Un siglo de venta ambulante en Valladolid

Joaquín Díaz y Ana Redondo, viendo enseres de la exposición 'Vendiendo en la calle'. /Henar Sastre
Joaquín Díaz y Ana Redondo, viendo enseres de la exposición 'Vendiendo en la calle'. / Henar Sastre

Joaquín Díaz reúne en la exposición 'Vendiendo en la calle' grabados y fotografías que constatan comercio, productos y oficios desde mediados del XIX hasta mediados del XX

Victoria M. Niño
VICTORIA M. NIÑOValladolid

El comercio sobre ruedas, antes que a las espaldas de un repartidor ciclista, lo fue sobre carros y carretas. La venta ambulante desde 1860 hasta mediados del siglo XX en Valladolid es el hilo argumental de la exposición que acoge la Casa Revilla. 'Vendiendo en la calle' es una selección de fotografías a través de las cuales Joaquín Díaz narra los oficios, los productos, las ferias, los mercados y los puestos eventuales. La muestra podrá verse hasta el 25 de agosto.

«Melancolía» fue el término que utilizó Ana Redondo, concejala de Cultura, para designar la sensación que produce ver romanas, latas, cestos, rosquillas o juguetes de hojalata. Para Joaquín, que vive en Urueña, la venta ambulante aún es una realidad. En la ciudad, en cambio, se ha puesto a cobijo y el pequeño comercio sufre la fascinación general por la compra 'on line'. Ir a ver escaparates es una actividad en desusol, los grandes expositores son clonados en cada centro comercial.

El Archivo Municipal, la Fundación Joaquín Díaz y varios particulares son las fuentes de estas imágenes que retratan los puestos de la Plaza Mayor, los de alrededor de los mercados –Portugalete, Val, Campillo–, los que aprovechaban los soportales o las fiestas. En la calle voceaban su mercancía botijeros, aguadores, barquilleros, piñoneros, traperos, un largo etcétera. Junto a ellos, compartían el empedrado trabajadores como zapateros o afiladores. Y algunas veces, los ciegos, las coparsas o los adiestradores de animales animaban las plazas públicas.

Había puestos con sitio fijo y los había más eventuales como los puestos en torno a romerías –al del Carmen de Extramuros–, navidades –Plaza del Ochavo–, ferias –en la del Sudario se vendían juguetes, alfarería y dulces– o los que ofrecían palmas en torno al Domingo de Ramos. Joaquín Díaz, recopilador originariamente del patrimonio oral, cantó algunos de los pregones recogidos por otros autores: «El oído era el primer sentido que identificaba la venta. Se pregonaba, por ejemplo, 'laurel pal chocolate', 'al rico tanganillo caliente' que era una longaniza blanda para el que no tenía buena dentadura, los churros tostados por la tarde que se llamaban 'torraínes', el 'chuletón del huerto' que era el calabacín», recitó el etnógrafo haciendo de pregonero.

Díaz destacó un personaje vallisoletano «que bien merece un homenaje, León Salvador, uno de los mejores comunicadores orales. Era de la Pedraja de Portillo y se recorría España comprando a los relojes suizos los relojes que tenían algún defecto. Luego los vendía él con mucha gracia. Una vez, un cliente se le fue a quejar de que no funcionaba el reloj que el compró y le dijo, 'hace mucho que me casé con mi mujer y no he podido cambiarla'».

Camisería 'El Louvre'

De los puestos a las tiendas, al comercio bajo teja que fundaron familias con apellidos que han perdurado en el comercio local: los Ambrosio Pérez, los Uña, Castellón, Pantaleón Muñoz, Villalonga o Vaquero. Una camisería con nombre de museo como 'El Louvre', los comestibles Saturnino Rubiales o la tienda de música del dulzainero Ángel Velasco son ejemplos de ese comercio decimonónico que ponía en escena sus productos desde la fachada hasta el alto mostrador.

El centro de la sala de la Casa Revilla lo ocupan balanzas y romanas, ollas y orzas de barro, cestas de mimbre y cajones de madera, los telares del tenderete y el banquillo desde el que atenderlo. Y al fondo, preciadas mercancías: rosquillas, zapatillas, legumbres y almendras garrapiñadas. De ordenanzas comerciales, pesos, medidas y enseres también habla 'Vendiendo en la calle'. La fábrica de romanas La castellana da cuenta del cambio del sistema de pesos. Corría el 1870. Tres años después, la alcaldía de Valladolid publica su bando sobre almacenamiento de sustancias peligrosas y sobre el uso de pesas y medidas del sistema métrico decimal.