Cinco siglos de historia con los Martínez Fortún

La familia, en el balneario de Las Salinas, de Medina del Campo. /Archivo familiar
La familia, en el balneario de Las Salinas, de Medina del Campo. / Archivo familiar

El Archivo Municipal de Valladolid recibe en donación el rico legado de esta importante familia española, con cuatro metros lineales de documentación y más de 2.300 fotografías

ENRIQUE BERZALValladolid

«Mi abuelo materno presentaba una noble apostura, era alto y de movimientos marciales, y tenía unos bigotes blancos y unas patillas recortadas […]. Este abuelo se llamaba don León Martínez Fortún y tenía el título de conde de San León, otorgado por don Carlos en la segunda guerra carlista. Fue a Cuba siendo militar (…). Se casó con doña Josefina Martínez de Talavera, mi abuela materna, una criolla de extraordinaria belleza». Francisco de Cossío, notable escritor y director de El Norte de Castilla, rememoraba de esta manera, en su obra 'Confesiones' (1959), al personaje más relevante de su familia materna.

Aquel célebre capitán general, que llegó a ser preceptor de don Jaime de Borbón y dedicó sus postreros días a la fabricación de jabones en su casa de la calle de San Martín, era miembro de una línea genealógica de enorme relevancia para la historia de España. Así lo atestigua el legado documental que uno de sus descendientes, Eduardo Martínez-Fortún Medrano, en su nombre y en el de sus hermanos, acaba de donar al Archivo Municipal.

«Se trata de un fondo excepcional por el amplísimo período cronológico que abarca», señala el director del Archivo, Eduardo Pedruelo, que junto al personal facultativo está procediendo a la catalogación de un legado que abarca desde el siglo XV hasta mediados del XX, con algunas incursiones en los siglos XIII y XIV. De las dimensiones de este importante legado dan cuenta los cuatro metros lineales de documentación en papel/pergamino, lo que supone aproximadamente 40 cajas de archivo, a los que se suman más de 2.300 fotografías y varios álbumes en distintos soportes: placas de vidrio, películas en negativo y positivo en papel.

Gracias a ello, cualquier investigador interesado podrá consultar una interesante documentación que va más allá de las noticias particulares de los Martínez-Fortún, familia que desde su origen navarro, en el siglo VIII, se extendió luego por Murcia y la vieja Castilla y llegó hasta Cuba, pues también comprende variada información de carácter económico, militar, político y social.

El fondo se estructura en dos bloques bien diferenciados: el primero, con documentación que abarca desde el siglo XV hasta finales del XIX, aunque en él predomina el siglo XVII, y un segundo bloque que va desde el último cuarto del siglo XIX a mediados del siglo XX. En el primero aparecen diferentes familias (Docampo, Velázquez, Villafáñez, Muñoz, Barrio, Contreras, Alonso, Santander y otras), cuyos mayorazgos fueron a parar a los Martínez-Fortún después de la muerte, en 1637, de Lucas Velázquez, su último poseedor.

Según Pedruelo, este primer bloque «destaca por su rica, variada y abundante información de carácter genealógico (ejecutorias de hidalguía, pruebas de limpieza de sangre, árboles genealógicos, memoriales ajustados…); por su información sobre la administración de los bienes que forman parte de los mayorazgos (entre los que destacan determinadas haciendas radicadas en la provincia de Segovia); y por la documentación relacionada con el ejercicio de la profesión militar de algunos de los miembros de estas familias».

A su vez, la segunda parte del legado ofrece abundante información sobre el carlismo y la familia Borbón (descendientes de Carlos María Isidro), así como sobre distintos miembros militares de los Martínez-Fortún, la situación de Cuba a finales del XIX y la sociedad vallisoletana en esa misma centuria. Sobresale, a este respecto, lo relativo a figuras como el citado León Martínez-Fortún Erlés, comandante general de Álava y conde de San León, que por sus méritos en el ejército carlista y su buena relación con el pretendiente, don Carlos, alcanzó el grado de capitán general y fue nombrado preceptor de Jaime de Borbón y Borbón-Parma (Jaime I, también pretendiente carlista). De igual manera, en esta segunda parte aparecen datos relativos a los hermanos Carlota, Mariano, Francisco y José María y Mariano de Cossío Martínez-Fortún, muy conocidos y valorados en el ambiente cultural de la primera mitad del siglo XX.

Ejecutorias

Entre los numerosos documentos aportados destacan varios por su originalidad y singular valía. Es el caso, por ejemplo, de los árboles genealógicos, los pleitos, los documentos de limpieza de sangre, los privilegios, las capitulaciones matrimoniales y, más aún, las «nueve ejecutorias de hidalguía expedidas por la Real Chancillería de Valladolid, todas ellas en pergamino, y espléndidamente miniadas. Algunas cuentan con bellas encuadernaciones gofradas y grabadas en oro, y conservan aún unidos sus sellos de plomo, pendientes de hilos de seda de colores», señala Pedruelo.

Las noticias documentadas sobre el amplio conjunto de propiedades aportan amplia información sobre la provincia de Segovia, sobre todo de localidades como Santa María la Real de Nieva y Nava de Coca, pero también en lo tocante a la provincia vallisoletana, como las diferentes menciones a la entonces localidad de Valviadero, en Olmedo, que luego fue dehesa y finca privada. Son asimismo curiosas las referencias que se hacen en pleitos, cartas de pago y otros documentos a la existencia de molinos como el de Papablos, datado en el siglo XV en la ribera del río Eresma, en término del lugar de Bernardos, perteneciente a Segovia, y a otro molino de papel en ese mismo río.

La documentación personal, por su parte, comprende situaciones y asuntos de índole variada, y hace especial énfasis en la trayectoria de aquellos miembros de estas familias que hicieron carrera en el ejército, algunos de ellos naturales de Valladolid o avecindados en esta ciudad. Es el caso, por ejemplo, de Ignacio Adarzo de Santander, capitán de la milicia de las catorce villas del Río de Iruega, del condado de Aguilar, a principios del siglo XVII; o del teniente general José Escudero y Lisón, del que se refieren órdenes acerca de actuaciones militares de principios del siglo XIX, así como del taller de monturas establecido durante la Guerra de la Independencia en Isla de León, bajo su dirección como mariscal de campo.

Finalmente, el material gráfico, en el que figuran numerosas instantáneas de la sociedad burguesa vallisoletana, está compuesto por 1.471 fotografías, una estampa, 50 tarjetas postales, 624 negativos, 16 negativos de cristal, 5 rollos de negativos y 175 placas de cristal. El acto oficial de entrega de este relevante fondo familiar tendrá lugar el martes, a las 11:00h., en el Salón de Recepciones del Ayuntamiento.