experiencia juntos, porque coincidimos en 'Las bicicletas son para el verano' y en 'Bodas de sangre'. Tenemos una complicidad que la traemos de casa. Es una experiencia muy divertida estar en el escenario con mi hijo, porque cuando el año pasado se moría en 'Bodas de sangre' nos miramos y ya sabemos lo que va a hacer el otro. Es muy de jugar. Traes de casa una complicidad que con cualquier otro actor hay que conseguir. Además, Julián es un actor muy creativo corporalmente y se le ocurren muchas ideas que luego sigo.

–Su carrera ha estado marcada por el teatro independiente. ¿Por qué eligió esa opción?

–Empecé a los 17 años haciendo teatro comercial con una obra de Ruiz Iriarte, hice mucha televisión y estaba bastante aburrida del teatro comercial que se realizaba en España. Así que descubrí el teatro independiente y estuve con compañías donde se funcionaba en modo cooperativo en lo económico y colectivo en lo creativo, donde todos aportábamos todo. La única misión que tenía el director era ordenar todo eso, no era autoridad. Aquel tipo de teatro me marcó mucho, era más interesante, avanzado y más cargado de cosas que decir que el comercial que se hacía entonces. Ahora la línea roja se ha diluido muchísimo y hay compañías independientes que explotan a los actores y las hay comerciales que funcionan muy bien.

–¿Cuántas veces ha dicho 'no' a un personaje y cuál recuerda con especial apego?

–Nunca me he negado a hacer ningún papel, aunque sí algún tipo de trabajo porque ideológicamente no me gustaba nada lo que planteaba el texto o me pedían que saliera en pelotas sin venir a a cuento. Y de los personajes que me han marcado recuerdo el de Antonia en 'Sopa de mijo para cenar', que estuvo de gira en los ochenta. Era una mujer de su casa, muy enérgica, fiera y luchadora, con mucha comicidad. Me trajo muchísimas satisfacciones.

–¿Tiene supersticiones o manías antes de salir a escena?

–Más que supersticiones son costumbres. Por ejemplo, el día que se estrena una obra me llega al camerino una rosa con una tarjeta de mi eterno admirador (mi hermano). Y si no ha llegado esa rosa, me pongo muy nerviosa. Cuando veo entre el público algo amarillo, me inquieta, pero luego se me quita. Y si hay flores amarillas, las saco del camerino (risas).

–¿Qué consejos da a los jóvenes actores que empiezan?

–Que tengan mucha, mucha paciencia. Que se diviertan mucho, siempre. El teatro es para divertirse, no para sufrir, nunca. Que vean mucho teatro y que cuando tengan un bache por falta de trabajo, no se hundan porque en un tiempo se remonta. Que sean muy eclécticos en la interpretación y no opten solo por un método de trabajo, que estudien mucho. Y me gustaría decir algo...

–Usted misma.

–Que venga la gente a ver la obra porque se va a divertir. A Olmedo he venido muchas veces como espectadora pero nunca como actriz. Es un pueblo que me gusta mucho y el festival, más.