¿Es necesaria la educación sexual en las aulas?

Adquirir conocimientos de cualquier ámbito a través de una formación veraz siempre es beneficioso independientemente del momento y de la edad

Juan González Romera
JUAN GONZÁLEZ ROMERA

Me invaden sentimientos encontrados al ponerme a escribir sobre esta temática. Por un lado, me alegra disponer de un espacio en un medio con tanta repercusión como éste para poder argumentar a favor de algo que considero imprescindible para favorecer el crecimiento sano, equilibrado y consciente de nuestros niños, adolescentes y jóvenes. Por otro lado, me apena el hecho de que, a punto de entrar en la segunda década del siglo XXI, aún tengamos que dar argumentos que justifiquen la necesidad de una educación sexual universal.

No veo a nadie plantear dudas sobre la conveniencia o no de que en los centros educativos se desarrollen talleres formativos sobre educación vial. O sobre uso responsable de las nuevas tecnologías. Sin embargo, suele ser habitual que al dirigirnos a dichos centros educativos o asociaciones de madres y padres de alumnos con una propuesta de varias sesiones en las que se aborde este tema en las aulas, se perciba una cierta preocupación: 'Educación sexual. ¡Que viene el coco!'

¿Por qué? Pues porque en la gran mayoría de los casos, se desconocen los contenidos que se tratan dentro de un programa de educación sexual. El problema es que la formación en todo lo relacionado con el ámbito de la sexualidad de la mayor parte de los padres y madres cuyos hijos son susceptibles de ser receptores de dichos programas de educación sexual es mínima (y digo 'mínima' haciendo un ejercicio de optimismo. No estaríamos muy alejados de la realidad si dijéramos que es nula). La consecuencia de esta falta de formación es que de manera casi automática, el adjetivo 'sexual' se convierte en sinónimo de 'genital' y 'coital»'. Y claro, que demos ese tipo de información a adolescentes de 15 o 16 años tiene un pase, pero ¿cómo vamos a dar educación sexual a niños de Educación Primaria? ¿No son demasiado pequeños?

Y aquí es donde voy a dar una respuesta que, probablemente, asuste a todos aquellos que os hayáis sentido identificados con el párrafo anterior: no, no son demasiado pequeños. Ahora os voy a pedir un poquito de paciencia y que sigáis leyendo, para que pueda explicar por qué no lo son.

No podemos reducir lo 'sexual' a lo meramente 'genital' o 'coital'. Estaríamos cayendo en el error de reducir la educación sexual a unos apartados que, si bien es cierto que tienen una importancia capital sobre todo a medida que los niños van entrando en la adolescencia, dejaría fuera a otros aspectos que tienen la misma importancia que los anteriormente señalados a la hora de conseguir nuestro objetivo: el crecimiento y desarrollo saludable de los niños y adolescentes en todo lo relacionado con su esfera sexo-afectiva.

Y aquí es donde está la clave, en esa dimensión afectiva. Tan clave que, muchas veces quienes nos dedicamos a la educación sexual, presentamos nuestros programas como 'Educación afectivo-sexual', buscando que la inclusión del término 'afectivo' tranquilice y apacigüe los miedos y reticencias que, tristemente, aún se tienen. No es el planteamiento ideal desde el punto de vista puramente sexológico, ya que desde el marco teórico de la Sexología consideramos que lo afectivo está inevitablemente subsumido dentro de lo sexual, si bien quiero pensar que, en este caso, el fin justifica los medios. Y si así conseguimos llegar a un mayor número de alumnos, bienvenida sea esta trampa.

Conviene recordar, aunque pueda parecer una obviedad, que los contenidos de los programas de educación sexual están, como en cualquier otra asignatura, adaptados para ser comprensibles, asimilables y útiles para el alumnado. Si en Matemáticas no nos ponemos a enseñar logaritmos neperianos a los alumnos de 5º de Primaria ni a multiplicar con decimales a los de Bachillerato, en educación sexual no hablamos a los de 5º de 'primeras relaciones eróticas' ni a los de Bachillerato sobre 'cómo reaccionar ante los cambios corporales'.

¿Qué contenidos tiene un programa de educación sexual? Pues desde lo anteriormente citado sobre entender los cambios corporales de la adolescencia, los primeros noviazgos, trabajo sobre estereotipos sexuados y como influyen en nuestra manera de ser y relacionarnos, cómo interpretar los mensajes que reciben a través de la música que escuchan, las series y películas que ven, etc. Todos tratados de manera que sea el propio alumnado el que saque sus propias conclusiones y enseñanzas a través de un diálogo guiado. Vamos desde 'lo que saben' a 'lo que deberían saber', dejando que sean ellos quienes vayan creando su propio conocimiento.

Lo que sí que tienen en común todos los contenidos es el enfoque: hablamos de la esfera sexual del individuo como un área del desarrollo y crecimiento personal que hay que promover siempre en positivo. Como decía Havelock Ellis «entre los sexos se dan más situaciones de potencial cultivable que problemas o trastornos que requieran de tratamiento o curación». Entendemos el miedo y la preocupación que pueden generar tanto en los alumnos como en sus familias acontecimientos como embarazos no planificados, relaciones tóxicas, etc. pero es precisamente para evitar esto por lo que se hace necesaria (si no imprescindible) una educación sexual desde edades tempranas

Precisamente por esto, y llevando el partido a mi terreno, es importante implementar un programa de educación sexual en los centros educativos, ya que a medida que los chicos y chicas van creciendo, su interés por todo lo relacionado con la sexualidad va en aumento. Y que no os quepa duda que van a encontrar la manera de saciar esa curiosidad. El problema que nos podemos encontrar con esto es que a día de hoy, en la era de las autopistas de la información, los niños, adolescentes y jóvenes tienen acceso a una enorme cantidad de información que les llega sin ningún tipo de canalización ni filtro. Como ejemplo, no es extraño que en los últimos tiempos aparezcan en los medios de comunicación noticias que alarman sobre el consumo de pornografía en edades cada vez más tempranas, analizando todas las consecuencias que esto puede tener entre los más jóvenes. Hay que entender que tienen una ventana al mundo a través de sus móviles a través de la que acceden a información que está fuera del alcance de los adultos de su entorno. Va a ser difícil que podamos evitar el acceso a esos mensajes y contenidos, así que del trinomio 'emisor-mensaje-receptor', tenemos en nuestra mano actuar sobre los receptores, dándoles una formación y unos conocimientos con los que puedan elaborar sus propias conclusiones a través de una crítica razonada.

Como colofón diré que adquirir conocimientos de cualquier ámbito a través de una formación veraz siempre es beneficioso independientemente del momento y de la edad (cuanto antes, mejor). Como dijo Sócrates, «la verdad os hará libres». En el caso de la verdad y el conocimiento sobre nuestra propia sexualidad, libérrimos.