«Nunca debe medirse la cultura por su capacidad de generar riqueza»

Savall, durante un concierto en Bucarest. /R. Ghement-Efe
Savall, durante un concierto en Bucarest. / R. Ghement-Efe

Jordi Savall ofrece este jueves el concierto inaugural del ciclo del Centro Nacional de Difusión Musical en el Auditorio de León

Victoria M. Niño
VICTORIA M. NIÑOValladolid

Ayer fue Madrid, hoy, León. Jordi Savall retoma las canciones de Tobias Hume en sus conciertos del ciclo del Centro Nacional de Difusión Musical (CNDM). Savall (Barcelona, 1941) sigue incansable como concertista, como director y como investigador musical. La cita es hoy a las 20:30 h. en el Auditorio Ciudad de León.

–Recupera a Tobias Hume ¿nunca cierra un surco, sigue descubriendo partituras?

–Hace mucho que las conozco, las empecé a estudiar en 1965 en el British Museum, hace casi medio siglo. Es un compositor que conozco muy bien y una música que cada vez que la tocas tienes que imaginar y trabajar de nuevo, siempre descubriendo porque no se deja domesticar fácilmente. Muchas de las músicas de compositores que además son virtuosos combinan la frescura y la libertad de la improvisación con la estructura bien pensada de la composición. Tienes que trabajar con ambas.

–¿Otorgó carácter de instrumento solista a la viola da gamba?

–En aquella época la viola da gamba ya era solista como demostró Diego Ortiz en 1563 en su libros, donde había obras de viola da gamba con otros instrumentos. Durante el barroco también es solista, sobre todo la viola baja. Pero Hume es el primero que intenta hacer lo mismo con la viola que lo que hacen los laudistas con el laúd; tocar con acordes, abordar la polifonía, como lo hizo Bach con el chelo y el violín. También es la primera vez que se imprime la música para viola da gamba sola. La música de Hume no es abstracta, como una suite o una sonata, es una música relacionada con las emociones, como la barroca. No hay que olvidar que hacia 1600 aparece la idea de hacer música como la pintura de las emociones del ser humano, así escribe Monteverdi sus madrigales en Italia o Hume en Reino Unido, con 'leit-motivs' como mi esperanza está en baja forma, la despedida dolorosa, músicas de batallas o de los soldados, etc...

–Participó en varias ediciones del festival Pórtico de Zamora que ha corrido la misma suerte que el de Gerona. ¿Es el ciclo natural de las propuestas culturales?

–Estamos viviendo una época muy difícil para los proyectos culturales porque se confunde el éxito de masas con el éxito cultural. No podemos competir desde la cultura con los éxitos comerciales. Nunca un proyecto cultural debe medirse por su capacidad de generar riqueza sino por su sentido, por lo que lo justifica. El problema de estos festivales es que desaparecen porque la persona que los levantó en su momento con toda la dedicación ya no aguanta, cuando se cansa o se retira es difícil encontrar a otras personas con la misma capacidad de sacrificio y entrega para sostener estos proyectos que son complicados y no siempre rentables.

–¿Cómo está la música antigua?

–Hay un gran desequilibrio: una cosa es organizar conciertos y festivales y otra cosa, ocuparse realmente de cómo ayudar a que un patrimonio sea reconocido por su valor. El principal problema que tiene España, ya lo dije al renunciar al Premio Nacional, es que nuestros políticos no tienen conciencia del valor del patrimonio musical hispánico. Y como no hay conciencia, se tiene abandonado por más valor que tengan actividades como, en este caso, las del CNDM, por más interés de los músicos y del público, no compensa la falta de interés por desarrollar la base de los intérpretes. Es como si dijéramos que solo hay presupuesto para mantener los museos de pintura del siglo XIXy XX y no para los de pintura renacentista y barroca. Eso es lo que ocurre musicalmente, los museos de música antigua vivientes no están ayudados por las instituciones. Y gracias a estas actividades pueden continuar. Pero el mal principal es que no hay una política de ayuda a la base, a los jóvenes que se dedican a antigua. En España hay más de 25 orquestas sinfónicas subvencionadas al 90%, pese a que carece de patrimonio sinfónico. En cambio los pocos grupos capacitados para tocar música medieval se pueden contar con una mano, no reciben nada. Yo tengo el privilegio de contar con una ayuda mínima de la Generatitat –recibimos una ayuda de 380.000 euros al año–, pero tampoco es comparable con el presupuesto de una sinfónica –entre los 2 o 3 millones–. Hasta que no seamos conscientes de que el valor del patrimonio no depende de la riqueza sino de nuestra capacidad de reconocerlo, de decir 'esto vale, ocupémonos de ello, lo que implica un proyecto', no hay solución. Cada uno sigue con su trabajo y yo no puedo quejarme, hay público e interés allá donde voy. Eso es suficiente para mantener el optimismo

–Música de esclavos, de baile, el viaje del islam, son muy aplaudidos sus proyectos temáticos, ¿en qué anda ahora?

–Trabajo en un proyecto en torno a Leonardo da Vinci, un personaje extraordinario, en una aproximación a su época. También en otro proyecto sobre el 'stabat mater' –comparando compositores como Charpentier, Scarlatti,...–, que se presentará en mi festival en Francia y en Salzburgo. Trabajo además en la interpretación que haremos en varias academias de jóvenes de las sinfonías de Beethoven. Lo hacemos con la mitad de músicos profesionales y la otra mitad, estudiantes seleccionados. Trabajamos con manuscritos e instrumentos de época, atendiendo a la riqueza de la articulación, su dinámica y fraseo. Beethoven introduce la revolución de componer para el ser humano, no para los poderosos; ni reyes ni Iglesia. Es el primer gran compositor que se inspira en la RevoluciónFrancesa, lo cual tiene una gran actualidad, el primero de gran envergadura humanística.

 

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