Si Tintín fuera español

Paco Roca escucha durante la entrevista. /Óscar del Pozo
Paco Roca escucha durante la entrevista. / Óscar del Pozo

Paco Roca se basa en la pelea entre la compañía cazatesoros Odissey y el Gobierno español para dibujar una historia de aventuras, intriga y héroes poco habituales

Javier Bragado
JAVIER BRAGADOMadrid

Indiana Jones y el capitán Haddock son los malos de la película. El ministro es un idealista. Los funcionarios son quijotes que trabajan sin horario. El tesoro no es para quien lo ha desenterrado. Y todo es tan real como la vida misma porque Paco Roca ha colaborado con el diplomático Guillermo Corral para intentar acercarse a la historia del Odissey, la empresa estadounidense que quería quedarse con la carga de la fragata española Nuestra Señora de las Mercedes.

En 'El tesoro del Cisne Negro' (Astiberri), la aproximación del autor valenciano al litigio que ganó el Estado español se llena de aventuras, intriga, divulgación, juicios y hasta persecuciones con un aire general que recuerda a Hergé. «Es muy Tintín por el tipo de personajes, pero lo que menos me gusta de esos cómics es Tintín. Es bastante anodino y, cuando tiene algo de personalidad, es repelente. Aunque es verdad que funciona muy bien, porque al tener no personalidad el lector se mete en la historia, es un poco la cámara», explica Roca, un enamorado de la línea clara del belga y de sus dibujos, hasta el punto de desvelar que su primer viaje internacional fue a Egipto, estimulado por 'Los cigarros del faraón'. No obstante, el Tintín de Roca es español y mantiene cierta ingenuidad, pero su idealismo se tambalea con el miedo.

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Otros personajes surgen en las viñetas con los nombres variados sutilmente para evitar problemas legales, pero son fácilmente reconocibles. Frank Stern es Greg Stemm, el fundador de Odyssey Marine Exploration. «Estuvimos trabajando para que tuviese más protagonismo en la historia. En esta trama es un poco el malo y el expoliador, pero cuando ves un documental que hizo Odissey, y algunas entrevistas, lo entiendes un poco más. Cada uno se crea su personaje. Él se cree un aventurero, un arqueólogo, un Indiana Jones, y cuando lo ves desde otra perspectiva te das cuenta de que lo que le mueve es el dinero, que lo que hace no es serio», explica el Premio Nacional del Cómic para destruir cualquier imagen romántica a lo capitán Haddock.

El político que se complica la vida política es una mezcla entre César Antonio Molina y Ángeles González Sinde -Roca ha hablado con los equipos de trabajo de la época-. «El ministro es idealista pero casi lo que le mueve es quedar bien delante de la prensa, esa prensa que mete el dedo en la herida, y lo que más le preocupa es salvar el culo», recuerda el autor. Roca señala como los 'buenos' a los empleados del Estado, a los burócratas y a un abogado estadounidense, porque «el funcionario, ese que no se ve, está haciendo el trabajo independientemente del político y de lo que defienda el gobierno. Él sí que está trabajando continuamente en eso».

Roca ojea su libro (arriba) y diferentes páginas de 'El tesoro del Cisne Negro'. / Astiberri

Ficción

La aportación del diplomático Guillermo Corral, presente en gran parte del proceso del 'rescate' del Odissey a España, se traslada al guion y a ese peculiar Tintín español. Pero hay mucho más en la historia del intento furtivo de la compañía cazatesoros que intentó burlar a las autoridades y que perdió en casa (varios tribunales dieron la razón a España). «El 90% es lo que pasó, hemos ficcionado muy poco. Hay partes para la novelización y la intriga, pero en el fondo es una historia de ficción que juega con factores reales, no es la realidad. No hay que tomarla desde esa óptica, aunque si buscan la información de Odissey seve que hay poco margen para la ficción, encaja», defiende con prudencia Roca.

En la vida real, Odissey tuvo que devolver toda la carga que había sustraído del fondo del mar y el Estado español se encargó del retorno para poder enseñar ese pedazo del puzle de la historia española. «Intentamos contar que el valor de un tesoro como este no es el económico, porque no lo vas a poder vender. Además, el valor es escaso. Decían en 'Indiana Jones' que una moneda única tienen un valor, pero cuando tienes un millón de monedas iguales de repente pierden el valor (no de la plata en sí). El verdadero valor es el histórico, el poder rellenar partes de la historia y el problema con Odissey es que se carga el yacimiento en sí», ilustra el autor.

Los cazarrecompensas pasaron a ser los malos y las autoridades los buenos, pero Roca reconoce que es un paso difícil de asimilar para los ciudadanos: «La ley dice que cualquier cosa que encuentres enterrada o en cualquier sitio con más de 50 años pertenece al Estado. Encuentras un casco de la Guerra Civil y no te lo puedes quedar, pero creo que todo el mundo lo hace y no se persigue ese tipo de cosas. ¿Qué haría yo? Después de hacer este tipo de historia, ¿qué voy a decir?... Con un lágrima lo devolvería».

Documentación e investigación

«Quería que todo respirase cuanto más realismo mejor y que nada chirriase, que el lector de Tintín pueda encontrar un guiño y que el que pueda llegar aquí porque le interesa la historia no vea para nada cosas que le puedan sacar de la historia. Por eso, está documentado todo», insiste el autor.

Paco Roca entró en la embajada de España en Washington, consultó con expertos sobre numismática, marina y diplomacia, acudió al Museo Naval y se documentó en todo lo que le fue posible. Sólo tuvo especial atención con el lugar en el que Odissey almacenaba el tesoro. «No hemos metido imágenes sacadas de las fotos del búnquer porque ahí nos podíamos buscar un problema. Guillermo tenía incluso los planos y me hizo un dibujo pero caímos en que teníamos las medidas de seguridad que tiene un búnquer de esos....», explica el autor valenciano que terminó sus dibujos con la ayuda de Google y una descripción: «El búnquer era una mezcla entre un búnquer de alta seguridad y decoraciones mediavles de Floridad».

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