Raphael llena de sinfonía la noche pucelana

Raphael, durante su actuación /
Raphael, durante su actuación

El cantante supera en el Delibes su capacidad dramática junto a la Orquesta Sinfónica de Castilla y León

ROBERTO TERNEvalladolid

A Raphael le gustan las piruetas, los riesgos. Lo que para otros artistas podría ser complicarse la vida, en su caso es un ejercicio artístico donde el talento fluye con naturalidad entre complejidades y niveles extramusicales. Con su estatus y su veteranía, Raphael podría optar por salir de gira eventualmente con músicos de siempre, arreglos de siempre, canciones de siempre y discursos de siempre. Pero claro, no sería lo mismo. Estamos hablando de uno de los artistas más personales de este país que en el tramo final de su carrera ha decidido ambicionar el arte a base de girar en diferentes formatos y hacerlo de manera incombustible por distintos continentes.

El viernes su actual proyecto, Sinphónico, pasó por el Auditorio Miguel Delibes con las entradas agotadas ya desde hace aproximadamente un mes. Y la verdad es que era de justicia que algún día Raphael expusiera todo su potencial dramático e interpretativo flanqueado por la amplificación emocional y sensorial de toda una Orquesta Sinfónica.

Durante casi tres horas, la estrella de Linares extendió su obra con generosidad en los sentidos más artísticos del espectáculo. Precisamente, la longitud del repertorio y el contenido creativo del discurso sinfónico de Raphael hacen que esta gira esté dirigida a los más raphaelistas. Claro que o de estos últimos hay legión o bien todo seguidor de Raphael es raphaelista. Hoy se prevén 4.000 personas en Salamanca.

La salida al escenario de Raphael no pudo ser más gráfica. No quedan muchos capaces de levantar a todo el público de sus butacas en los diez primeros segundos del show solamente con un saludo al aire. Pero claro, es Raphael. Y por supuesto, una Orquesta Sinfónica de Castilla y León con la que, mano a mano, propiciaron momentos de cumbre y trascendencia. Por ejemplo, con En carne viva, con una orquestación conteniendo magistralmente la tensión del tema. O con No puedo arrancarte de mí, con Raphael sentando y correteando sobre una improvisada silla de oficina.

Momentos de soberbia artística llegaron lógicamente con el flashback de Digan lo que digan. Cantar este tema sobre la Oscyl hizo recordar que estamos ante una eterna canción de esperanza. Evidentemente, no todo fue talento al servicio de la intensidad Atención a los arreglos swing de Despertar al amor, sacando el lado 007 de la música de Raphael. Mención especial también para los arreglos de metales de Detenedla ya .

Por aquello de dar oxígeno al espectáculo, Raphael se permitió un par de licencias minimalistas tocando solo al piano temas como Volveré a nacer, así como a la guitarra un pequeño recorrido por la música peruana, conectando así con su público latino como ocurrió con Que nadie sepa mi sufrir.

Evidentemente, los ases de la manga Raphael los reservó para los últimos momentos del show, en los que hay que destacar el óptimo momento vocal de Raphael a sus 73 primaveras. Impresionante la interpretación de Qué sabe nadie, con un Raphael inmerso en la escenificación y con unos arreglos orquestales de capricho. Piel colectiva de gallina seguido por el regalo de la noche: un tamborilero que no fue el único momento christmas de la noche, ya que versioneó Have yourself a little merry christmas.