Diez años sin afectados humanos en la región cierran la crisis de las 'vacas locas'

Pruebas a vacas sacrificadas en 2001. /Bernardo Corral
Pruebas a vacas sacrificadas en 2001. / Bernardo Corral

La desaparición de animales enfermos y la vigilancia de mataderos descartan nuevos casos

Ana Santiago
ANA SANTIAGO

No imposible pero sí muy improbable. Diez años sin ningún caso de la variante humana de las 'vacas locas' permite descartar, desde luego como esperables, nuevos afectados dado que un decenio es el tiempo que tarda en desarrollarse la enfermedad y el contagio de estos últimos tuvo que ser mucho antes además. Si en estos años no ha habido ninguno nuevo, es muy difícil que aparezcan en el futuro, aunque desde la transmisión de tan grave patología neurológica a la aparición de una manifestación clínica podrían incluso alcanzarse los 20 años, algunos autores así lo defienden, pero sería raro. Así lo estiman los expertos.

Además, los humanos afectados en España responden en principio a los de las vacas enfermas de antes del año 2001. La práctica desaparición de ganado contaminado y los exhaustivos controles en mataderos y la vigilancia de la sanidad animal apuntan en la misma dirección de fin definitivo de una de las mayores crisis alimentarias del mundo. Pero en este terreno nunca hay nada seguro, no existe riesgo cero «porque además no depende solo de lo que se haga en España, del cumplimiento de medidas y controles, sino también en otros países que fueron o pueden volver a ser foco». El doctor José María Eiros Bouza, actual jefe de Microbiología del Río Hortega de Valladolid y el que fuera director del Centro de Nacional de Microbiología de Madrid en plena época de 'vacas locas' explica que esta patología «sigue siendo letal y sin tratamiento. Tan solo el paliativo cuando una persona la sufre y su evolución es muy rápida, suelen morir en un año».

En Salamanca y León

España registró cinco casos humanos de aquel llamado entonces mal de las 'vacas locas'. Tres de ellos fueron de Castilla y León -una mujer de Salamanca y una madre y su hijo de la localidad leonesa de Villoria de Órbigo, la única agrupación familiar- y todos se concentraron entre 2005 y 2008. El primer caso en el país había sido diagnosticado en 2005 en Madrid, a una mujer de 26 años, y el último, también en 2008, fue de Cantabria. Todos los españoles fallecidos por esta variedad de la Creutzfeldt-Jakob (ECJ) se relacionaron con los hábitos alimentarios de vísceras y partes del cerebro y no habían viajado al Reino Unido, punto de origen y lugar de mayor extensión de la carne contaminada. El consumo se presumía, por lo tanto, dentro del país. Los fuertes controles en mataderos y crianza del ganado se establecieron en el año 2001. La mayor parte de las vacas afectadas habían nacido entre 1994 y 1999 y como son unos diez años los que tarda la enfermedad en desarrollarse, los humanos afectados consumieron presumiblemente carne de vacas enfermas de antes del 2001.

¿Aparecerán nuevos casos de la variante humana? «No es esperable mientras no se relajen las medidas. Puede haber casos aislados, incluso venir del consumo de entonces pero es muy difícil porque los periodos máximos de los que se habla son de 20 años y han pasado muchos desde que llegaba esta carne al mercado. La UE ha supuesto un adelanto en el ajuste de los protocolos y en consensuarlo y las obligaciones a la hora de controlarlo. Si persisten las medidas, no debería haber nuevos casos», destaca Eiros. Este microbiólogo añade, no obstante, que supuestamente «ahora todavía podrían quedar casos, que ven los neurólogos, enfermedades neurodegenerativas que si no haces necropsias no sabes bien qué ocurre».

Además de la variante humana de las 'vacas locas', hay otras encefalopatías espongiformes propias del ser humano, no transmitidas.

Este especialista explica que «muchas de las enseñanzas que tenemos de este tipo de enfermedades vienen de las encefalopatías espongiformes bovinas y animales que, en definitiva, lo único que traducen es una alteración del sistema nervioso de los animales con una alteración del comportamiento. Y en el ser humano hay tres grandes tipos de modalidades: Unas que son agudas pero con un desarrollo con el tiempo y otras que, a su vez, se desglosan en dos, que tienen un componente agregativo, uno familiar y el otro desconocido». De manera paralela, en los últimos 20 años «se ha avanzado en diagnóstico y actualmente los criterios para el mismo pasan por conjuntar cuatro hechos: Alteraciones en las pruebas de imagen, en las resonancias; establecer determinadas proteínas; analizar los tejidos de cadáveres de personas fallecidas por esta causa y, cuarto, ver la respuesta inmunitaria a la infección». Y ¿Qué sabemos? , se pregunta el doctor Eiros, «pues que la dinámica es desigual y no entendemos la causa de que, en algunas comunidades autónomas, como por ejemplo en el País Vasco, haya más casos que en el resto».

Repasa asimismo, los avances en España en estos últimos 20 años con respecto a estas enfermedades poco conocidas hasta que llegó a escena el mal de las 'vacas locas'. «Se ha creado un Centro Nacional de Referencia en Majadahonda que, con el de Epidemiología, hacen seguimiento de casos, hay medidas importantes en la cadena alimentaria, trazabilidad... Bien; pero ¿cuál es el drama?, pues que algunas enfermedades que tardan mucho en desarrollar clínica, síntomas, son consecuencia de los priones y debiéramos desarrollar métodos de detección precoz, fármacos bloqueantes y vacuna. Pero seguimos sin entender lo que es el prión, ese es el problema. Son muchos los retos todavía en medicina para tratar este tipo de enfermedades neurológicas. Es enfermedad zoonótica, que pueden transmitir los animales; pero el hombre también la puede tener 'per se'. Y además se puede infectar al entrar un prión en la cadena alimentaria. El paso de priones desde especies animales al hombre fue facilitado por falta de control en la distribución de productos animales, en el pienso de harinas», explica.

«Junto a los antibióticos y las vacunas, el control de las encefalopatías espongiformes es una prioridad para la OMS en los objetivos de 2050», añade.

Y ¿qué es un prión?

«Los priones son formas alteradas de proteínas que han perdido su función y que se transforman en otra para la que no están creadas. Es una alteración conformacional, la proteína cambia de forma. Pero además hay factores del huésped que condicionan si se desarrolla o no, depende de la persona. Hay preguntas básicas en virología todavía... no se conoce bien y habría que hacer un estudio sistemático de las demencias y de los cuadros de deterioro rápidos. Acotar protocolos. Ver cómo replican y cómo aparecen», destaca.

La investigación de las encefalopatías sigue viva, «hay grupos muy potentes trabajando en ello. Prueba del dinamismo que este campo suscita es que, cada día, hay tres trabajos nuevos publicados en el mundo al respecto. En la Biblioteca Nacional del Instituto de Salud Americano hay 18.300 referencias», concluye Eiros.

 

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