Arturo Querejeta: «Cualquier clásico encaja hoy en día, ¿qué es Bárcenas si no un criado?»

Arturo Querejeta, de rodillas, en una escena de la obra. /El Norte
Arturo Querejeta, de rodillas, en una escena de la obra. / El Norte

Habitual en el Festival de Teatro Clásico de Olmedo, el actor protagoniza este fin de semana una versión de Eduardo Vasco del texto de Lope 'El Caballero de Olmedo'

Luis Miguel de Pablos
LUIS MIGUEL DE PABLOSValladolid

Se ha convertido con el paso de los años en uno de los actores de cabecera de Olmedo, un clásico dentro del Festival de Teatro Clásico que, tras devolver al arcón textos tan reconocibles como Ricardo III, Otelo o El mercader de Venecia, vuelve a casa para meterse en la piel de Tello. 'El caballero de Olmedo' llega este domingo, día 15, a la Corrala del Palacio del Caballero (22:30 horas), y después viajará al Festival Castillo de Niebla (día 21) y al de Almagro (26, 27 y 28).

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Pero el examen lo pasa en Olmedo con la obra por excelencia y en mayúsculas de la villa.

–Desde luego. Olmedo es ya una cita obligada, un festival de referencia y lugar magnífico para poder presentar cualquier espectáculo.

¿Se le puede sorprender al espectador con un texto tan conocido?

–Fundamentalmente hay una parte de 'El Caballero de Olmedo', porque todo el mundo conoce la historia y mucho más en Olmedo, que se vuelca un poco hacia el lado del drama. Lógicamente por su final, pero muchas veces se pasa por encima el lado de comedia. Y en definitiva, uno de los éxitos de este texto es que participa de los dos géneros. Por un lado es una comedia de capa y espada al uso en la cual dos jóvenes se enamoran perdidamente a primera vista, y todo va bien, fluye y es magnífico hasta que llega algo que todo lo quiebra. Ahí es donde se empieza a entrever esa especie de nube negra que empieza a acosar a Don Alonso, esas premoniciones de que algo se ha quebrado y algo va a pasar. Siempre nos preguntan qué puede aportar a nuestra sociedad, y creo que hay un intento muy claro por parte de Lope por cómo muestra el caos al que se puede llegar y los comportamientos mezquinos a los que podemos llegar por los celos, por la envidia y por el rencor. Y por eso tan desgraciadamente español de que 'Este no es uno de los nuestros, ¡al pilón!'.

«Es muy español eso de 'Este no es de los nuestros, pues ¡al pilón!»

«Es muy español eso de 'Este no es de los nuestros, pues ¡al pilón!» arturo querejeta actor

Querer eliminar a uno que es mejor que tú no suena tan lejano.

–Desde luego. Y sobre todo eliminar al distinto, al diferente, al que tiene otra visión de las cosas, al que seduce de otra manera, al que muestra que hay diversos caminos a escoger. A ese se le machaca. Primero se le dispara, y luego se pregunta.

Se podría decir que los autores del XVI y XVII escribían a través de una mirilla por la que se colaban en el XXIpara plasmar corruptelas comunes a nuestros días.

–Es la base y ahí está todo. Nuestro barroco y nuestro Siglo de Oro, que no son exactamente cien años, participa un poco de las postrimerías del Renacimiento y sí estamos de acuerdo en que termina con la muerte de Calderón. Me gusta decir que los clásicos lo son porque responden a las preguntas fundamentales que nos hemos hecho desde que el mundo es mundo. Por qué estamos aquí, qué sentido tiene esto, por qué somos finitos, el amor, la envidia, la pasión, la muerte, el poder, la ambición,... Todo ese complejo claroscuro de la condición humana está ahí.

Para alguien que convive, duerme, come y hasta respira con los clásicos, ¿le ayudan a entender lo que vivimos hoy día?

–Hay quien cree que lo de hoy no guarda relación con lo de hace cuatro siglos. Y es evidente que sí. Si nos acordamos del famoso secretario de Felipe II , del crimen de Escobedo, y todo lo que hay alrededor de las sagas reales, encontramos el germen de todo. No se diferencia en exceso nuestra sociedad de ahora en cuanto a comportamientos de la de entonces. Lo único que cambia es el decorado. La envidia sigue siendo la envidia y querer quitarte a alguien de en medio porque te molesta está a la orden del día.

¿Algún clásico le encaja con el conflicto catalán?

–Cualquiera. Cualquier texto de los clásicos puede encajar porque desarrolla los diferentes comportamientos de la condición humana. ¿Qué es Bárcenas si no un criado? Vete, escucha, dale este sobre, dile que no diga esto,... ¡Un criado! Luego vas subiendo y te encuentras otros comportamientos de personas con más poder.

Después de cuarenta años en escena, ¿queda algún texto pendiente en su curriculum?

–Siempre hay algún texto pendiente, un 'Lear' por ejemplo por mi edad. Clásicos hay alguno que no he tocado, por ejemplo 'El alcalde de Zalamea', pero es tan amplio nuestro espectro autoral que, aunque son muchos años ya, hay tiempo para afrontarlos todavía.

Tantos como que cuando empezó había apuntador, ¿algún texto se le ha atragantado?

–La gente siempre te comenta que cómo es posible que nos aprendamos semejantes textos, con arcaísmos, referencias mitológicas y palabras en desuso, y yo creo que todos los que estamos en esto sabemos que es más fácil porque la rima viene de ahí, es una referencia musical. Se hace más fácil aprender versos sueltos, lo que nosotros llamamos bocadillos, que una tirada de dos folios de romance.

Lo que se hace más difícil de entender es cómo una compañía puede mantener montajes con más de 12 actores, como es el caso de Noviembre teatro. ¿Tiene explicación?

–La única compañía en España, diría yo. Pues no, no la tiene. Yo diría que esto es un suicidio colectivo que se explica desde la locura del productor. Llevar como llevamos nosotros 9, 10 u 11 actores, 15 ó 16 en gira, es una auténtica locura. Es evidente que el panorama teatral está como está, no hay más que ver las carteleras, y por eso es poco menos que un milagro lo nuestro.

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