Los Servicios Sociales intervienen en 50 casos de menores con intoxicación etílica al año en la región

Botellón en las fiestas de Matapozuelos, en Valladolid. ::RODRIGO JIMÉNEZ/
Botellón en las fiestas de Matapozuelos, en Valladolid. ::RODRIGO JIMÉNEZ

El plan, implantado en los grandes hospitales, se extenderá a los tres comarcales en 2019

Ana Santiago
ANA SANTIAGOValladolid

Los menores sortean cualquier dificultad para comprar alcohol. Lo consiguen en casa, en supermercados aunque cumplan con la exigencia de pedirles en carné de identidad para asegurarse de su edad, o simplemente lo arreglan con amigos que superan los 18 o con adultos que, por una propina, se lo suministran. Compran bebidas baratas y crean su propia mezcla de alcoholes y refresco sobre todo de alta graduación en una gran botella de plástico para compartir. Es el botellón, un estilo de diversión muy ligado a la franja más joven de adolescentes. Después, el plan es una explanada al aire libre, un parque, unos bancos y un atracón rápido de alcohol. Muchas veces incluso temprano, antes de la media noche ya están ebrios. Ni echan un futbolín, juegan a la diana o con un billar. La música y el baile solo son un telón de fondo. Y desde este ambiente, que deja señales inconfundibles cada noche en el abandono en la calle de cascotes y bolsas, es desde donde se generan la mayor parte de los ingresos en urgencias, directamente llevados al hospital y muchos con una llamada al 112, por intoxicación etílica.

Prevención, reflexión, conocimiento de los riesgos... mensajes difíciles de acercar a los más jóvenes; pero que el Comisionado Regional para la Droga quiere ir más allá, sin abandonarlos, de los folletos y publicidades. Por ello, la Consejería de Familia e Igualdad de Oportunidades, con la de Sanidad, lideran un plan para captar a los menores que llegan a beber tanto que se emborrachan asiduamente, que rematan la noche hasta con una coma etílico. Y han ido a buscarlos a los hospitales. Una vez captados y analizado su nivel de riesgo, se interviene en mayor o menor medida. Puede pasar de una sencilla sesión para padres e hijos de orientación y sensibilización hasta sesiones semanales y más intensas durante tres meses.

El primer paso, admitir que hay un problema en casa con un abuso preocupante

El desinterés familiar porque los hijos entren en un programa de concienciación del daño que puede provocar el alcohol se debe más a la negativa de aceptar que hay un problema en casa y a querer verlo como algo propio de la edad y un hecho aislado que por cuestionar el programa. «El primer paso es aceptar que un hijo abusa preocupantemente del alcohol», destacan los profesionales.

El Servicio de Referencia de Prevención, una vez derivados los casos, contacta telefónicamente con las familias en un periodo máximo de 72 horas para establecer una cita presencial en un periodo máximo de una semana. En esa cita se realiza una valoración de cada familia, estableciendo su nivel de riesgo y las intervenciones a realizar. Así, si se trata de un entorno sin factores de riesgo se hará una actuación mínima de una sesión, dando pautas para reconducir el consumo. En el caso de familias con factores de riesgo importantes; ya sea en el padre, en la madre o en los hijos, se realizará una intervención inmediata con «la intensidad necesaria, en sesiones semanales durante un tiempo máximo estimado de tres meses, para dar las pautas básicas en las áreas claves como la información sobre alcohol y otras drogas, comunicación, establecimiento de normas y límites, posicionamiento familiar frente al consumo de alcohol y otras drogas y ocio saludable».

Cuando se trata de casos con consumos frecuentes o intensos de alcohol, o que les hayan generado también consecuencias negativas sobre otras áreas de su vida como la escolar o laboral, la familiar, la legal o sobre su salud se les deriva directamente a un programa de prevención familiar.

Bajo el nombre de programa Ícaro, inspirado en la mitología griega – 'ascendió lo más alto que pudo y entonces el calor del sol derritió la cera de sus alas por lo que cayó al mar'– para potenciar la prevención y evitar la repetición de conductas.

El proyecto es muy joven, comenzó como experiencia piloto en Valladolid a finales de 2017. En la actualidad, se está desarrollando en los hospitales de área de las nueve provincias y en las unidades medicalizadas de emergencias sanitarias de las capitales y de Ponferrada.

En 2018 su implantación se ha realizado en dos fases: desde junio en las provincias de Ávila, Palencia y Segovia y, a partir del 21 de diciembre de 2018, en el resto de las provincias. El balance de este primer ejercicio entero, aunque no completo su desarrollo e implantación, ya superó el centenar de intervenciones desde Servicios Sociales.Lo esperable es que con todos los hospitales y con mayor consolidación se llegue a muchos más menores. Fueron concretamente 53 los casos detectados;de los que el 75,5% fueron finalmente derivados al llamado Servicio de Referencia de Prevención. En los menores de 14 años, el envío al mismo se hace en todos los casos, haya o no consentimiento de la familia, y se presta una especial atención para detectar posibles situaciones de maltrato, riesgo o posible desamparo del menor, en cuyo caso se comunica esta situación a los servicios sociales para garantizar la adecuada protección y atención al menor. En dicho periodo hubo trece casos de adolescentes con menos de 14 años y otros 40 de entre dicha edad y los 17 años. El mayor número lo aporta Valladolid, con 28 casos que suponen el 70% de todos los autonómicos. Una provincia adelantada en un año en su implantación.

El programa Ícaro, que capta a los adolescentes en las mismas urgencias, persigue prevenir conductas de riesgo

La mayoría de los casos se detectan desde las urgencias hospitalarias. Tan solo tres fueron derivados desde emergencias del 112; ya que los menores atendidos en ambulancia son, en su mayoría, trasladados a los hospitales de referencia.

De los casos derivados, solo en doce no se inició la evaluación o intervención por no poder contactar con ellos; porque rechazaron tal apoyo (solo en dos casos) por considerar que no necesitan ayuda; porque no acudieron a la cita o están todavía pendientes.

El 83,3% de los padres y el 58,3% de los menores que ya han finalizado el proceso «presentan un alto grado satisfacción con la intervención realizada por los problemas que les ha ocasionado el consumo de alcohol».

El 83% de los padres y el 58% de los adolescentes presentan un «alto grado de satisfacción» tras finalizar el proceso

Por otra parte, este primer balance recoge que, de los casos valorados, el 71,4% de las familias no presentaron factores de riesgo y precisaron una intervención preventiva de baja intensidad; el 21,4% presentaba algún factor de riesgo por lo que fue necesaria una intervención preventiva de intensidad media y el 7,1% son menores con consumos realmente problemáticos de alcohol y requieren una actuación de los Servicios Sociales de alta intensidad.

El aumento de casos guarda estrecha relación, como era esperable, con los fines de semana y las fiestas. La mayoría de los episodios de urgencias sanitarias suceden las noches de viernes y sábados; vacaciones escolares de Navidad, Semana Santa y de verano, o en las noches de Halloween, Carnavales, San Juan o fiestas patronales. En cuanto a los horarios, la mayoría se registran entre las 21:00 y la 1:00 de la madrugada y, en menor medida, desde entonces hasta las ocho de la mañana.

Durante el actual ejercicio, el proyecto busca consolidar el programa en las zonas que lo iniciaron en diciembre de 2018 y extenderlo, en el segundo semestre, a los hospitales comarcales de Aranda de Duero, Miranda de Ebro y Medina del Campo, con lo que estarán incluidos los servicios de urgencias de todos los complejos asistenciales de la comunidad.

Actuación

El programa arranca desde los propios médicos y enfermeros. Los profesionales sanitarios de los servicios de urgencias y emergencias sanitarias, además de atender el cuadro clínico relacionado con el consumo de alcohol, «realizan una intervención motivacional breve con los menores y sus familias, aprovechando la situación de crisis que, en general, sitúa a las familias en un estado de mayor receptividad para abordar el problema y participar en una intervención preventiva posterior», destaca la Junta. Con ella, los sanitarios intentan sensibilizar a la familia y al menor sobre los riesgos del consumo de alcohol en edades tan tempranas y motivarlos para su derivación a un servicio de referencia de prevención. Por su parte, los psicólogos y trabajadores sociales del mismo realizan una captación activa, las llaman, de las familias previamente motivadas y que dan su consentimiento para llevar a cabo actuaciones educativas y preventivas con distinto grado de intensidad, según el nivel de riesgo detectado en el menor y en su entorno.

El programa Ícaro-alcohol hace especial énfasis en la coordinación de distintos servicios y sus profesionales para dar una respuesta adecuada, asegurando la continuidad de las intervenciones y realizando un seguimiento activo de los casos para reforzar la acción educativa o terapéutica en función de las necesidades de cada familia.

Para asegurar la adecuación de las intervenciones, indica Familia, «se están realizando diferentes actividades de información y formación con los profesionales sanitarios (urgencias y emergencias, pediatría y salud mental) y de las direcciones y subdirecciones médicas de todas las áreas de salud implicadas.