Javier Angulo: «Estoy abierto a cualquier innovación de la Seminci siempre que no toque su corazón»

Javier Angulo, ante el cartel del festival. /Henar Sastre
Javier Angulo, ante el cartel del festival. / Henar Sastre

Orgulloso, así se siente tras diez años defendiendo la esencia del festivaly siendo permeable a las «tendencias»

VICTORIA M. NIÑOValladolid

Lleva diez años en el cargo aunque el despacho habla de su vida anterior tanto como de la presente. Es el santuario de un periodista al que le gusta el cine, de un fetichista que colecciona portadas firmadas, fotografías y recuerdos de otros festivales. Allí Javier Angulo (Bilbao, 1949) intenta convencer a Portabella para que venga con Gonzalo Suárez, Jorge Grau y sus musas, Serena Vergano y Teresa Gimpera, bajo la atenta mirada de una maniquí tocada con gorro de chef. No tiene que arremangarse –lleva uno de sus chalecos indios–, para resumir su década al frente de la Seminci.

–Han sido diez años apasionantes en los que he aprendido mucho. Me siento orgulloso de lo hecho y a los que me acusaron de continuismo, puedo enumerar lo que hoy existe nuevo: Contenidos de Castilla y León (Largo y Corto), cine para escolares –Miniminci ySeminci Joven suman 25.000 espectadores de 8 a 17 años–, se ha creado DOC España, el Día del Cine y el Cambio Climático, la Espiga Arco Iris para cine de temas LGTB que este año tendrá jurado propio, y en 2018 dotación económica, el concierto de la OSCyL con la proyección de un clásico mudo. Según llegué cambié la imagen y dignificamos las instalaciones de recepción de invitados. Si esto no es innovar, que baje Dios y lo vea. Cada año hemos hecho cosas nuevas sin abandonar la esencia del festival. Hemos firmado convenios con la Cátedra de Cine. Una de mis metas era lograr que la Seminci no fueran solo ocho días de cine y hemos planteado Seminci Campus, Forum Mayores, Distrito Seminci, gira con la Junta por Castilla y León y con la Diputación por Valladolid.

–¿Qué reserva para la 62ª Seminci?

–Este año introducimos el Live Cinema, que consiste en que el público está frente a una pantalla y en directo se proyecta música, imágenes pregrabadas e imágenes de películas que se mezclan sobre la marcha. Haremos una clausura para jóvenes en el LAVA, paralela a la del Calderón para que pasen una tarde diferente. Creamos una Espiga Verde para 2018 en conexión con el Día del Cine y el Cambio Climático.

–El documental ‘Human Flow’, de Weiwei, se proyecta en la sección oficial ¿por qué?

–Fue una condición que impuso él para venir y la acepté porque es una película muy impactante.En dos horas te ofrece el panorama imponente de todos los focos del mundo de refugiados. Si hay un tema que me afecta y me impresiona personalmente es el de los refugiados. Ya en mi primera edición hubo un documental en la sección oficial, ‘Una cierta verdad’. Tengo que decir que lo que me mueve a programar una película es que me conmueva, ya tenemos bastante cine de ganadores. La vida está llena de héroes anónimos, de gente con vidas sencillas y ejemplares, me conmueven las películas que muestran la realidad de manera distinta. Weiwei corre con el riesgo de ser comparado con otras ficciones y que haya quien no lo entienda, pero creo que algún día desaparecerá la diferencia de géneros en la sección oficial. Hoy por hoy los documentales nos enseñan lo que esta pasando de verdad, lo que no hay en un telediario.

–En Seminci hay una sección específica de documentales ¿se desdibujan los géneros?

–Me importa mucho el documental, nos enseña una realidad más fuerte que cualquier ficción. Tiene enorme fuerza. Cuando dan con personajes de verdad, la gente se engancha. Vamos con las tendencias. Hasta ahora no se había visto que festivales de cine dieran series de televisión, quién nos iba a decir que tendrían a veces más protagonismo que las películas. Esto cambia a pasos agigantados, se mezcla todo y no sabemos dónde acabará. La seña de identidad del festival es el cine de autor, a partir de ahí no puedes ir contra las tendencias.

–Comenzó queriendo «acabar con el desencuentro entre la Seminci y el cine español» ¿lo ha conseguido? ¿trajo su agenda malagueña?

–Siempre que he podido he abierto con una película española, siempre que haya tenido calidad y disponibilidad. Y este año lo volvemos a hacer con Coixet. Siempre que podemos reconocemos el trabajo de los mejores del cine español, como lo hicimos con Carmen Maura, Angela Molina y tantos. San Sebastián en los últimos años ha hecho lo que nunca antes, programar cine español y latinoamericano. Cuando tira las redes, pesca antes que nosotros, es de categoría Ay la gente prefiere estrenar allí. Además han entrado en juego dos festivales más, Gijón y Sevilla, que compiten con nosotros en el mismo terreno y por las mismas películas. Sitges, que antes se limitaba al cine fantástico y de terror, ahora programa de todo.Esa competencia no la había hace 12 años. Antes Valladolid estaba solo, el segundo tras San Sebastián y después la nada. Ahora también hay otros dos festivales internacionales, el de Londres por delante de nosotros, y el de Roma por detrás. Por eso no es tan fácil programar.

–En esta edición hay varios títulos que han pasado por Venecia, otras veces son de Cannes, ¿somos subsidiarios de esos festivales?

–Eso depende. Vemos unas 2.000 películas al año para seleccionar 230. Elegimos el 10% de lo que vemos. Muchas de esas películas que se exhiben en Venecia o Cannes, nosotros también las hemos visto antes y las hemos pedido. Luego han pasado por otros festivales, han ganado premios, pero ya estábamos detrás de ellas. En 2016 la que ganó la Espiga de Plata, ‘Ciudadano ilustre’, la vi en Buenos Aires en diciembre de 2015. La pedí, acabó yendo a Venecia. Muchas veces no nos las dan de manera directa hasta que no tienen los derechos vendidos en España y eso te obliga a acudir al distribuidor español que decide a qué festival se la da. La programación no es la que quieres sino la que puedes. Mi recorrido anual comienza en diciembre: Argentina, luego Rotterdam, en Sundance tenemos observadores, después Berlín, Guadalajara, Teherán, Cannes y Venecia. Cuando acabamos en Cannes tenemos una lista de las 50 películas que querríamos. A Cannes y a Berlín vamos tres personas y vemos 120 películas. Más las 1.500 que llegan aquí y las del resto de festivales conforman un volumen muy grande. Las grandes películas, las que pueden ganar un premio, están en manos de distribuidores. Y dependes de que las quieran dar o no. Trabajamos siete personas todo el año para poder hacer la Seminci, más de 200 durante el festival, programas más de 250 películas para un público de 90.000 usuarios. Si algo reivindico como logro es el cambio de tamaño de este festival, la ampliación de la oferta dirigida a que también se amplíe el público. El festival era como una joya de familia heredada y lo único que se necesitaba era abrillantarla y ponerla al día. Y esa ha sido mi aportación. Somos el segundo festival de España tras San Sebastián.

–Sally Potter le falló en 2012, ¿vendrá este año?

–Cada vez que traemos una película negociamos que venga con su equipo, lo que pasa es que luego se caen. El problema es que todos esos directores que nos apasionan tienen ya una cierta edad y viajar ya es una incomodidad. Por otra parte algunas películas llevan rodando por los mercados internacionales y festivales durante meses y al final de octubre los equipos están agotados.

–Ha logrado la demandada oficina para recabar financiación ¿animará la inversión privada?

–Ya ha habido la adjudicación a una empresa nacional. Me descargará de algunas tareas porque vine como director artístico y dos años después hacía labores comerciales echando una mano para buscar patrocinio además de reorganizar la intendencia. He hecho de hombre orquesta, ahora aspiro a que se profesionalice la administración, las nuevas tecnologías y la gestión de personal. Hay contratos de hace décadas sin revisar y con sueldos manifiestamente mejorables. El problema es que estamos en un país en el que la inversión cultural tiene una desgravación tercermundista, que solo llega al 18% y mientras no se revise eso nos costará mucho completar la financiación. Nuestro presupuesto es de 2.200.000 euros, de los cuales la mitad los pone el Ayuntamiento. Hay una aportación de la Juntay del ICAA, con lo que cubrimos el 65%. El resto es inversión privada. A Renault, Recoletas y las DO –especialmente Ribera del Duero–, se ha sumado Gaza y ha vuelto Caja España Duero. Nunca entendí por qué en Castilla yLeón se siente la Seminci como algo exclusivamente de Valladolid.

–Sumar a los jóvenes ha sido parte de su empeño, con Cine&Vino y otras inciativas ¿está contento con los números?

–Cuando llegué había 45.000 espectadores y ahora estamos en 90.000. Aquí antes estaban los cinéfilos exigentes. Mi punto de vista es que respetando ese público, quiero que miles de jóvenes se incorporen al cine en sala y creo que lo hemos conseguido. A base de proponer rebajas, promociones específicas. Todo para que los jóvenes vengan a ver cine de autor, porque es fácil, nos habla de cuestiones universales, que nos atañen a todos, porque nos conmueve, hace que salgamos distintos a como entramos a la sala. Es un cine sin concesiones, sin trucos, sin efectos especiales, más comprometido, con otra ambición estética y un interés por innovar. La gente joven está acostumbrada a los superhéroes y la acción, tiene que ver esto. Y sobre todo, celebrar el acto social del cine en sala.

–¿Cómo se salva ese acto social de ir al cine?

–La salvación del cine en la sala está en la educación. Cuando yo era pequeño quería hacerme mayor para ir al cine como mis padres. En los coles había un auditorio en donde ponía ‘sala de proyección’ y en clase a veces se hablaba de películas. Pues bien, ahora en Miniminci y Seminci Joven no les ponemos cine edulcorado a lo Walt Disney, sino películas de autor adecuadas a su edad y les animo a que luego hablen de ello en clase, que verbalicen su opinión y empiecen a formarse un atisbo de criterio. Creo que por ahí es por donde hay alguna posibilidad de salvar el cine como le conocemos y esa es nuestra apuesta. Podríamos decir que hemos sumado 25.000 espectadores. Entre los pequeños, casi un 50% no ha ido nunca al cine. Es una gozada cuando voy a una proyección de niños al Delibes.Al comienzo hay un griterío infernal porque no saben lo que es ir al cine. Luego se calman y se quedan pegados por el sonido envolvente y la imagen en alta definición en una gran pantalla. Darles ese goce y provocar su pensamiento es la apuesta para los nuevos públicos.

–¿Su contrato caduca?

–Estoy a gusto, lo que más me cuesta es la burocracia en un momento en el que la gestión debe implicar crecer, dar un salto cualitativo. Tengo todo el apoyo el Consejo Rector pero en aras de la transparencia, que me parece bien, se ha complicado la burocracia. Pero a nivel artístico, me chifla mi trabajo, me apasiona. Para 2018 prescriben los contratos de 2016 y hay que sacar de nuevo a concurso los servicios. Me gustaría colaborar para que todo ello se haga bien. Mi deseo es irme dejando cada parte en manos de profesionales, que quien llegue a este puesto lo tenga todo más fácil

–¿Cuál ha sido el mejor momento de estos diez años?

–Conocer personalmente a muchos personajes que admiraba, a Saura, Ettore Scola, PaulSchrader y por otro lado, la gente en la calle que me pregunta. A cuenta de la crisis creo que recibí más apoyo. Por otra parte, nunca antes tuvo tanta presencia de la Seminci en todos los ámbitos de la ciudad.

–¿Y el peor?

–Me produjo tristeza que pusieran en tela de juicio mi capacidad después de haberla demostrado durante ocho años. Estuve sometido a cierta politización. Me sentí mal, con ganas de tirar la toalla. Me costó aceptar que dejaba mi contrato como director artístico para asumir uno de alta dirección. En cualquier caso si me dan su confianza, me gustaría seguir, hay cosas por hacer pero siempre con apoyo el Consejo Rector.

 

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