Fermín Herrero, el poeta deslumbrado por el latir de la vida cotidiana

Fermín Herrero conversa con Jesús Fonseca en el claustro del Palacio de Santa Cruz, ayer antes de participar en el Aula de Cultura de El Norte. /
Fermín Herrero conversa con Jesús Fonseca en el claustro del Palacio de Santa Cruz, ayer antes de participar en el Aula de Cultura de El Norte.

Jesús Fonseca ensalza la sencillez del autor soriano a la luz de su obra ‘La gratitud’

JESÚS BOMBÍNVALLADOLID

Versos que hablan del sonido de las hojas de un aliso mecido por el viento, cuyo matiz poco tiene que ver con el de un pino o un chopo; que cuentan a qué saben los abrazos a seres queridos, o los paseos que sacan todo su jugo a un atardecer. La atmósfera poética impregnó ayer el Aula Triste del Palacio de Santa Cruz. El periodista y poeta Jesús Fonseca (Canfranc, Huesca, 1952) presentó a Fermín Herrero (Ausejo de la Sierra, Soria, 1963) para hablar de poesía a la luz del poemario La gratitud, que a este último le valió el XXIV Premio Gil de Biedma.

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«Es una voz valiente, verdadera, insobornable y uno de los poetas más consagrados de las letras hispanas, que a través de sus versos muestra una enorme capacidad para rescatar a través de la poesía aquello que más importa», detalló el delegado en Castilla y León del diario La Razón. Presentó La gratitud como «un libro de cercanía y acompañamiento, tejido de emociones y de intuiciones. Es admirable la capacidad de Fermín Herrero para captar lo que es imperceptible a nuestros ojos. Para expresar desde lo más profundo. Todo lo que le rodea le conmueve. Es el río de la vida el que le lleva al mar de la gratitud».

Ante el público que acudió al Aula Triste contó cómo al autor soriano le deslumbra la sombra de una nube, la nieve en la ventana, «tal vez porque sabe que cuando las cosas anheladas ya no se desean, llegan».

En ese paladear la vida cotidiana le puso como ejemplo de «poeta de las cosas pequeñas, asombrado por lo sencillo, por lo cotidiano», dijo refiriéndose a él como alguien que forma parte ya «de lo mejor de la literatura española del siglo XXI».

El soriano acogió los elogios con gratitud, la misma que considera un sentimiento mayúsculo siempre y cuando no proceda de la devolución de un favor o de la compasión. La gratitud es un texto en el que Fermín Herrero aborda «un sentimiento de madurez que, como la ternura, se ha perdido», una celebración de «lo bueno» en un mundo saturado de visiones y espíritus críticos. «No hay que olvidar de dónde venimos y lo que nos cuentan nuestros padres», recordaba ayer un autor que se muestra sorprendido ante las cosas más pequeñas de la vida diaria. Contó que eligió este título porque Stalin pensaba que la gratitud es una enfermedad, algo despreciable. «Lo ha contado Manuel Leguineche en alguno de sus artículos; es una de esas anécdotas de la historia de los totalitarismos del siglo XX».

Y es que los títulos de sus libros son esenciales para él. Ayer comentaba que no se pone a la tarea de escribir hasta que no tiene claro el título que le da el clima del libro. Lleva quince años afincado en Valladolid y estuvo los siete primeros sin escribir un verso porque le resultaba «dificilísimo» entender el paisaje, habituado como estaba al terruño soriano, a pasear por parajes despoblados.

Herrero está convencido de que su obra no es demasiado original en la medida en que el amor, la muerte, el sentido de la vida y el paso del tiempo siguen siendo los ejes vitales de nuestra existencia y, por tanto, temas muy ligados a su latir poético. «Soy un poeta castellano. La poesía acaba trasluciendo el carácter».

Alternó ayer sus comentarios con lecturas de sus poemas. Uno de los elegidos era un canto a la ternura al mostrar la historia de una mujer que fue vendida por una burra en un pueblo de Soria. Escritor de versos apegados a la naturaleza y la vida en el campo, entre los reconocimientos a su modo de decantar el mundo en verso figuran sus Endechas del consuelo, distinguidas con el premio Fray Luis de León; Echarse al monte, con el Hiperión, y Tempero, con el Alfons de Magnànim. Además, proyecta su mirada literaria a través del suplemento La Sombra del Ciprés. Ayer Fermín Herrero y Jesús Fonseca se regalaron poemas en una velada de sensaciones que fueron recompensadas con aplausos del público.

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