Atapuerca: 40 años de esfuerzo y hallazgos

Eudald Carbonell y Rosa M. Tristán, antes de la presentación de la obra. /Villamil
Eudald Carbonell y Rosa M. Tristán, antes de la presentación de la obra. / Villamil

Eudald Carbonell y Rosa M. Tristán presentan en Oletvm el libro ‘Atapuerca: 40 años inmersos en el pasado’

SAMUEL REGUEIRAValladolid

Ha sido un trabajo de cuatro años, con sus pausas e interrupciones, con sus reconducciones y sus nuevos hallazgos… pero para el arqueólogo Eudald Carbonell y la periodista Rosa M. Tristán su enciclopédico, si bien con voluntad divulgativa y de resultar ameno, volumen ‘Atapuerca: 40 años inmersos en el pasado’, que aborda las últimas cuatro décadas en el emblemático yacimiento, supone, visto con una perspectiva histórica general, apenas unos «arañazos en la superficie de lo que está por encontrarse». Ello no les ha disuadido, sin embargo, de lo que consideran su objetivo principal, «tratar de conectar con las personas y de introducirles el ‘veneno’ de la evolución humana, porque solamente conociendo las claves que conforman nuestro pasado seremos capaces de construir nuestro futuro», declaró ayer Carbonell durante la presentación de este libro en Oletvm.

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Acompañados por Manuel Rojo, profesor de Prehistoria en la Facultad de Filosofía y Letras en la Universidad de Valladolid, los autores explicaron cómo se fue fabricando este proyecto, con la reorientación de algunos capítulos y temas que ganaban en pertinencia informativa -como la aparición de un parietal humano Neandertal sin apenas excavación en la Cueva del Fantasma burgalesa, o el hallazgo de los más antiquísimos restos de Homo Sapiens en Marruecos- mientras cada uno se encargaba, a su vez, de corregir cuanto había escrito el otro, como describió Tristán. «Yo trtaducía sus pasajes a un lenguaje que todos pudiéramos entender, y Carbonell revisaba que todo cuanto yo pusiera fuera preciso y se ajustara a la realidad».

En su defensa del libro, sostienen ambos autores que si bien «hay muchos y muy buenos», este, publicado en el mes de octubre del pasado año y editado por National Geographic, es único: «Ha sido una reflexión porque la forma de abordar Atapuerca es diferente». No dejan de insistir en su carácter enciclopédico, que abarca desde los fósiles de micromamíferos hasta los yacimientos humanizados, y Carbonell señala que su colega «también ha optado por incluir en el libro una visión más plural, no solo la mía; también la de mis compañeros».

Público asistente a la presentacion en la librería Oletvm.
Público asistente a la presentacion en la librería Oletvm. / Gabriel Villamil

A lo largo del acto destacó, con creces, la pregunta de una joven entusiasta de la paleontología de apenas doce años de edad, que inquirió a los autores si era preferible que un yacimiento pasase completamente oculto pero que se garantizara así su pervivencia, o si resultaría mejor descubrirlo aun a riesgo de destruirlo: «De ello depende, fundamentalmente, la sensibilidad del Estado», respondió al instante Carbonell, sin dejar de deshacerse en elogios por la magnífica cuestión: «Pero, sin un atisbo de duda, preferiría que no lo halláramos y que sobreviviese a que, por encontrarlo, lo perdamos irremediablemente».

Casi involuntariamente, o no, esta línea derivó la presentación del libro a los recortes, tanto los que se habían sufrido por parte de Tristán y los contenidos informativos especializados («Resultan fundamentales, y animo a cualquiera con vocación de periodista a que escoja un tema y profundice en él, porque gracias a esto he conocido a varias de las mentes más privilegiadas en este campo») como en la financiación a la investigación: «Es un drama tremendo porque todos los grandes investigadores de segunda y tercera generación se han marchado a Inglaterra o a Europa», sostuvo Carbonell.

Restaurar esa cinta rota de trabajo consolidado por la democracia, prosiguió el arqueólogo, «no se conseguirá solo con los fondos; requiere tiempo reconstruir esos cimientos destruidos hace más de doce años y recuperar ese continuo goteo de científicos que dejó un gran vacío, sobre todo en el año 2012».

Preguntados ambos autores, finalmente, sobre las líneas de trabajo que en Atapuerca amenazan con desactualizar enseguida esta reciente obra, ambos coincidieron en que se puede dar por anticuada ya: «Es una referencia para actualizar al lector, y que descubra qué se sabía hasta entonces del nuevo gran hallazgo», sentenciaron.

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