Cuando los adolescentes quieren correr antes que andar o las primeras experiencias eróticas

«Las decisiones que tomamos como adolescentes, en ocasiones, no son las más idóneas para el adecuado crecimiento personal dentro del ámbito de la sexualidad y la erótica»

Pareja de enamorados./AP
Pareja de enamorados. / AP
Juan González Romera
JUAN GONZÁLEZ ROMERA

Desde el «Cuando calienta el sol aquí en la playa, siento tu cuerpo vibrar cerca de mí», de los hermanos Rigual en los años sesenta; pasando por el «Cuando llega el calor los chicos se enamoran», que Sonia y Selena nos hicieron bailar en 2001; y llegando al «Quítate la ropa que hace calor, días de playa noches de terror», de Bad Bunny, que cualquier adolescente tiene a día de hoy en su 'playlist', la cultura popular se ha encargado de recordarnos la íntima relación que existe entre la llegada del verano y la llamada del amor.

Quizá espoleados por el aumento de las temperaturas y el descenso de las obligaciones laborales y estudiantiles, nuestro ánimo se encuentra más predispuesto a la búsqueda y el encuentro de nuestro 'amor de verano'.

Mayor es esta predisposición cuanto más cercana es la edad a la adolescencia, esa época convulsa en la que diversos factores hacen que todo se viva con una intensidad, en algunos casos, desmedida. Y es por esta intensidad emocional por la que, en ocasiones, las decisiones que tomamos como adolescentes no son las más idóneas para el adecuado crecimiento personal dentro del ámbito de la sexualidad y la erótica.

Y aunque recordando a mi yo de los 16 años no albergo demasiadas esperanzas de que ante la multitud de actividades estimulantes que en estos días se le presentan a chicos y chicas de esas edades opten por leer estas líneas, que no se diga que no hemos intentado dar cierta luz a algunos conceptos y creencias que la cultura popular anteriormente citada ha introducido de manera incorrecta en el pensamiento colectivo. Vamos a hablar de 'la primera vez'. O para ser más exactos, de 'las primeras veces'.

Cuando hablamos de 'la primera vez' se nos viene automáticamente a la cabeza el concepto 'perder la virginidad'. Pero ¿qué es perder la virginidad? Culturalmente tenemos asociada esta idea a la primera relación con penetración vaginal, lo cual provoca situaciones cuando menos curiosas.

Si en una clase de 4º ESO preguntasemos a las chicas cuál es su mayor miedo a la hora de mantener una relación erótica con penetración vaginal, su respuesta sería con toda probabilidad «quedarme embarazada» (con sus corolarios «¡A ver cómo se lo cuento a mis padres! ¡Me matan!»). Si realizas la misma pregunta a sus compañeros varones, la respuesta será «dejar a mi pareja embarazada». Sin embargo, vivimos en una sociedad coitocentrista, obsesionada con esta práctica como único final deseable y a tomar en consideración para cualquier interacción erótica en pareja. No hay más que ver las noticias que aparecen en medios de comunicación para encontrarnos con el concepto «relaciones sexuales completas» o, en lenguaje coloquial, 'llegar hasta el final', lo que implica, por eliminación, que cualquier relación que no culmine con la anhelada penetración es incompleta o inconclusa.

Una de las consecuencias que derivan de esta asimilación del coito como única práctica válida y con entidad por sí misma es que nuestros jóvenes y adolescentes viven obsesionados con realizar una práctica erótica que a la vez que anhelan, temen. Esta curiosa dualidad hace complicado que disfruten de la misma. ¿Cómo es posible disfrutar haciendo algo que consideras que puede derivar en una consecuencia grave? Complicado, claro está.

¿Por qué ocurre esto? Porque en muchas ocasiones nos saltamos pasos intermedios. Queremos correr antes de andar porque le hemos quitado importancia a gatear, ponerse en pie y dar los primeros pasos (absurdo si lo pensamos sobre un bebé aprendiendo a andar, pero completamente integrado en nuestro pensamiento si hablamos de primeras experiencias eróticas).

¿Y cuáles son estos pasos intermedios que muchas veces obviamos (o al menos minusvaloramos) en la erótica? Pues los mal llamados 'prolegómenos', que englobarían besos, caricias, petting, masturbación mutua, sexo oral y cualquier interacción que resulte satisfactoria y placentera a ambos miembros de la pareja. Todas estas acciones tienen una entidad y personalidad propia. Debemos dejar de tratarlos como «pasos previos y necesarios para llegar a meta lo antes posible», ya que de esta manera contribuimos a debilitar estas conductas para continuar reforzando el coito como único objetivo de cualquier relación erótica, acelerando un proceso en el que se debería invertir cierto tiempo (mayor o menor en función de las características de cada individuo). Los 'prolegómenos' no son el artista invitado que toca antes del concierto de la gran estrella.

Todas esas conductas eróticas contribuyen tanto al conocimiento y crecimiento personal y erótico de cada persona, ayudándonos a entender qué nos gusta, qué no nos gusta, cómo nos gusta y cómo no nos gusta, y a la creación de un clima de intimidad, confianza y complicidad entre los miembros de la pareja que bien podría acabar desembocando en la práctica del coito. O no. Porque en ningún caso debe ser el coito el objetivo final de la interacción erótica, sino el disfrute y el goce de la propia relación. La relación erótica es en sí misma un fin, no un medio para llegar a ninguna parte.

¿Qué consejos os damos desde estas líneas como resumen? (Además de hidrataros y no hacer ejercicio en las horas centrales del día).

Concentraos en disfrutar del camino, os lleve a donde os lleve. Disfrutad de todas y cada una de las distintas virginidades que se pueden perder (el primer beso, la primera caricia…) sin querer pasar de puntillas por ellas en busca de un logro mayor que, sin un autoconocimiento y un conocimiento de la pareja previo, puede ser decepcionante. Recordad que la erótica es rica y diversa y que 'follar' no es sólo el coito.

Estad seguros de lo que queréis hacer y de que estáis con una persona con quien queréis hacerlo. Y si en algún momento dejas de estar cómodo o cómoda en cualquier situación, parad. No tenéis que cumplir las expectativas de nadie que no seáis vosotras y vosotros mismos. Comunicaos con confianza con vuestra pareja en lo relativo a vuestros sentimientos y vivencias y sed empáticos y respetuosos con sus emociones y sensaciones.

No tengáis prisa por hacer nada. Cada persona tiene su ritmo en función de múltiples factores. Forzar las situaciones sin estar convencidos de lo que hacemos no augura buenos resultados en ninguna situación, tampoco en la erótica. Cuando estéis preparados o preparadas, lo sabréis. Si tenéis muchas dudas o la situación os está creando malestar o ansiedad, es bastante probable que aún no sea el momento.

Tomad precauciones. Tanto de cara a la prevención de embarazos no planificados como de cara a las infecciones de transmisión genital (más conocidas popularmente como enfermedades de transmisión sexual, ETS). Si tenéis alguna duda, contactad con un profesional (los sexólogos estamos para eso).

Tratad de que la experiencia sea satisfactoria y placentera. La primera vez que nos adentramos en lo desconocido, los nervios y los miedos nos condicionan. Si hablamos de las primeras experiencias en lo relativo a la erótica, tan envueltas de mística, mitos y leyendas, más aún. Probablemente no salga como lo habíais imaginado, pero se trata de que nos deje un recuerdo agradable. Que cuando recordéis esa primera experiencia, se dibuje una sonrisa en vuestra boca y no una mueca de desaprobación. Al fin y al cabo, nadie quiere repetir experiencias desagradables ¿no?

hola@xatsexologia.es