La vida y obra de Carmen Martín Gaite, en el Palacio Licenciado Butrón

Mar Sancho, en la inauguración de la exposición sobre Carmen Martín Gaite. / Gabriel Villamil

La exposición 'Un paradigma de mujer de letras' estará abierta hasta el 28 de febrero

Victoria M. Niño
VICTORIA M. NIÑOValladolid

La escritora salmantina Carmen Martín Gaite (1925-2000) llenará la sala del Palacio Licenciado Butrón hasta el 28 de febrero. Su vida, su obra, sus amigos, sus cuadernos y sus libros se muestran en una treintena de paneles en una exposición comisariada por José Teruel, profesor de la Universidad Autónoma de Madrid.

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Con los fondos del Archivo Carmen Martín Gaite, accesible de forma virtual a través de la Biblioteca Digital de Castilla y León desde 2017 (http:bibliotecadigital.jcyl.es/archivogaite/es/micrositios/inicio), Teruel ha articulado este recorrido vital a través de los manuscritos –«como antetextos»–, los cuadernos personales –«los luego llamados cuadernos de todo con muchas variantes, siendo de especial interés los personales»– y las fotografías –«de una riqueza excepcional»–. Precisamente una imagen de Gaite con dos años inaugura la muestra. Después la Plaza de los Bandos, el lugar de la casa familiar, donde su padre tenía la notaría y encima, la vivienda.

El ascendente materno, «los Gaite representan la magia, Galicia, y si madre fue su gran interlocutora», y el paterno, «su padre aporta la tenacidad, la constancia en el carácter de Carmiña». «Al inicio de la Guerra Civil su tío Jerónimo, catedrático de Geografía en el Instituto Femenino de Segunda Enseñanza, donde ella estudiará, es asesinado por tener carné del Partido Socialista», explica Teruel. Los años cuarenta, la secundaria en centros públicos y las amistades que marcan su juventud conforman un momento crítico en la formación de la escritora previo a su ingreso en la Universidad de su ciudad. Allí conocerá a García Calvo y a Ignacio Aldecoa, entre otros. «En la Universidad hace teatro, lo que la permite desdoblarse, contarse desde otro punto de vista. En un viaje a Cannes decide que quiere hacer una tesis en Madrid, es decir, salir de casa y la provincia y apunta el deseo de ser catedrática.

Aunque luego llegará a Madrid y se topará con un grupo de jóvenes que determinarán su nuevo e incierto camino, la literatura». Entre esos jóvenes estaba Rafael Sánchez Ferlosio, con quien se casará, quién ganó el Nadal en 1955, premio que ella conquistaría en 1957. 'Entre visillos', en un primer borrador 'La charca', cimenta su carrera literaria, «supone su independencia, hasta el punto que decide que lo que escriba no se lo enseñará a Ferlosio para que su opinión no la condicione».

«Tiene que pelear con los fantasmas de la autoría, de ser la esposa de un escritor apelativo con el que se refieren a ella hasta en los setenta», apunta el comisario. Pronto empezó a colaborar en 'Revista Española' con aquellos amigos entre los que también se contaban Josefina Aldecoa y Alfonso Sastre. Su 'Ritmo lento' quedó finalista en el Premio Biblioteca Breve «y ahí comenzó una primera crisis con la ficción lo que le lleva a abordar otros caminos como el ensayo. Con 'El proceso de Macanaz' emerge la Carmiña historiadora. De ese libro que la tuvo ocupada de 1963 a 1969 dirá 'fue mi chulo'», aclara José Teruel.

La separación de Sánchez Ferlosio en los setenta supone un punto de inflexión en su vida, en lo que llama Teruel «un feminismo interior». Su hija Marta será otra de sus interlocutoras habituales en ese trance y su muerte en 1985 desemboca en «la alegórica 'Caperucita en Manhattan'».

Las invitaciones de universidades americanas le procurarán un exilio emocional desde el que recomponer su vida. Mar Sancho, directora de Políticas Culturales de la Consejería de Cultura, glosó la importancia literaria de la autora española «más leída en América» y recordó que el mejor homenaje para un escritor «es leer sus libros».

 

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