Cómo hablar de sexo con tus hijos

«Exactamente igual que la mano se llama mano y la nariz se llama nariz, el pene se llama pene, no 'pistolilla', 'pirulilla', 'pito' o equivalentes»

Cómo hablar de sexo con tus hijos
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Juan González Romera
JUAN GONZÁLEZ ROMERA

Antes de empezar a hablar sobre tan controvertido asunto, quiero dejar una cosa clara: si habéis llegado a estas líneas con la esperanza de encontrar cinco claves infalibles para poder abordar este tema con vuestras hijas e hijos, podéis dejar de leer. Como es fácil de comprender es completamente imposible dar unas pautas que sirvan al mismo tiempo para todos los niños y niñas con edades comprendidas entre los 4 y los 18 años, habida cuenta de que sus inquietudes, necesidades, vivencias e influencias nada tienen que ver. Eso sin tener en cuenta algo de vital importancia como son sus peculiaridades personales y relacionales con sus progenitores. Aun así, nos marcamos como objetivo de este texto el que al terminar su lectura los claros superen a las nubes. Veremos si somos capaces.

Cuando los padres se plantean hablar de sexo con sus hijas e hijos, habitualmente hay tres temas que focalizan su atención: la procreación, la anticoncepción y la salud sexual. Lamentablemente dejamos así desatendidas las áreas más relacionadas con la esfera afectiva, emocional y amorosa de las primeras relaciones de pareja de nuestros hijos. Además, las temáticas que sí se afrontan, se hacen desde una perspectiva negativa. Desde el miedo a un embarazo no deseado, a una infección de transmisión genital (o enfermedad de transmisión sexual, como se conoce de manera más popular) o a que nuestros hijos sean demasiado precoces en el planteamiento de sus dudas y esto les empuje a una experimentación temprana en conductas eróticas.

Para mejorar esto, tenemos que hacer un esfuerzo como padres para no ver al sexo como a un enemigo, sino como a un componente más del desarrollo vital de nuestros hijos, que cuanto mejor y de forma más correcta conozcan, más les ayudará a su crecimiento integral como personas. Como decía Havelock Ellis (sexólogo británico de los siglos XIX y XX, considerado como una de las grandes influencias para el desarrollo de la Sexología moderna) en uno de sus axiomas, «entre los sexos se dan más situaciones de potencial cultivable que problemas o trastornos que requieran tratamiento o curación». Es decir, el sexo (y más concretamente, el encuentro entre los sexos, ya sean estos distintos o el mismo) provoca muchas más interacciones positivas que negativas.

«No hay nada más tentador para un adolescente con curiosidad que el olor de lo prohibido. Pon en una casa una habitación cerrada con llave y será en la única estancia en la que querrá entrar»

Una vez contextualizada cuál es la situación más habitual en lo referente a la comunicación paterno-filial en el tema sexual, podemos comenzar con algunas pautas que esperamos puedan ayudaros como padres a la hora de abordar el tema:

Intentad que el sexo deje de ser un tema tabú… sin iros al otro extremo. Es decir, si mientras vemos una película con nuestros hijos aparece una escena de sexo, no hace falta cambiar de canal o ponerles una manta por encima de la cabeza. Pero tampoco es necesario que nos vengamos arriba y hagamos «apreciaciones técnicas» sobre la ejecución de la escena. Aprovecha el momento para iniciar una conversación, pero con tacto.

Pensad como os habríais sentido si con dieciséis años vuestros padres hubieran hecho algún tipo de comentario explícito en una situación similar. Podría darse la situación de que, con toda nuestra buena voluntad, estemos intentando crear un clima de confianza que nuestros hijos sientan como una situación incómoda, generándose en ellos como consecuencia una emoción que no ayudara a que en un futuro puedan plantearnos sus dudas y preocupaciones.

En el otro extremo, si mostramos un celo excesivo en evitar que nuestras hijas e hijos observen ciertas escena, estaremos creando una situación muy similar a la conocida en internet como «efecto Streisand» (es un fenómeno de Internet en el que un intento de censura o encubrimiento de cierta información fracasa o es contraproducente, ya que esta acaba siendo ampliamente divulgada o reconocida, de modo que recibe mayor visibilidad de la que hubiera tenido si no se la hubiese pretendido acallar). No hay nada más tentador para un adolescente con curiosidad que el olor de lo prohibido. Pon en una casa una habitación cerrada con llave y será en la única estancia en la que querrá entrar. Tened en cuenta que los silencios y las negativas a hablar sobre el tema también educan, aunque normalmente en la dirección contraria a la que sería deseable.

Lo ideal es conseguir crear entre padres e hijos un clima de confianza en el que los hijos sientan que pueden plantear a sus padres algún tipo de duda, problema, preocupación… que será (en la medida de lo posible) resuelta por sus padres sin que la conversación se convierta en un interrogatorio policial. Por el contrario, fomenta el diálogo reforzando de manera positiva su iniciativa a la hora de plantearos sus dudas. No subestimes la importancia que tiene para ellos un «me alegra que me preguntes» de boca de sus padres.

«Si vais a hablar sobre cigüeñas, que sea porque se ve un nido en un campanario desde la ventana de casa. Fábulas, las justas»

Utilizad las 4 «C»: conceptos claros, concisos y ciertos. No te andes por las ramas y ve directo al grano, adecuando el lenguaje a la edad y la capacidad de comprensión de tus hijos, pero utilizando las palabras correctas: exactamente igual que la mano se llama mano y la nariz se llama nariz, el pene se llama pene, no 'pistolilla', 'pirulilla', 'pito' o equivalentes. Y si vais a hablar sobre cigüeñas, que sea porque se ve un nido en un campanario desde la ventana de casa. Fábulas, las justas.

Es importante resolver las dudas de manera satisfactoria para crear una situación que aumente las probabilidades de que vuestro hijo vuelva a consultaros. Una vez que haya terminado la conversación, asegúrate de que su duda ha quedado resuelta.

Si te sientes incómodo o no sabes cómo resolver la duda planteada, házselo saber, pero refuerza la importancia de seguir hablando del tema siempre y cuando sea necesario y ofrécete a ayudarle a buscar la solución a la cuestión que ha quedado sin resolver. No te rías de sus preguntas. La única duda tonta es la que queda sin despejarse y aunque a ti te parezca una nimiedad, a ellos les preocupa. Actuad como padres, no como detectives.

Existe una probabilidad bastante alta de que, aunque vuestros hijos se animen a plantear alguna duda, percibáis que se encuentran a la defensiva. Para relajar esa 'tensión', responded a sus preguntas en términos generales, nunca personalizando en ellos, evitando así que se sientan atacados.

No intentéis aprovechar la coyuntura para 'sacarles' información. Tened en cuenta que sois sus padres, no sus amigos, por lo que no es conveniente que os presentéis ante ellos como la Gestapo. Es preferible que se sientan cómodos con el objetivo de conseguir una conversación fluida en la que ellos puedan ir planteando cuantas dudas surjan a lo largo de la conversación, cosa que no ocurrirá si perciben la acción comunicativa como un interrogatorio. Si conseguís ese clima fluido y agradable, podréis además comentar temas que creáis que puedan ser de ayuda o importantes de cara a que puedan establecer unas relaciones interpersonales y de pareja positivas y asentadas sobre valores sólidos y constructivos.

Me gustaría pensar que estas líneas os han ayudado en algo. En cualquier caso, seguid vuestro instinto como padres. Nadie conoce mejor a vuestros hijos que vosotros y aunque a veces no dispongáis de las mejores herramientas o conocimientos para solucionar sus dudas dentro del ámbito de la sexualidad y la erótica, no os preocupéis. Como dice el anuncio de una conocida marca de pizzas artesanas habrá situaciones en las que penséis «no tengo ni idea de como manejar esta situación, pero pase lo que pase yo estoy a tu lado». Si esto ocurre así, estáis en el buen camino.